El comercio de Caracas reabrió con la relativa normalidad pese a los terremotos del 24 de junio pasado, el estado de emergencia y las fallas de conectividad, impulsado por la necesidad de abastecerse. Sin reservas ni margen económico, miles de personas salieron a comprar comida, agua, medicinas y combustible.
Caracas. Ni el peor doblete sísmico registrado en los últimos 100 años en Venezuela este miércoles, 24 de junio, con magnitudes de 7.2 y 7.5 y un saldo nacional que supera el centenar de fallecidos, logró paralizar el motor comercial de Caracas.
A pesar del decreto de emergencia, las réplicas latentes y las severas fallas de conectividad, los ciudadanos demostraron que la necesidad es más fuerte que el trauma: en las calles de la capital, asegurar el sustento y abastecerse de insumos básicos sigue siendo la primera línea de supervivencia.
Esto se debe a que el confinamiento preventivo no es una opción para una población que depende de sus ingresos diarios y cuenta con lo mínimo para subsistir, una realidad financiera que hace imposible acumular suministros para contingencias prolongadas y obliga a los ciudadanos a desafiar la emergencia para conseguir el agua y la comida del día, como corroboro Crónica Uno en un recorrido realizado este jueves, 25 de junio.
Las principales cadenas de supermercados y farmacias abrieron sus puertas bajo un paisaje idéntico: santamarías arriba ,las tradicionales persianas metálicas enrollables que protegen los locales, y colas kilométricas en las entradas, mientras las autoridades locales iniciaban las inspecciones por colapsos parciales de estructuras en zonas como Pinto Salinas.
“Nos vimos obligados a salir. Tenemos mucho miedo por las réplicas que no paran, pero la quincena queda lejos y las reservas en la casa se estaban acabando”, confesó Luna, tras pagar sus productos a las afueras del supermercado Plansuárez de Santa Mónica.
Para resolver el imprevisto que descuadró su presupuesto mensual, tuvo que apelar a la tarjeta de crédito.
“Nadie está preparado para una emergencia así, menos para un temblor de esa magnitud. Afortunadamente los comercios abrieron y pudimos resolver la comida y el agua. Ahora solo queda rezar para que no ocurra más nada; ha sido la sensación más horrible de mi vida”, admitió.
Horarios de contingencia

La cajera que atendió a Luna, quien prefirió reservar su identidad, reveló que la sucursal operará con horario especial. “Trabajaremos jueves y viernes de 7:00 a. m. a 2:00 p. m.”, aunque reconoció que es poco probable cerrar temprano por el flujo incesante de clientes.
Carlos es empleado de una reconocida cadena de farmacias en Los Chaguaramos. Tras el susto por el fuerte movimiento telúrico, un término técnico utilizado para referirse a las sacudidas de la corteza terrestre o temblores, que interrumpió temporalmente los servicios de telefonía e internet, la orden de sus supervisores fue clara: activar el horario de contingencia ,un plan de emergencia diseñado para mantener los servicios esenciales ante situaciones de desastre.
“Por lo general trabajamos en dos turnos de 8:00 a. m. a 8:00 p. p., pero nos advirtieron que la jornada se puede alargar o acortar dependiendo de las réplicas”,
explicó.
La hora de entrada se adelantó a las 7:00 a. m., pero la empresa garantizó el transporte ida y vuelta para el personal.
“Sabemos que es un momento difícil y las farmacias son esenciales. Hoy la gente ha venido a buscar medicamentos, pero también chucherías, refrescos y chocolates; imagino que para bajarse la ansiedad”, afirmó Carlos.

Estaciones de servicio repletas
Aunque la gasolina no es un artículo de primera necesidad, las estaciones de servicio de la capital se abarrotaron de carros y motos con la única misión de salir con el tanque lleno.
Robert, encargado de una bomba de gasolina, dijo que pese al estado de emergencia mencionado por voceros oficiales como el ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, quien confirmó el impacto del sismo en Trujillo, Yaracuy, Carabobo, Miranda, La Guaira y Caracas, el suministro de combustible opera con total normalidad.
“Siempre que pasa un evento extraordinario, lo primero que hace la gente es salir a echar gasolina para movilizarse con tranquilidad. Hoy el flujo de motos y carros ha sido extraordinario, pero lo que más llama la atención es que muchos vienen a surtirse para ayudar en labores de rescate o llevar suministros a las zonas afectadas”, expuso.
Para Rómulo, un motorizado de la zona, disponer del tanque lleno es una garantía de supervivencia en una ciudad históricamente vulnerable a eventos telúricos de gran envergadura.
“En estos momentos hay que tener la moto full, porque uno no sabe si toca salir corriendo a un refugio o a la casa de un familiar si vuelve a temblar. Mucha gente queda incomunicada o no puede salvarse porque no tiene cómo moverse”, opinó.

Trabajar con cautela
Manuel, encargado de un abasto ,un pequeño comercio local enfocado en la venta minorista de víveres diarios, en la parroquia El Valle, considera impensable cerrar el negocio en esta coyuntura, pues la comunidad necesita abastecerse de productos básicos.
“Ayer vine con un amigo ingeniero para chequear el local. Somos afortunados: solo se cayó algo de mercancía al piso, pero la infraestructura está intacta. Hoy abrimos a las 6:00 a. m. y a esa hora ya había gente comprando café, velas, pan, jamón y queso; lo básico para resolver”, manifestó.
Al evaluar el comportamiento de las plataformas de pago, reveló que el pago móvil, un sistema de transferencia bancaria inmediata y masiva a través de teléfonos celulares, y las divisas en efectivo sostienen las transacciones, mientras que los puntos de venta presentan fallas intermitentes, particularmente con las tarjetas del Banco de Venezuela debido a las caídas generalizadas de conectividad que afectaron a la Gran Caracas.
“El pago móvil no ha fallado y la gente también usa los dólares en efectivo que guarda para estas contingencias”, destacó Manuel, quien percibe que los caraqueños dejaron el miedo en casa para asegurar el sustento de los próximos días antes de volver a resguardarse.
Al caer la tarde, el paisaje de la capital continuaba marcado por la incertidumbre de las réplicas y la precariedad de los servicios públicos de telecomunicaciones. Mientras los organismos de rescate mantienen el monitoreo en las estructuras civiles afectadas, la jornada comercial cierra como una demostración de la realidad local: en una Caracas golpeada por la naturaleza y la urgencia financiera, la necesidad de subsistir mañana siempre termina imponiéndose al trauma del día de hoy.
Lea también:
Vecinos heridos y desolados se refugian en plazas tras terremotos que dejaron 13 muertos en Carabobo

