Bandas delictivas deciden quién puede y quién no transitar por su territorio, y si alguien rompe sus reglas, lo cobran con un asesinato. Así ocurrió con Gleiber Ramos, de 15 años, quien estudiaba en un liceo ubicado en una “zona prohibida” por los antisociales.

Caracas. Quienes no tienen más remedio que vivir en La Dolorita, en Petare, deben ajustar su horario al hampa. Las horas de entrada y salida de casa no deben coincidir para evitar que los miembros de las bandas delictivas “les monten el ojo” y les roben la moto, por ejemplo, o que su vivienda corra riesgo.

Las riñas entre los delincuentes de un sector y otro también son manejadas por los vecinos, quienes tratan de pasar desapercibidos de las miradas de los antisociales, hasta el pasado viernes 23 de marzo cuando un adolescente inocente fue asesinado por estas disputas.

Gleiber José Ramos Castro, de 15 años, salía del liceo Francisco Isnardi a las 2:00 p. m. y fue sorprendido por una balacera que iniciaron dos hombres en contra del grupo de menores de edad, porque algunos no vivían ahí y a ellos les dio por decidir quién puede y quién no, pisar su zona.

Otro compañero de Gleiber, también adolescente, se encuentra herido y su estado de salud es delicado, pues una de las balas impactó en su corazón. Tampoco vivía en esa zona.

Esta situación no es nueva en La Dolorita, pero se agudizó hace aproximadamente dos meses cuando presuntos delincuentes de la zona de Ciudad Mariche, donde vivía Gleiber, mataron a otro del sector donde quedaba su liceo. Por este motivo, la banda rival tomó venganza contra quien caminara por su territorio y no viviera ahí.

Vivir en La Dolorita, vivir en Petare, es una zozobra. Ahí los delincuentes son los que manejan todo, nadie puede denunciar, muchas veces matan a alguien, la familia sabe quién fue y le dicen a la policía que ellos no saben, solo porque tienen miedo de los malandros, contó un habitante, quien por medidas de seguridad pidió mantener su nombre en anonimato.

El temor es tal, que los mismos vecinos se acusan entre sí, si observan que alguno está hablando con la policía. Después amenazan o matan a esa persona porque dijo algo a la policía y otro vecino lo acusó. Ahí la gente vive con miedo y así no se puede vivir, eso es horrible.

La familia de Gleiber tiene este mismo temor. Evitaron conversar acerca de la zozobra que viven, pues les angustia que regresen a matar a algún otro miembro de la familia, por ejemplo, a los tres hermanos menores de la víctima que quedan vivos.

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Después de esto me mudo de ese barrio, no podemos seguir viviendo ahí, esto no es vida. Solo quienes viven en La Dolorita saben el miedo que se puede sentir, es muy fuerte, comentó un pariente del adolescente.

Gleiber no guardaba ningún tipo de relación con las bandas rivales, solo estudiaba en ese liceo que era el más cercano a su casa.

De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) en 2017, 90 % de los homicidios fueron por armas de fuego y 60 % de las víctimas tenían entre 12 y 29 años.

Vecinos contaron que los miembros de estas bandas, en su mayoría, son todos muy jóvenes e incluso hay adolescentes entre ellos. El OVV hizo referencia a esta situación en su informe anual, ya que según sus estadísticas, 61 % de los victimarios tenían entre 12 y 29 años y 98 % eran hombres.

Hoy fue él pero estoy seguro que si eso sigue así, mañana va a ser el hijo de otros vecinos de allá. Cuidado si en 15 días no matan a otro muchacho por lo mismo, porque caminó por ahí, hasta que eso no se acabe será así, añadió un allegado a la familia.

 Foto: Archivo



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