A casi 40 días del doble terremoto del 24 de junio, los voluntarios y parientes de las víctimas persisten entre los escombros del estado que sufrió mayores daños, con la intención de rescatar los cuerpos de sus seres queridos.
La Guaira. Casi 40 días después del doblete sísmico aún los familiares cavan entre los escombros, ya no buscan sobrevivientes sino despedidas.
En edificios donde el olor de la descomposición se mezcla con el polvo del concreto pulverizado, los voluntarios descienden por túneles improvisados, atraviesan estructuras inestables y remueven escombros con la me de recuperar un cuerpo y entregarlo a sus familiares.

En el edificio El Caribe, en Caraballeda, el ingeniero Luis Felipe Urbaneja observa el enorme bloque de concreto inclinado, donde antes vivían al menos 1200 personas.
Desde hace semanas todos lo conocen como el “topo de Maturín”, un apodo ganado a fuerza de excavar durante horas entre espacios donde apenas cabe una persona. Ha recuperado 52 cadáveres.

Mientras habla señala distintos puntos del edificio. Explica cómo cuatro pisos cedieron durante el terremoto y provocaron que toda la estructura se desplazara hacia un costado, mientras las residencias vecinas sirvieron como una especie de soporte que evitó un colapso total.

“Muchos creen que esto puede caerse en cualquier momento, pero técnicamente no necesariamente ocurrirá. Lo que no queremos es que lo demuelan todavía porque sabemos que aún quedan personas aquí”, dijo.

La fe del topo
Las estructuras han cambiado completamente durante el último mes debido al uso permanente de rotomartillos, cinceles y equipos de demolición manual.

Ahora trabajan con otro ritmo. Ya no existe la presión de encontrar personas con vida, como los primeros días después del doblete sísmico del 24 de junio, que afectó a siete estados de Venezuela, principalmente a La Guaira.

Luis Felipe es ingeniero y vive en Maturín. Pero después del terremoto no pudo permanecer en casa, lloraba cada vez que veía las imágenes de la devastación. Sentía que debía hacer algo. Su inspiración nació de la fe y luego de observar que otras personas viajaban desde distintos lugares del país para ayudar.
“Dios me abrió las puertas. Vine con un grupo de 20 médicos. Ellos ya regresaron, pero yo decidí quedarme. No me voy hasta terminar”.

Buscan a su hermana
Muy cerca del edificio donde trabaja Luis Felipe otro grupo sigue su búsqueda sin descanso. Jenny Medina llegó desde Barinas junto con su hermano Pablo. Buscan a Norelbys, su hermana. Cuando ocurrió el terremoto ella atendía un pequeño negocio ubicado en la planta baja.


Durante semanas abrieron varios túneles bajo la guía de distintas hipótesis sobre el recorrido que pudo hacer mientras intentaba escapar. “Pensamos que logró correr hacia esta zona y por eso seguimos cavando aquí”.
Los hermanos no tienen maquinaria, como la mayoría usan palas, barras metálicas y la ayuda de otros voluntarios.


A diferencia de otros túneles que se abren desde la parte superior, ellos cavan desde el lateral y el túnel gira a la izquierda. El suelo ahí es frío porque no le da la luz solar.
Mientras avanzaba entre las placas fracturadas, Jenny contó que nunca ha sentido miedo.
“Cuando buscas a un familiar desaparece el miedo. Lo único que quieres es encontrarlo para darle descanso”. Su madre y una sobrina fueron rescatadas con vida.

Sin esperar nada
En Playa Grande José Gregorio Ochoa, integrante del grupo Perros de Guerra Venezuela trabajó en el edificio Belo Horizonte. Junto con su equipo logró rescatar a 12 personas en tres días.
Recordó que madre le ofreció $3000 para que la ayudara a rescatar a su hijo, de 10 años de edad, quien quedó atrapado bajo varias placas de concreto, una nevera y una reja metálica.
“Yo solo le dije que esto no lo hacemos por dinero. Lo hacemos porque cualquiera de nosotros podría estar en esa misma situación”.

A José Gregorio se le murió un primo durante los terremotos, una tía y dos primas, que vivían en la OPP-20, un urbanismo de la Misión Vivienda Venezuela.
“Esa fue la razón por la que decidí quedarme aquí. Así como otros ayudaron a rescatar a mi familia, yo también tenía que ayudar a rescatar a la de los demás. Dios no me hizo para quedarme viendo cómo otros sufren”.

