El cierre de empresas como consecuencia de la cuarentena obligatoria y las fallas persistentes en los servicios, sumado a la difícil situación económica que padecen los zulianos, lleva a las familias marabinas a recurrir a la cacería de animales silvestres para poder ingerir proteínas.

Maracaibo. El rastro negativo que ha dejado la pandemia por COVID-19 ha golpeado significativamente el estómago de los venezolanos y, en el caso del Zulia, se suman los saqueos del año 2019 durante el apagón general de Venezuela que dieron un duro golpe a la economía regional con 460 establecimientos afectados. Esta difícil situación ha obligado a algunos zulianos a cazar animales silvestres para poder comer algo de proteínas.

Hoy la cuarentena mantiene cerradas 90 % de las empresas del estado. De acuerdo con la Cámara de Comercio del Zulia, esto es sinónimo de “escasez de alimentos y pérdida del poder adquisitivo”, lo que ha obligado a las personas más empobrecidas a buscar alternativas, en algunos casos desesperadas, para poder alimentarse. Zulia ocupa el primer lugar con 2706 casos positivos de COVID-19 de un total de 14.929 que han sido confirmados en el país hasta el sábado 25 de julio.

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Cierre de empresas ha incidido en la pérdida del poder adquisitivo de los marabinos. Foto: José Núñez.

Para la nutricionista Angelin Urdaneta la familia venezolana en promedio come dos veces al día solo carbohidratos. “La caza de animales silvestres se ha visto más en este tiempo, hemos retrocedido en los años para buscar el sustento. Estamos frente a una situación crítica que nos ha llevado a ciertos extremos por tener acceso a la proteína animal”.

La falta de nutrientes proteicos ha llevado a 70 % de la población a la desnutrición en el Zulia. La Encovi 2020, encuesta elaborada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, revela que el ingreso promedio diario de los venezolanos es de apenas $0,72. La situación ha derivado en menor consumo de alimentos: 79,3 % de la población del pais no tiene cómo cubrir la canasta alimentaria.

El estudio elaborado por la UCAB, entre noviembre de 2019 y marzo de 2020, indica que los hogares consumen menos de 2000 kilocalorías por comida al día y que la ingesta es muy por debajo de lo requerido.

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Julio Ávila se ha dedicado durante 15 años al transporte público en Maracaibo, pero se quedó sin trabajo al inicio de la cuarentena estricta obligatoria impuesta en la entidad, por ser uno de los estados con mayor número de casos positivos de COVID-19.

El chofer, de 45 años de edad habitante del sector Las Mercedes, al oeste de la ciudad, dijo que no dudó dos veces en ir con dos hermanos, tres primos y dos sobrinos a cazar animales silvestres por primera vez y así “resolver el salado de la semana”.

Mi esposa, mis tres hijos y yo teníamos tres días comiendo bollos de harina con mantequilla una vez al día, agregó.

Con angustia relató que se vio “obligado” a salir a cazar para darle sustento a su familia. “Primero no había gasolina, pero uno salía a trabajar, al menos para la comida, pero con esta enfermedad a los primeros que nos mandaron para la casa fue a los transportistas”.

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Comer animales silvestres aporta algunas de las proteínas necesarias. Foto: Cortesía

La Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia (Codhez) destacó que en los municipios Cabimas, Lagunillas, Mara, Maracaibo y San Francisco el consumo de cereales como: pasta, pan, arroz, harinas de maíz o trigo alcanzó 96 %. Comer solo una vez o no comer nada durante todo el día es una situación que se presenta al menos una vez a la semana en 46 % de hogares.

Víctor Rujano, abogado ambientalista, afirmó que la crisis económica ha causado que la práctica de la cacería indiscriminada de animales se eleve en zonas vulnerables de la ciudad, como una “necesidad” para proveer a la familia. Precisó que la Ley Penal del Ambiente, en su última modificación de 2012, tipifica como delito la caza y pesca de ejemplares de fauna de acuerdo con el artículo 77 y se establece una pena de 3 a 5 años de prisión con multa de 3000 a 5000 unidades tributarias.

