Detenidos comen auyama sancochada, pan o patas de pollo apenas una o dos veces al día, pues a sus familiares no les alcanza el dinero para cubrir los tres platos diarios.

Caracas. Entre la oscuridad, el mal olor, los insectos y el silencio pasan sus horas. Se turnan para dormir en el piso, sin sábanas ni almohadas. Y así como adoptaron estas formas de convivencia también se acostumbraron a ser solidarios a la hora de comer.

“Aquí pasa hambre el que está dentro y el que está afuera también”, dijo uno de los reos.

La contextura de algunos detenidos ya casi luce como una caricatura de piel sobre el hueso.

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