Fue jueza de paz durante décadas en la urbanización Alberto Ravell, ubicada en la parroquia El Valle. «Cuando llegó la revolución todo nuestro trabajo se vino abajo». Sin embargo, insistió en la organización y trató, junto con un equipo de vecinos, de solucionar conflictos y resolver los problemas de la comunidad.

Caracas. La urbanización Alberto Ravell, ubicada en la parroquia El Valle, recibió la visita de embajadores europeos y asiáticos. Y todo por ser un ejemplo de organización vecinal. Carmen Aporte, junto con una veintena de vecinos, se lleva parte de ese reconocimiento y es porque ella creyó en la participación como base fundamental para el cambio.

Se hizo líder en una comunidad de corte popular que era visitada por reinas de belleza. «Nos convertirnos en modelo, casi en un patrimonio de la ciudad. La forma de organización de los 17 bloques permitió vivir con calidad».

Estaban comenzando los 80 cuando ella llegó de San Felipe a Caracas. «Hoy me siento más Ravell que de otro lado», dice con orgullo.

Carmen se formó como jueza de paz. Pudo mediar en conflictos de convivencia ciudadana e, incluso, era invitada a otras comunidades de la parroquia y de los Altos Mirandinos para solucionar problemas entre vecinos.

Eso era satisfactorio para ella y el equipo de jueces de paz. Y más allá de garantizar la armonía, también procuró mejoras en los espacios.

«Todo eso lo logramos con el empuje de Alonso Becerra, él no se casó porque siempre se dedicó a la urbanización, las 24 horas del día, trabajó en pro de los vecinos. Tanto hizo que nos dieron el premio de la Vivienda, de la Fundación Mendoza», señala con un aire de humildad y de reconocimiento a la lucha compartida.

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La Corporación Andina de Comercio los visitó mucho antes de la llegada del fallecido Hugo Chávez. También los chinos y japoneses fueron a conocer la gestión administrativa de esta urbanización fundada en 1961. Las embajadas de Alemania, España e Inglaterra también se interesaron en el trabajo de estos líderes comunitarios y aprobaron proyectos para su desarrollo. «Hasta unos teléfonos nos dieron».

Pero ¿en qué colaboró Aponte, que hoy en día la hace un referente social?

Participó en la consolidación de la convivencia vecinal con el juzgado de paz; en la construcción de un cine para la comunidad, de bodegas, de salones de usos, de parques; en el mejoramiento de las fachadas y de los servicios públicos y en la creación de una institución para niños con problemas de conducta.

En la Ravell, como llaman a esta urbanización, no faltaba un bombillo. No había basura, no se dejaba a un adolescente a su suerte.

Obviamente, no todo lo que brillaba era oro en esos 17 bloques. Siempre había uno que otro vecino que pasaba la raya amarilla. «Sin embargo, se lograba la cooperación. Luego, llegaron los chavistas y nos quitaron los espacios. Desmantelaron el cine, se apoderaron del salón de usos múltiples y, con ellos, se perdieron algunos proyectos. También los beneficios y los buenos servicios. Nos decían que por escuálidos».

Con el tiempo el juzgado fue cerrando sus puertas. Pero varios líderes, como Aponte, no decayeron en su lucha. Siguen trabajando como hormigas pese a la desidia y la dejadez gubernamental que igual les cayó encima.

Casi un año el conjunto residencial estuvo sin alumbrado público. Llamadas y reportes a Corpoelec sobraron de parte de Aponte, sumadas a las de otros vecinos. Hasta que el pasado 3 de febrero fue una cuadrilla a reparar el daño.

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«Eso en democracia no pasaba. Se podían hacer cosas y tener calidad de vida. Creo que aún se pueden lograr mejoras, estoy ganada y convencida. Para ello, hay que motivar a la juventud, deben participar y tener sentido de pertenencia para lograr un cambio. No me imagino en otro lado, soy más Ravell ahora«, repitió Carmen Aponte, vecina y luchadora social, gente buena y referente de la urbanización Alberto Ravell, conformada por 416 apartamentos y que hoy se resiste a perder las bases de la convivencia como herramienta para el desarrollo.


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