Trabajar es imposible y movilizarse también, ni hablar de comprar una medicina o comida, mucho menos programar alguna actividad que pueda considerarse normal en cualquier lugar. Los apagones se instalaron en el Zulia.

Caracas. Invivible, crítico, insoportable, inhumano, así califica el marabino la situación de perenne oscuridad a la que lo tiene sometido el Gobierno a través de las constantes fallas del servicio eléctrico.

Recorrer cualquier calle de Maracaibo, o del estado Zulia  en general, es tropezarse con ojeras y caras largas por noches enteras sin dormir debido al intenso calor que no permite pegar un ojo y que no puede refrescarse con ventiladores o aires acondicionados debido a la falta de electricidad.

Trabajar es imposible y movilizarse también, ni hablar de comprar una medicina o comida, o mucho menos programar alguna actividad que pueda considerarse normal en cualquier lugar.

Mariela Nava, corresponsal de Crónica.Uno en el estado Zulia, vive en carne propia lo que deben ser sus pautas periodísticas. Dos fallas diarias, cada una de mínimo cuatro horas, que llegan a prolongarse hasta por seis, ocho o doce horas. Ya no sabemos, perdemos la cuenta y la noción del tiempo, indica mientras trata de pasar por correo una nota.

Nava no encuentra adjetivos para calificar el infierno que les toca vivir. Cuenta que en general las fallas se producen a cualquier hora del día, de la noche o de la madrugada, lo que los mantiene en una especie de animación suspendida.

Lo que vivimos aquí con los cortes eléctricos es demasiado grave. No hay Internet, no he podido recargar el teléfono, ahorita estoy pegada al wifi de un vecino, que tiene una operadora distinta a Cantv. Al día puede haber hasta 12 bajones de corriente. Esto es un desastre. Ya hoy [viernes] volvieron a quitar la electricidad, pero esta vez fue temprano y fueron ocho horas, dice Nava. Previo a las ocho horas sin electricidad del viernes venían de pasar la noche sin luz.

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En general, la mayoría de los vecinos de la ciudad mantienen sus aparatos desconectados, pues no quieren correr el riesgo de que se les sigan quemando con los bajones; por lo que, haya o no electricidad, las neveras están apagadas.

No hay una casa a la que mínimo se le haya quemado un bombillo, por decir lo menos, pero es común conseguirse con gente que ya no tiene televisores, aires acondicionados o nevera porque en un “bajón de luz” se les dañó.

En condiciones infrahumanas

La falta de electricidad genera condiciones que devuelven al estado Zulia a los años 30 con los problemas del 2018.

A la ya estructural falta de transporte se agrega el caos que provocan los apagones, con semáforos que quedaron para adornar las calles y la oscuridad que incrementa la inseguridad.

Las dificultades de movilización se incrementan debido a que no hay posibilidad de colocarle combustible a los vehículos debido a que las estaciones de servicio no pueden funcionar.

Otra calamidad que deben aguantar los zulianos contempla la falta de agua porque no funcionan las plantas potabilizadoras, ni las que bombean agua a los distintos sectores de la ciudad.

Asimismo, el desespero se apodera de la gente que no puede adquirir alimentos debido a la falta de puntos de venta y efectivo.

Esto sin contar el incremento, sin precedentes, en los precios de los alimentos. La apreciación de la población es que la hiperinflación en Zulia está muy por encima de la que se registra en el resto del país.

Frente a un mercado, una vecina, que no pudo comprar nada, indica que el kilogramo de tomate supera los 5 millones de bolívares, por ejemplo.

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En el oeste de Maracaibo los comerciantes reportan pérdidas de hasta 50 % de los alimentos perecederos que no pueden ser almacenados de forma adecuada. Al primer apagón del día bajan la santamaría porque saben que la falta de electricidad se prolongará como mínimo seis horas.

En zonas como los municipios Jesús Enrique Lossada y San Francisco han pasado hasta dos días continuos sin electricidad, sin telefonía móvil, sin Cantv y como dicen algunos habitantes del lugar “casi que sin vida”.

Así como las casas, los hospitales y escuelas no se salvan. En los hospitales públicos las plantas eléctricas fallan o no existen, mientras que en algunas clínicas estas no aguantan los prolongados apagones.

Racionamiento perenne

Para los zulianos, que llevan meses viviendo entre apagones constantes, las declaraciones del presidente de Corpoelec, Luis Motta Dominguez, son una más entre las burlas de las que son objeto desde el gobierno, tanto regional como central.

El racionamiento anunciado el martes pasado contempla cortes de hasta un máximo de cuatro horas, con todo, la realidad es otra.

Corpoelec segmentó la entidad zuliana en cuatro bloques (A, B, C y D), por parroquias, 91 circuitos y sectores. Al grupo A le correspondía el corte del servicio de 11:00 a. m.  a 3:00 p. m.; al B, de 11:00 p. m. a 3:00 a. m. El C permanecería sin energía de 3:00 p. m. a 7:00 p. m. y el D estaba fijado de 7:00 p. m.  a 11:00 p. m., para el lunes.

Luego del anuncio del racionamiento el ministro dijo: Estamos en crisis. Por eso es que se llama crisis. ¿Se acuerdan de Guri? ¿Ustedes [periodistas] creen que esa gente que trabaja allá o yo queremos que ustedes sufran eso? Estamos haciendo lo humanamente posible para solventar la problemática en el sector, dijo Motta Domínguez en declaración a los medios.

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Agregó que el racionamiento eléctrico, que se aplica en estados como el Zulia, puede durar hasta 12 horas, dependiendo de la urgencia, pero lo importante es que el pueblo realmente sepa acerca del racionamiento y se cumpla.

El video de las declaraciones del ministro se hizo viral y generó rechazo en la entidad.

Esta semana se registraron varias manifestaciones en la capital zuliana en protesta por las fallas continuas del sistema eléctrico. Sin embargo, estas no tuvieron eco en el Gobierno.

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