Mientras los comercios y las entidades gubernamentales indexan tarifas, multas y productos a la tasa cambiaria más alta (el euro), los salarios y bonificaciones del sector formal siguen calculados en base al dólar BCV, lo cual merma el poder adquisitivo de la población.
Caracas. El tipo de cambio oficial, regulado por el Banco Central de Venezuela (BCV), rompió una nueva barrera este jueves, 18 de junio, al ubicarse en Bs. 602,33 por dólar. El euro siguió una tendencia similar y registró una tasa de Bs. 698,22.
En lo que va de 2026 el bolívar acumula una devaluación de 99,86 % frente a la divisa estadounidense y de 95,09 % ante la moneda europea. Este escenario pulveriza el poder adquisitivo de los venezolanos en una economía con precios fuertemente dolarizados.
Tan solo en los primeros 18 días de junio el dólar oficial escaló Bs. 47,91 (un alza de 8,6 %), mientras que el euro aumentó Bs. 52,55, lo que representa un incremento de 8,1 %.

Comercios adoptan el euro como referencia
Crónica Uno constató, durante un recorrido en diversas zonas comerciales de Caracas, que cada vez más comercios utilizan la tasa oficial del euro del BCV para fijar sus precios y aprovechan que supera por Bs. 95,89 a la del dólar.
Isabella Pérez, abogada de libre ejercicio, declaró que sus ingresos ya no rinden igual, lo que la obligó a fijar sus honorarios profesionales en euros ante la amplia diferencia cambiaria.
“El único sitio donde siguen cobrando a dólar BCV es en los grandes supermercados, las cadenas de farmacias o tiendas por departamento. Si vas a una charcutería, tienda de ropa o zapatería, te cobran a tasa euro. La única manera de ganarle algo al sistema es pagando las compras en dólares en efectivo”, dijo.
Pérez aseguró que el consumidor es el principal perjudicado, ya que la mayoría de las empresas públicas y privadas calculan los salarios y bonos en base al dólar y no al euro.
“Lo ideal sería que sueldos, pensiones y bonos se indexaran al euro. Además, el propio sector público cobra trámites, multas e impuestos municipales con la tasa de más alta denominación; para ellos es un negocio redondo”.

«Ya es inviable cobrar a dólar BCV»
El encargado de un abasto en una zona popular de Caracas, quien prefirió reservar su identidad por medidas de seguridad, explicó que cambiaron su estructura de costos al euro desde marzo debido a las pérdidas operativas.
“Tenemos meses calculando precios en euros porque cobrar a dólar BCV es inviable. Los proveedores cobran en dólares y, cuando intentamos comprarlos en la banca, la tasa real oscila entre Bs. 650 y Bs. 700, si es que hay disponibilidad. Cobrando a dólar oficial ya salíamos perdiendo”.
Los comerciantes también deben lidiar con la escasez de divisas en los canales oficiales, lo que los empuja a acudir a los mercados alternativos. “Cuando no hay divisas en los bancos, nos toca comprar en el paralelo o en plataformas como Binance, donde el dólar ya supera los Bs. 800. No es fácil mantener un negocio bajo estas condiciones”.
El comerciante aclaró que la tasa del euro es de curso legal en el país y pidió comprensión a los usuarios. “Mucha gente se molesta, pero el cobro en euros está permitido. Nosotros también atravesamos dificultades y ajustamos las estructuras de costos para poder sobrevivir”.

Los efectos de la brecha cambiaria
Desde mediados de 2024 la brecha cambiaria se ha consolidado como el mayor desafío financiero y el eje operativo de las empresas en Venezuela, según el economista Asdrúbal Oliveros.
“En economías con distorsiones persistentes, la rentabilidad depende de navegar ese diferencial sin diluir el capital de trabajo”, .
afirma el director de Ecoanalítica.
Oliveros advierte que una brecha elevada obliga a las empresas a operar a la defensiva para resguardar sus inventarios y costos. Por el contrario, un escenario con un diferencial más manejable desplaza las prioridades comerciales.
“La estructura de precios deja de ser de mera protección y el crecimiento vuelve a depender de la competitividad y la propuesta de valor en un mercado más exigente”.
Para el analista, prepararse para un entorno con menor brecha cambiaria exige revisar prácticas que se han vuelto costumbre, como la indexación automática a las distorsiones, el uso de inventarios como cobertura y la tolerancia a altos costos en divisas.
“A medida que el diferencial se reduce, estas configuraciones dejan de ser neutrales y afectan directamente la competitividad de la empresa”, concluyó.
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