De 11 familias afectadas por la vaguada de 2016 en el municipio Guacara, solo entregaron viviendas en obra gris a siete familias. No cuentan con servicios básicos como electricidad, agua potable y sistema de cloacas. Los “beneficiados” se cuestionan: “¿Esto es una vivienda digna para las familias revolucionarias que han apoyado al presidente Chávez y al presidente Maduro?”.

Valencia. Siete viviendas se entregaron el pasado 8 de enero a los afectados por la vaguada de 2016 que arrasó con 11 casas en el municipio Guacara del estado Carabobo. Durante cuatro años, estas familias vivieron en galpones ubicados en la Zona Industrial Pruinca.

En esa adjudicación hecha por representantes del Ejecutivo de Nicolás Maduro, cuatro familias quedaron por fuera en la cuenta del Banco Nacional de Vivienda y Habitat, Banavih Carabobo. Pero la entrega de viviendas, lejos de convertirse en felicidad, derivó en un trago amargo y decepción para sus “beneficiarios”. Las viviendas están en obra gris, no tienen pocetas en los baños, tampoco ventanas ni puertas. Además carecen de servicios públicos como agua, electricidad y sistema de cloacas.

Las siete viviendas se encuentran en el urbanismo El Samán, sector 12. Yuleisi Peralta, al entrar a su nuevo hogar, y ver las condiciones solo se cuestionó: “¿Esto es lo que merecen las familias revolucionarias, porque los hemos apoyado tanto a nuestro presidente Chávez, como a nuestro presidente Maduro?” 

La mujer detalló que los desalojaron del galpón ubicado en la zona Industrial Pruinca porque los dueños de esos espacios desmantelaron los techos, y el polvillo de asbesto afectó la salud de los 16 niños que residían allí.

La solidaridad venezolana se impone 

Andreína Flores, de 39 años de edad, es docente desde hace 11 años. Tiene un hijo de 15 años de edad. No corrió con la suerte de recibir una vivienda, así fuera sin las condiciones mínimas para habitarla.

Relató que tuvo sentimientos encontrados, alegría porque al menos siete familias recibieron sus viviendas, pero la tristeza se apoderó de ella. No escondió sus lágrimas, más bien se convirtieron en un río. 

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Las casas carecen de los servicios básicos de agua, luz y electricidad, la estructura está a medio terminar / Foto: Cortesía

Sintió decepción, porque durante cuatro años ha luchado para tener una vivienda en donde poder vivir con su hijo.

En el momento que empezaron a ubicar a las familias yo estaba en parte alegre, aun cuando están en obra gris y no tenemos servicios básicos. En la zona estábamos aislados, nos afectaba la salud  por los químicos que nos rodeaban era un gran paso el conseguir estas viviendas, dice.

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Flores sostiene que ahora las cuatro familias que quedaron sin viviendas están en un limbo y el hecho de ser vocera de los afectados no le derivó en el beneficio.

Por formar parte de la vocería de este conjunto de familias pensé en ubicarlos primero a ellos, y, cuando nos dijeron que no había respuesta para todos y que a cuatro familias le tocaba vivir por un tiempo en condición de arrimados, realmente por muchos días lloré, me entristeció, me deprimí. Pensé que no luchamos estos cuatro años para que las familias salieran del refugio y quedarán por fuera, y sin saber por cuánto tiempo será esta condición de espera, relató.

Aseguró que en el apartamento que la acogió, vive la familia adjudicada más otras dos que no recibieron el beneficio. Duermen en el piso, deben buscar agua en otros sectores del urbanismo para el aseo personal y limpieza del hogar. 

Además indicó que en el urbanismo El Samán sector 12, ya no hay más viviendas disponibles, por ello siente que las cuatro familias que no fueron adjudicadas, están a la deriva al no saber cuánto tiempo van a estar en la “condición de arrimados”. 

Las familias a las que Banavih entregó viviendas piden que les den puertas, ventanas y pocetas para al menos equipar las casas con lo mínimo necesario para habitarlas.


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