El cineasta Walter Salles se inspira en la desaparición de Rubens Paiva para contar una drama de un hogar que se sobrepone a la ausencia.

Caracas. En la primera escena Eunice Paiva flota en el mar. Un momento de distensión que es interrumpido por el estruendo de un helicóptero militar que sobrevuela el lugar. Ahí está todo lo que viene.

Fija la mirada en el aparato, que se pierde en el horizonte. Así comienza Aún estoy aquí, la película brasileña de Walter Salles que compite en el Oscar en tres categorías: mejor película, mejor película internacional y mejor actriz.

Fernanda Torres interpreta a una mujer cuya vida cambia cuando desaparece su esposo, el exdiputado federal Rubens Paiva (Selton Mello). Una desaparición forzada en los años setenta, en la época del régimen militar de Brasil. 

Aún estoy aquí
Fernanda Torres ya ganó el Globo de Oro por su papel en Aún estoy aquí

La película es el relato de la intimidad del hogar resquebrajada. La sutileza de un autor al narrar el vacío, el agobio, el tesón y la duda. Las maneras de pasar del hogar de encanto, ese en el que todo parece idílico. Los paseos a la playa, las comilonas en casa, las visitas de los amigos y la música en casa, en esa década esplendorosa de Tom Zé, Gal Costa, Roberto Carlos, Caetano Veloso y Erasmo Carlos. 

Walter Salles logra transmitir la idea de un hogar que mantiene un espacio de coherencia a pesar de lo que poco a poco va sugiriendo la trama, un ambiente sociopolítico alterado por la bota de quienes gobiernan en Brasil. Alcabalas y camiones de militares cruzan los caminos. Y son los jóvenes de la familia quienes empiezan a ver ese mundo más allá del hogar, en el que una dinámica transmite inseguridad. Los padres saben especialmente que una de las muchachas, a punto de entrar en la universidad, se verá impulsada a contestar esa represión. 

Aún estoy aquí
Como decía Heráclito, una persona no se baña dos veces en el mismo río

Algo pasará

Hay detalles que van sumando una tensión en medio de la distensión lograda, el espectador sabe que algo pasará, solo que no sabe cuando. Entonces, todo cambia cuando Aún estoy aquí trastoca su tono, a la angustia de una familia ante un hecho que no comprenden.

Y es que a pesar del ambiente amoroso en el hogar, no había indiferencia ante lo que ocurría alrededor. Tan solo se disimulaba. La clandestinidad en el hogar. La noche para ejecutar. 

Entonces Fernanda Torres exhibe otro registro, el de la despiadada agonía del que busca y no encuentra. Emular una supuesta normalidad mientras la casa se va vaciando. Y los niños en el hogar interpretan cada momento de distintas maneras. 

Las amistades que quedan, los resquicios que pueden servir para continuar. No hay nada que sobre en Aún estoy aquí, largometraje disponible en la cartelera venezolana desde el jueves 6 de febrero de 2025. 

Aún estoy aquí
En Aún estoy aquí, la protagonista será llevada a la oscuridad total del interrogatorio

Belleza y tensión

Es una obra de un autor que respeta el poder de la imagen, no solo en cada toma, sino en el ejercicio de transmitir ese fervor a sus personajes, especialmente esos que descubren el mundo, como la hija que con cámara en mano busca dejar para la posteridad cada momento, desde los días en playa en los que la felicidad parece perenne, hasta el adiós a una casa que fue el universo y todos sus planetas. Un ejercicio lúdico que es atinado. 

Como un explorador de la imagen, el autor respeta los medios, y traslada al espectador a las épocas en sus formatos de grabación y espíritu. 

En Aún estoy aquí hay una sublime persuasión de las miradas, especialmente las de Fernanda Torres, quien da un trabajo que remueve toda emoción en su papel de madre y esposa que busca la verdad, la verdad como único fin en medio del terror, incluso cuando parece que lo peor ha pasado. Su interpretación no puede pasar por alto en los premios Oscar. 

En Aún estoy aquí hay todo un poder en el ímpetu por mantener la unión en el terror

Un hogar que concentra el calvario de tantos en sus épocas, límetes inútiles cuando la vileza luce imparable.

Una película con el agua como elemento de tranquilidad y limpieza. En el mar nada Eunice, quien no volverá a ser la misma en sus próximo vínculos con el agua, una alusión a Heráclito que no se detiene en los siglos.Aún estoyaquí es de esas películas que se agradecen cuando llegan a pantalla. Una región que se encuentra en una obra que luce como una sinfonía en la que convergen los sentimientos que reconocen el mismo origen.

Cada fotograma es una elaboración emocional, de un viaje de emociones que tiene en su segundo acto el vacío para culminar en la tranquilidad del objetivo alcanzado, aunque no necesariamente del dolor reparado por la desaparición. Tan solo la resignación para seguir en una película sobre familia en la que actúa también Fernanda Montenegro, madre de Fernanda Torres.

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