Fallas en el servicio de agua les puso la vida color de hormiga a los caraqueños (I)

servicio de agua

En estos momentos, 65 % de la población de Caracas no tiene agua. El suministro no llega a las casas, tampoco a las oficinas, mucho menos a las escuelas. Por esa razón hay protestas diarias en urbanizaciones y barriadas. Crónica.Uno recopiló desde el 1° de enero hasta este 22 de marzo —Día Mundial del Agua— 28 acciones vecinales de calle, en reclamo por la escasez de este servicio. Las denuncias fueron reportadas en medios digitales y a través de las redes sociales.

Caracas. En Caracas hay sectores donde la gente tiene años bañándose con tobitos. En Caucagüita, en Filas de Mariche, la Dolorita es una calamidad. El promedio en varias zonas llega a un año sin el servicio.

Del otro lado de la ciudad, en el municipio Libertador hay racionamiento perenne. En Montalbán la quitan desde el miércoles hasta el domingo, igual en la parroquia Coche. En La Candelaria hay urbanizaciones que pueden pasar 15 días cargando agua desde tomas informales, lo mismo en Cotiza, parroquia San José.

Los vecinos almacenan agua hasta en los teteros. No hay envase curvo que se salve de la sequía obligada. Aura Sarmiento, habitante de Altos de Lídice, por ejemplo, solo ha recibido agua por tuberías cuatro veces en un año. ¿Cómo vive con eso? No vive, «sobrevive», su día a día gira en torno a la administración de los tobos. Cada cinco o seis días se lava el cabello. Y no pasa más tiempo, porque tiene el cuero cabelludo graso. Evidentemente, no recuerda lo que es bañarse en una regadera. Su esposo cada dos días carga pimpinas de 25 litros cada una.

Puede caminar hasta un kilómetro para buscar los potes, que luego sube en el hombro o con carretillas hasta su casa. A veces no logra el objetivo y sube menos de 20 litros. Hace mucho que no mete la ropa en la lavadora. Durante la semana, con un tobo restriega dos o tres camisas y la ropa interior. Pero mantener limpios los paños y las sábanas es una proeza.

La higiene es una tarea cuesta arriba, empezando por los baños y los utensilios del hogar. Antes podía tener varios galones de cloro y desinfectante, pero los costos de esos productos los elevaron a la condición de «lujo» ahora.

Aura no es la única. Bertha Cartaya, en El Retiro, lleva 20 días sin agua. No llega del tubo principal y en su sector no ha recibido apoyo de los camiones cisterna. Prácticamente toda el agua que recolecta es para el aseo de sus dos niños. Los botellones los compra a Bs. 2000.

Pero es un tema, hasta las idas al baño se limitan. Con niños es muy difícil controlar eso, ando detrás de ellos a cada rato. Ojalá eso no les afecte en un futuro, dijo con preocupación.

Una crisis sinfín

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El apagón ocurrido el pasado 7 de marzo no es el punto de inicio de la crisis del agua. Claro que, durante ese evento nacional, en el caso de Caracas, todas las parroquias se quedaron con los grifos secos y eso disparó las alarmas.

La gente se movilizó y buscó agua en las montañas, en los tubos rotos, en el embaulado del río Guaire, persiguió a los camiones distribuidores de agua potable y hasta pagó en dólares los 10.000 litros de agua de un camión cisterna.

Cinco días continuos sin agua caldearon los ánimos. Tanto es así, que el Gobierno, administrador de las hidrológicas, comenzó a bombear el servicio al sexto día.

¿La falta de agua iba a calentar las calles? ¿Ayudó el hecho de que la gente se lanzó al río Guaire a buscar los chorritos que salen de las cunetas? Hay un antecedente que agarró mucho espacio en los medios de comunicación: la protesta que a finales de abril de 2018 llevaron a cabo los vecinos que están en los alrededores del Palacio de Miraflores, una zona de seguridad a la que ninguna protesta social o laboral ha podido llegar.

Esa noche del 28 de abril un grupo de vecinos llegó con sus pitos y pancartas ante las narices de Nicolás Maduro. El que menos sufría por agua llevaba al menos cuatro semanas viviendo como camello. Otros dijeron que contaban uno, tres y hasta cuatro meses sin el servicio. Los afectados saltaron las barricadas de seguridad. La guardia nacional medió para bajar los niveles de angustia. Alguno gritó en medio de la manifestación “debe ser que Maduro baja la poceta con un tobo”.

El agua es un derecho humano desde 2010 y así lo estableció la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2010. Todos los ciudadanos deben recibir entre 50 y 100 litros de agua por día y no esperar a tener que cerrar una calle para que al término de unas horas envíen el suministro, tal como ocurrió con los habitantes de los alrededores de Miraflores que, a las cuatro horas, ya tenían llenas las tuberías.

