La ciudadanía venezolana permanece en alerta ante el riesgo de nuevos movimientos telúricos, luego del doblete sísmico y las réplicas de menor intensidad registradas en varias regiones. Para dar tranquilidad y explicar qué sucede en el suelo del país, la especialista aclara las dudas más comunes, analiza el comportamiento tras estos eventos y pide mantener la calma.
Caracas. Con más de 1400 réplicas registradas en tan solo 646 horas, según la a Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), y el suelo en constante movimiento, la tranquilidad parece inalcanzable tras el doble terremoto del 24 de junio pasado.
Cada día se suman nuevos reportes de otros eventos de distinta intensidad como recordatorio de que el suelo aún se mueve. Mientras miles de familias habitan entre estructuras agrietadas y el pánico se propaga en redes sociales, la ciencia aporta claridad frente a la incertidumbre.
Un doblete sísmico ocurre cuando dos terremotos de magnitud similar se desencadenan en una misma región y en una ventana de tiempo muy corta, lo que duplica la energía liberada y complican la lectura de los patrones de reajuste en la corteza terrestre.
A la par que la tierra se reacomoda, las redes sociales se saturan de rumores infundados, mitos y especulaciones disparatadas que exacerban el miedo y la inquietud colectiva.
En esta primera entrega, la geóloga Luiraima Salazar explica en entrevista para Crónica Uno la compleja red de fallas del subsuelo venezolano y revela por qué no todo temblor reciente debe catalogarse como réplica. Además, aclara lo esencial sobre la sismicidad en Venezuela tras los sismos de hace 48 días.

— Recientemente se han reportado temblores de distinta intensidad en varias regiones del país. ¿Qué está pasando en el subsuelo venezolano a más de 40 días de los terremotos?
— Lo que observamos a más de 40 días del terremoto del 24 de junio de 2026 es una combinación de varios procesos. En primer lugar, continúa el reajuste de la corteza en el corredor directamente afectado por la ruptura que, según la última actualización del US Geological Survey y centros internacionales, fue interpretada como un doblete.

Un evento de esa magnitud modifica el campo de esfuerzos en un área extensa, por lo que es esperable que continúen registrándose réplicas y pequeños reajustes durante semanas, meses, e incluso hasta durante un año.
A eso se suma que Venezuela no posee una sola falla ni una sola zona sísmica. La deformación entre las placas Caribe y Sudamericana se distribuye entre varios sistemas.
— ¿Cuáles son estos sistemas y qué impacto tienen en la actividad sísmica?
—El primero es el sistema de Boconó, luego está el sistema Oca-Ancón, luego San Sebastián, La Victoria y El Pilar. Además de muchas fallas secundarias que también tienen efecto en este escenario.
Por esta razón, no todo sismo registrado el 24 de junio pertenece a una misma secuencia sísmica. Por ejemplo, en el centro norte costero del país algunos de esos eventos son espacialmente compatibles con estos reajustes.

Sin embargo, en el occidente y en el oriente del país estamos observando actividad sísmica propia de las estructuras que ya eran sísmicamente activas antes y, por supuesto, después del 24 de junio. En síntesis, el país no se está fracturando de extremo a extremo ni estamos frente a algo extraordinario. Observamos la respuesta de un territorio tectónicamente activo después de una ruptura tan importante como la que ocurrió el 24 de junio.
— ¿Por qué no todos los sismos pueden interpretarse como réplicas? ¿En qué se diferencia uno del otro?
—No todo sismo ocurrido luego del 24 de junio puede ser considerado una réplica. Para ser una réplica, debe existir una relación espacial, temporal y tectónica con la ruptura principal.
Las réplicas por lo general suelen localizarse dentro o cerca de la zona afectada. Son generalmente menores al sismo principal y responden al reajuste de los bloques y de la redistribución de esfuerzos. Su frecuencia también tiende a disminuir con el tiempo.

En cambio, algunos sismos registrados en regiones alejadas, como por ejemplo Güiria, Irapa, hacia Trinidad, e incluso hacia la zona de Machiques, pueden corresponder a actividad propia de las fallas asociadas.
Incluso también se pueden generar enjambres sísmicos caracterizados por varios eventos concentrados, pero donde no resalta un sismo principal dominante. Es por ello que la fecha y la cercanía temporal no bastan para determinar si un evento es una réplica.
— En relación al concepto de activación inducida o triggering y la conexión entre distintas regiones, ¿un temblor en el centro del país puede provocar o desencadenar sismos en el oriente o el occidente de Venezuela?
—Sí existe esa posibilidad, porque puede existir primero un proceso de transferencia y, por otro lado, un proceso físico llamado activación sísmica inducida o triggering, mediante el cual un terremoto puede modificar temporal o permanentemente las condiciones de esfuerzos en otras fallas.
Sin embargo, debemos utilizar este término con cautela para no convertir una posibilidad científica en una afirmación sin evidencia.


Prevención ante el pánico
La calma frente a la inestabilidad geológica solo se construye sobre la base del conocimiento veraz. Por eso, la investigación rigurosa y el monitoreo constante son las únicas herramientas fiables para anticipar riesgos.
Comprender la naturaleza tectónica del territorio venezolano y reconocer que el reacomodo de las capas subterráneas exige tiempo constituye el primer paso para desactivar el pánico colectivo, enfatiza la experta.
En la siguiente entrega, la geóloga Luiraima Salazar profundiza en los mecanismos físicos de la activación inducida de fallas, la evaluación técnica de estructuras vulnerables y las herramientas clave de prevención ciudadana para afrontar este proceso de reajuste terrestre.
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