Tras el doblete sísmico la urgencia de adquirir un aparato ortopédico para los sobrevivientes con amputaciones que necesitan reincorporarse a la vida cotidiana choca con la precariedad institucional. Los centros hospitalarios carecen de insumos y de la infraestructura necesaria para asumir la fabricación o adaptación de prótesis a gran escala.

Caracas. Para cientos de personas que sobrevivieron al doblete sísmico del 24 de junio pasado en el centro-norte de Venezuela, con epicentro cerca de San Felipe y graves estragos en Caracas y La Guaira, el horror no terminó cuando la tierra dejó de moverse.

Luego de pasar horas o días tapiados bajo toneladas de concreto, ahora se enfrentan a un nuevo desafío: el de adaptarse a la vida con la pérdida de una o varias de sus extremidades.

Entre los testimonios recopilados por Crónica Uno, sobrevivientes relataron cómo tras permanecer atrapados bajo los escombros despertaron en una cama de hospital debiendo afrontar la amputación de sus extremidades como la única alternativa para salvar sus vidas. Empezar desde cero con una amputación mientras se asimila el trauma de una catástrofe natural significa un duelo complejo y doloroso.

Cifras manejadas por médicos en las zonas de desastre e iniciativas independientes dimensionan la magnitud del problema a un mes de los terremotos que causaron más 5400 muertes y alrededor de 17.00 heridos, hasta esta publicación, según el conteo oficial presentado por las autoridades parlamentarias.

Datos de la Fundación Juan Pablo Dos Santos, iniciativa independiente que impulsa una campaña para brindar atención protésica, la colocación y adaptación de aparatos artificiales para sustituir órganos o partes del cuerpo, proyectan que entre 100 y 200 personas sufrieron amputaciones como consecuencia del doblete sísmico.

Casi cuatro de cada diez afectados son niños, niñas y adolescentes, 40 % de la totalidad de víctimas registradas con esta condición. A esa cifra se suma la cantidad de pacientes que permanecen en lista de espera.

Registros de la misma organización contabilizan unas 400 nuevas solicitudes de prótesis y rehabilitación tras la tragedia. Esta alta demanda rebasa un mercado local donde un dispositivo básico cuesta al menos 2500 dólares, una suma inalcanzable para la mayoría de las familias venezolanas.

Hospitales rebasados por la demanda

En la red pública de salud, la urgencia de adquirir un aparato ortopédico para reincorporarse a la vida cotidiana choca con la precariedad institucional. Los centros hospitalarios carecen de insumos y de la infraestructura necesaria para asumir la fabricación o adaptación de prótesis a gran escala. Tampoco logran cubrir la totalidad del proceso de rehabilitación que requiere la población amputada.

Los datos de la Encuesta Nacional de Hospitales revelan que el desabastecimiento de material quirúrgico supera el 74 % en los centros de salud más grandes del país.

Otras cifras del sector apuntan a que solo entre dos y cuatro de cada diez quirófanos estaban operativos antes de la tragedia, una realidad que frena el tratamiento oportuno y la recuperación de las víctimas.

Ante la falta de una respuesta estatal o de un pronunciamiento oficial actualizado del Ministerio de Salud sobre planes masivos de ortesis, aparatos externos que corrigen o facilitan la función de miembros dañados, la asistencia recae en voluntarios, ONG y activistas de la comunidad con discapacidad. Estos actores articulan esfuerzos para canalizar donaciones, brindar acompañamiento emocional y promover espacios de fisioterapia.

Las víctimas que quedan atrapadas bajo toneladas de escombros enfrentan un peligro creciente a partir de las 4 o 6 horas de compresión: la posible pérdida de una extremidad o una necrosis irreversible. Este daño obedece al síndrome de aplastamiento, que genera isquemia, corte del riego sanguíneo y, con ello, la muerte de los tejidos.

El día después de sobrevivir

Tras la pérdida de una o varias extremidades, arranca un arduo camino de varias fases para los sobrevivientes. El traumatólogo ortopedista Rafael Arcia explicó que las lesiones provocadas por catástrofes como los terremotos ocurren en su mayoría por aplastamiento en miembros inferiores y superiores.

Esta situación compromete la estructura ósea, el aparato locomotor, los vasos sanguíneos y las conexiones nerviosas del afectado.

Por esa razón, tras el rescate, los pacientes ingresan a una primera etapa médica. Esta fase está orientada a salvar la vida y preservar la mayor cantidad de tejido. No obstante, cuando la amputación resulta inevitable por la gravedad de los daños vasculares o nerviosos, la atención avanza hacia una segunda fase.