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El ingeniero José María de Viana, quien fue director de Planificación de Recursos Hidráulicos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales Renovables (1981-1983), y presidente de Hidrocapital, dijo que a Caracas entran 5000 litros de agua menos por segundo.

Eso ha sido una constante durante los últimos 20 años en una ciudad que ha tenido un crecimiento abrupto y no planificado. El hecho de que llegue menos agua es porque hay bombas y motores de los Sistemas Tuy que están fuera de servicio, sin contar con que nunca se terminó el Tuy IV —prometido por el fallecido Hugo Chávez para 2010— en el que se pretendía invertir 880 millones de dólares, y que serviría para alimentar (21.000 litros por segundo) al Distrito Capital, Miranda y Vargas.

Y por eso a diario hay protestas en urbanizaciones y barriadas. Crónica.Uno recopiló desde el 1° de enero hasta este 22 de marzo —cuando se celebra el Día Mundial del Agua— 28 acciones vecinales de calle en reclamo por las deficiencias en el servicio. Las denuncias fueron reportadas en medios digitales y a través de las redes sociales.

En estos momentos, 65 % de la población de Caracas no tiene agua, según cifras de Monitor Ciudad. El suministro no llega a las casas, tampoco a las oficinas, mucho menos a las escuelas.

La falta de agua afecta dentro y fuera de los hogares: los estudiantes dejan de asistir a clases porque no pueden lavar los uniformes, los pacientes de diálisis no pueden completar sus ciclos de tratamiento porque los tanques de los hospitales están vacíos, locales que ofrecen servicio de lavado (peluquerías, autolavados) pierden días laborales debido al corte del servicio, entre otros.

Para el 20 de marzo de este año, solo en el municipio Sucre se contabilizaban más de 14 sectores sin agua.

Para el 18 de marzo se produjo una inestabilidad eléctrica en el Tuy III que dejó al 70 % de la capital sin agua.

En Montalbán y El Paraíso desde febrero reciben 1 vez por semana solo 4 horas del servicio. Para esas zonas hay un plan de racionamiento establecido de 84 horas al mes, pero, en efecto, están recibiendo 16 horas.

En la calle la Unidad, barrio Gran Colombia (Los Rosales), cumplieron un año alimentándose con las cisternas; en el sector Los Manguitos, Los Magos, Los Totumos (en Santa Rosalía) tienen siete meses soportando la sequía.

Mientras que en la parte alta y baja de La Cruz y en Mario Briceño de las Brisas de Propatria suman seis meses cargando pipotes.

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Jesús Vásquez, gerente de Procesamiento de Datos de Monitor Ciudad, expresó que llevaron a cabo una evaluación del abastecimiento de agua en Caracas. El estudio se hizo en un mes, con la aplicación de 100 encuestas y arrojó datos como el hecho de que cerca de la mitad de los habitantes recibe entre 4 y 3 días de agua. Este análisis nos permite inferir que Hidrocapital no puede garantizar el servicio a más de 35 % de los habitantes diariamente«.

Otro detalle a destacar es que 40 % de los residentes de la capital afirmaron no recibir los 50 litros de agua diarios. Esto se traduce en el hecho de que el suministro no llega con presión, y el tiempo de envió es por horas, con lo que da chance de medio limpiar el baño y recoger para la cocina.

Según el programa de la ONU-Agua para la Promoción y la Comunicación en el marco del Decenio, el coste del agua no debería superar 3 % de los ingresos de la unidad familiar.

Tanto en Caracas como en el resto del país esto no se cumple. En una zona popular de la parroquia El Valle, si una familia de cuatro personas con ingresos que no superan los Bs. 40.000 al mes tiene que comprar dos botellones de agua en Bs. 4000, o colaborar con Bs. 50.000 para el pago de una cisterna que cuesta Bs. 500.000; debe gastar más del 100 % de su presupuesto solo para tener agua.

Ese gasto lo tiene, según Vásquez, 16 % de la población que se abastece de los camiones cisterna. Otros, un 4 % de la muestra estudiada por Monitor Ciudad, resuelve sus necesidades en los pozos y manantiales.

«El agua es vida», repiten en una cola que se hizo en la avenida Fuerzas Armadas frente a una panadería. A dos semanas de la fuerte sequía —producto del apagón que azotó a los caraqueños— todavía hay quienes reflexionan sobre las consecuencias y valoran este recurso.

Me dio miedo cargar la botella de cinco litros de agua mineral. Me costó Bs. 7000 en medio de la emergencia y la gente me veía cargando esto y sentía lo mismo cuando, en época de escasez de papel higiénico, a uno lo abordaban en la calle para preguntar: ‘¿Dónde compraste eso?’ Con el agua está sucediendo lo mismo«.


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