Rujano explicó que estos casos son procesados por las fiscalías municipales del ambiente, pero como es un delito considerado “menos grave” por el Código Procesal Penal, a los infractores les dan alguna medida de presentación periódica al tribunal o cumplimiento de servicio comunitario pagar la pena.

Mientras el Estado no tenga medidas que ataquen la causa del problema, las personas se van a ver obligadas a buscar la supervivencia que es más fuerte que respetar una norma, denunció.

Infringir la ley es lo que menos le preocupa a Julio, aun cuando es consciente de que la cacería de animales silvestres es un delito. Para él prevalece la alimentación de su familia. Cuenta que se fueron en un camión cisterna propiedad de un pariente, para una finca en el municipio Mara donde “un amigo” les dio permiso de cazar por seis días.

Tuvimos que traer todo encaletado para que no lo vieran en las alcabalas, le pusimos leña para despistar los sacos de carne porque si nos agarran con eso nos meten presos. Sabemos que es un delito, pero no podemos dejar que se nos mueran los hijos de hambre.

Cazaron lapa, picure, cachicamo, yaguasa –especie de ave–, iguana y conejos. Casi 30 kilos de carne que se repartieron en cuatro familias.

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El consumo de proteína animal debe estar presente en cada comida. Este requerimiento varía de acuerdo con la edad, actividad física y la talla y la ingesta debe estar en un rango de 0,8 a un gramo de proteína por peso corporal. Para un adulto sería un promedio de 40 gramos al día.

Ávila reconoció que su familia solo había comido carne una vez desde enero. “Generalmente comemos arroz con queso, granos, mortadela o salchicha colombiana. Hacemos guisos con verdura o mantequilla”.

Admitió que la cacería no es una práctica agradable y está buscando otras formas de ingreso; sin embargo, estaría dispuesto a hacerlo otra vez si fuera necesario. “Es lamentable, que nosotros en plena ciudad tengamos que recurrir a estas cosas para comer”, concluyó.

Aumenta el hambre

Anthony González es un joven de 19 años de edad, habitante del norte de Maracaibo. Vive con sus tres hermanos menores y su madre, empleada de aseo de un centro comercial. Hace un mes fue despedida por la cuarentena. Dijo a Crónica.Uno que poner comida en la mesa “cada vez es más difícil”.

Antes comíamos tres veces al día, aunque fuera poco, ahora solo una vez. Por eso me voy para el monte, cerca del lago de Maracaibo a cazar palomitas con una honda, y eso es lo que comemos, al menos dos veces a la semana, porque es difícil estar a punta de arepa y pasta con mantequilla. Nos da mucho mareo”.

La doctora Urdaneta alertó sobre los altos índices de desnutrición en el Zulia. “Según mis estadísticas no hay accesibilidad de los jefes de familia para llevar alimentos a sus hogares que permitan tener una nutrición óptima. La desnutrición está por encima de 70 % de la población. Los más comprometidos son los niños y adultos mayores”.

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A más de 100 días de haberse decretado el estado de alarma en todo el país, Codhez reiteró la urgencia de “un plan estratégico que dé respuesta inmediata y eficiente a la inseguridad alimentaria, con particular atención a las especificidades de las poblaciones más vulnerables”.

El más reciente informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación la Agricultura (FAO), difundido el 13 de julio señala que en 2019 en el Caribe y América latina el hambre afectó a 47,7 millones de personas y proyectan que para 2030 la cifra podría llegar a 67 millones de personas, y eso sin tomar en cuenta la pandemia de la COVID-19.

“En América del Sur, el aumento en la desnutrición observada en los últimos años es impulsado principalmente por la situación en Venezuela donde la prevalencia de desnutrición aumentó de 2,5 % en 2010-2012 a 31,4 % en el período de entre 2017-2019”, se lee en el informe.

Por otra parte, los especialistas que elaboraron la Encovi advierten que Venezuela es el país más pobre de América Latina y el segundo más desigual después de Brasil.


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