En este tramo del proceso, el equipo médico verifica la ausencia de infecciones y da inicio a la remodelación y adecuación del muñón, como se llama popularmente al extremo cicatrizado del miembro amputado que sirve de base para sostener la prótesis.

Esta intervención resulta fundamental para garantizar la estabilidad de la zona afectada y preparar al paciente antes de la colocación de un dispositivo ortopédico, añadió el especialista.

La barrera de los costos y la escasez

Sin embargo, el camino para obtener una prótesis en Venezuela representa una carrera de obstáculos económicos, burocráticos y emocionales. Rebeca Estefano, coordinadora de investigación del Centro de Estudios para la Discapacidad de la Universidad Monteávila y directora de la ONG Ser Inclusivo, calificó esta travesía como un proceso fraccionado y complejo.

La investigadora señaló que adquirir un aparato ortopédico no se compara con la compra de un insumo médico genérico. El dispositivo requiere especificaciones técnicas según la edad, la fisionomía, las actividades cotidianas del paciente y el nivel de amputación.

El reto se triplica en el caso de la población infantil. Una prótesis para niños exige modificaciones y reemplazos constantes debido al desarrollo biológico, una condición que multiplica los costos financieros y el esfuerzo logístico familiar.

La escasez de técnicos protesistas certificados, especialistas capacitados para diseñar y moldear estos dispositivos, y las trabas para importar componentes especializados agravan el panorama, en especial tras el abrupto aumento de la demanda luego de los sismos.

De acuerdo con presupuestos de laboratorios ortopédicos privados y empresas especializadas, el costo de una prótesis básica por debajo de la rodilla parte desde los 1800 dólares.

En tanto, una opción articulada o de tecnología avanzada puede superar los 8000 dólares. Frente a un salario mínimo oficial de 130 bolívares, menos de un dólar al mes, y un ingreso integral que depende de bonos, una familia venezolana promedio requeriría décadas de ingresos íntegros para financiar el modelo protésico más económico del mercado.

“Para una persona amputada, la prótesis constituye una extensión del cuerpo que devuelve autonomía e independencia para el desenvolvimiento cotidiano. La falta de acceso a estos dispositivos limita el derecho a una vida plena”, enfatizó Estefano.

Alianzas frente a la crisis

Previo a la entrega del dispositivo, la etapa preprotésica exige cuidados rigurosos. Esta fase abarca el modelado del muñón, el fortalecimiento muscular, la atención de la piel y el manejo del dolor en el miembro fantasma.

Esto se caracteriza por la sensación de molestia o dolor proveniente de la parte del cuerpo que ya ha sido extirpada. Sin una rehabilitación adecuada durante esta etapa, el uso posterior de la prótesis resulta inútil.

En los centros públicos de rehabilitación física la crisis es evidente. Una fuente que prefirió mantener su nombre en anonimato confirmó el desbordamiento en estos espacios. En la mayoría la falta de insumos se suma a los daños estructurales provocados por el doblete sísmico.

La saturación de estas instituciones deja pocas opciones gratuitas a los afectados y expone a los pacientes a complicaciones como infecciones, dolor crónico y cirugías continuas.

“Tenemos espacios de referencia como el Centro de Rehabilitación del Hospital Miguel Pérez Carreño, el Hospital Universitario de Caracas y el Hospital Ortopédico Infantil. Allí intentan atender a los pacientes, pero la escala de la tragedia sobrepasa la capacidad operativa. En las zonas de desastre se llegaron a realizar más de 70 amputaciones en un día”, aseguró.

Respuesta ciudadana

Ante la incapacidad de la red pública de salud, la Fundación Juan Pablo Dos Santos, la Fundación CIREC y el Hospital Ortopédico Infantil articulan esfuerzos a través del Fondo Humanitario 77.

Esta iniciativa busca recaudar dos millones de dólares para entregar prótesis y ofrecer rehabilitación integral a las personas amputadas tras el doble terremoto.

Quienes deseen realizar una donación o registrarse para recibir asistencia pueden ingresar a la plataforma oficial de la alianza a través del portal de la Fundación CIREC.

Para los activistas y especialistas, la consecución de estos recursos representa una vía para devolver la autonomía a las víctimas, en un contexto donde el acceso a un dispositivo ortopédico constituye un derecho humano y no un acto de caridad.

Lea también:

El McDonald’s de Caraballeda: un hospital múltiple con voluntarios que no quieren irse