A través de planes alimenticios personalizados y educación a las familias, en el Centro Ponte Poronte han atendido a más de 3000 niños con desnutrición severa y moderada, y a 800 mujeres embarazadas y lactantes.
Caracas. “¿Comes a las horas correctas? Vamos a pesarte”, le dijo la doctora Lysber Guerra a Isabella, una adolescente que llegó tímidamente al consultorio del Centro de Nutrición Ponte Poronte, para verificar si siguió las indicaciones previas.
En febrero de 2025 le diagnosticaron desnutrición severa a Isabella, de 14 años de edad. Según su padre, Pedro Barrueta, la adolescente presentaba debilidad extrema debido a hábitos alimenticios erráticos y la ausencia de meriendas nutritivas.
“Me sentía muy débil, sin ánimo de hacer nada y con sueño siempre. En educación física había ejercicios que no podía hacer porque no tenía fuerza en los brazos”,
contó Isabella.

La nutricionista diseñó un plan integral, que incluye horarios fijos de comidas, suplementos vitamínicos y hierro. Tras dos meses Isabella aumentó cuatro kilos y pasó de desnutrición severa a moderada.
Romper una mala cultura
En otra consulta la nutricionista María Fernanda Aldana evaluó a Alejandro, de ocho años de edad, con riesgo de desnutrición.

Tras analizar sus hábitos alimenticios se detectó que consumía chucherías en lugar de alimentos saludables. La respuesta fue inmediata: lactovisoy preparado con cambur dos veces al día y suplementos vitamínicos.
El problema va más allá de casos individuales. Según el estudio Estado Mundial de la Infancia 2019 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), casi dos de cada tres niños entre seis meses y dos años no reciben alimentos adecuados para un crecimiento saludable.


“Hay una cultura alimentaria precaria. Muchos padres optan por ofrecer a sus hijos chucherías como meriendas, en lugar de frutas, lo que puede contribuir al desarrollo de la desnutrición infantil”,
advirtió.
En Ponte Poronte guían a las madres y padres con programas educativos sobre cómo elaborar comidas equilibradas con recursos accesibles. “Les enseñamos a preparar comidas equilibradas con los alimentos que tienen a su alcance”.
Una iniciativa desde 2021
Esta iniciativa nació en 2021 gracias a Katherine Martínez, abogada y directora de la organización Prepara Familia. En 2017 médicos del hospital J. M. de los Ríos enfrentaban, frustrados, la falta de suplementos para tratar casos de desnutrición.

“Nos manifestaban la frustración de indicar cambios en la dieta de los niños porque las familias no podían implementarlos por la falta de acceso a proteínas”,
explicó Martínez.
En 2020 Katherine se alió con varias organizaciones para crear Ponte Poronte y diseñaron un protocolo con el objetivo de que en 14 semanas los niños recibieran acompañamiento y suplementos según sus requerimientos.
Así surgió Ponte Poronte, un espacio donde niños de 0 a 14 años reciben atención gratuita y mujeres embarazadas o lactantes encuentran apoyo.
Martínez añadió que en enero de 2021 abrieron sus puertas en un espacio físico, donde también se brinda consultoría a mujeres embarazadas y lactantes.

Hasta abril de 2025, con cuatro años de funcionamiento, en el Centro Poonte Poronte han atendido a más de 3000 niños con desnutrición severa y modera, y a 800 mujeres embarazadas y lactantes. Para Martínez todos son como una familia.
Las mujeres lactantes
Sandra Duarte llegó desesperada porque su bebé de un mes no ganaba peso, aprendió la técnica correcta de amamantamiento con la pediatra Luisa Álvarez. Dos meses después, su hija alcanzó el peso ideal.




“Muchos me dicen: ya esa teta no tiene nada; que le dé la otra. Pero yo sé que esa teta tiene y que la grasa alimenta. Estoy feliz de ver cómo mi hija avanzó tanto”,
expresó Sandra.
Para Álvarez, la lactancia materna es mucho más que alimento: ofrece protección inmunológica y desarrolla el coeficiente intelectual. “Dar lactancia exclusiva en los primeros seis meses de vida previene el riesgo de desnutrición infantil”.
En Ponte Poronte, cada historia es un testimonio de lucha y esperanza. Más allá de los números y las estadísticas, este centro nutricional ha logrado algo invaluable: devolver la confianza a familias que veían el futuro con incertidumbre, coincidieron beneficiarios y colaboradores, a través de sus testimonios.
Sin embargo, el verdadero reto está en cambiar hábitos arraigados y garantizar que estas soluciones lleguen a más familias. Mientras tanto, cada kilo ganado por niños como Isabella o el bebé de Sandra marca una victoria en la lucha contra el hambre, aunque el camino por recorrer aún es largo.
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