Zulianos buscan ganarse el pan mientras soportan la pesada cruz de los apagones

pesada cruz

Douglas Molero, vendedor de chupetas, tiene el lado izquierdo del cuerpo casi paralizado, no cree que protestar por los malos servicios en el Zulia sirva para algo. Junto a su esposa come una sola vez día cuando termina su jornada y llega en la tarde a su casa. «Cada quien tiene su cruz, pero la diferencia es que ahora los zulianos compartimos una sola, que además pesa mucho».

Maracaibo. Un grupo de zulianos se concentró en la avenida Las Delicias con prolongación Circunvalación 2 para protestar contra las fallas eléctricas y de agua potable en Maracaibo, el fin de semana pasado. Las consignas se mezclaban con las cornetas de la concurrida arteria vial ubicada al norte de la ciudad, mientras tanto, Douglas Molero de 57 años de edad, aprovechaba la luz roja del semáforo o algún intento de los manifestantes de cerrar la vía para vender chupetas. Es una de las tantas personas que soportan la pesada cruz de los apagones.

Con una temperatura de casi 40 grados, el calor era insoportable, sin embargo, el hombre con el lado izquierdo del cuerpo casi inmóvil, se acercaba silenciosamente a los vehículos con un cartel colgado en el pecho que anunciaba el precio de la golosina: «1.500».

Se tomó un momento para descansar en una acera y soltó:

Es difícil la situación. Estoy aquí agarrando sol para sobrevivir, mientras esa gente (los manifestantes) protestan y protestan. Ellos no sufren lo que yo sufro y se quejan. ¿Cómo sería si estuvieran como yo? Estas protestas no sirven de nada, eso no mejora nada, esto se jodió.

Douglas sufrió un accidente cerebrovascular hace 15 años, condición que lo obligó a dejar la albañilería, oficio en que se desempeñó desde joven, según cuenta. Desde entonces quedó «postrado en una silla» durante años y cuando quiso retomar su oficio «ya no había trabajo, además quedé fregado, no era mucho lo que podía hacer».

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Douglas Molero tienen el lado izquierdo del cuerpo casi paralizado. Foto: José Núñez.

Para Molero resultó imposible costear su tratamiento lo que con el paso de los años ha empeorado su salud. «El viejo de las chupetas», como es conocido en la zona, decidió hace tres meses viajar una hora en tráfico desde el sector Las Tuberías, donde vive con su esposa Berta, hasta Las Delicias para ganarse el pan. Y a quien se le hace más difícil soportar la pesada cruz de los apagones.

«Una vecina que viaja para Colombia me regala las chupetas. Aquí vendo dos paquetes diarios y le hago 72.000 bolívares, con eso compro pellejos, arroz o espaguetis que es lo que más rinde y para lo que me alcanza. Eso es lo que comemos mi esposa y yo. No tenemos quien nos ayude, yo no tuve hijos nunca«.

Douglas y Berta prueban bocado solo una vez al día, por la tarde cuando el hombre llega a casa. «Ya no puedo más. Le pido a Dios que me ayude, porque ya no vale de nada vivir así».

Junto a él dos hombres más venden artículos en la avenida. Uno de ellos aguacates, el otro porfiados (muñecos inflables) este último dijo: «Mi esposa está embarazada, aquí largo la vaina para que mi hijo nazca bien». En el otro extremo seis vendedores más engrosan la lista de los vendedores informales que cada vez son más en Maracaibo.

Seis meses sin ver luz

Recientemente el Zulia cumplió seis meses en penumbra. Desde el pasado 7 de marzo, cuando se registró el primer apagón general que afectó toda la geografía nacional, el estado petrolero de Venezuela continúa inmerso en la crisis eléctrica debido a los planes de racionamiento que se aplicaron desde esa fecha para estabilizar el Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

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En Zulia sus habitantes están en una constante lucha, explica Douglas mientras se refresca del incesante calor. «Cada quien tiene su cruz, pero la diferencia es que ahora los zulianos compartimos una sola, que además pesa mucho, porque nos hemos convertido en sobrevivientes, prácticamente en animales, porque ya no es solo la luz, es todo lo demás, todo falla».


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