El Rull la comunidad que se ahoga en el olvido tras desborde del río Zulia (III)

Ranchos de el Rull

Habitantes de El Rull denunciaron que al menos cuatro personas de cada grupo familiar presentan enfermedades en la piel y de tipo gastrointestinal debido a la contaminación del agua por las inundaciones. El ambulatorio, al igual que la escuela de la zona, fueron arrasados por la corriente del río Zulia.

Maracaibo. El río Zulia, violento y devastador, reclamó su cauce natural el pasado abril luego de varios días de intensas lluvias en su cabecera. Su furia llegó hasta la población de El Rull, en el kilómetro 33 de la parroquia Udón Pérez de El Guayabo, acabando no solo con la producción de la zona, sino también con la tranquilidad de 270 familias de bajos recursos.

El llanto brota con facilidad en cualquiera de ellos, la desesperanza y la angustia ante una nueva arremetida del río son los sentimientos de quienes han trabajado por años esta tierra. Para unos, bondadosa, para otros, olvidada en medio de una laguna sin fin.

De Encontrados, capital del municipio Catatumbo, al Rull hay casi dos horas de camino, la mitad solo se puede recorrer en moto, pues su vía de acceso se ha ido desmoronando con tres fracturas importantes a la altura de El Lechosal, Los Límites y Puente Caño El Tigre.

Caminos del Rull
La vía que conduce al Rull tiene tres fracturas importantes a la altura de El Lechosal, Los Límites y Puente Caño El Tigre/Mariela Nava

Para poder entrar y salir del pueblo los lugareños han unido los tramos que el río se llevó con troncos de roble, caoba y verá, según explicó Guillermo Benavidez un habitante de la zona. «El río rompió todas las vías inundando las 75 parcelas que tenemos aquí y anegó la escuela, el ambulatorio y nuestra vida, porque nos quedamos sin nada, aquí lo que hay es calamidad», dijo el hombre.

Luis Carreño, quien tenía una parcela llamada La Esperanza en el mismo sector, confesó que él y su madre, una anciana de 89 años, sobreviven con lo que los vecinos le dan, porque de lo que un día fue el sustento familiar, hoy no queda nada.

Voy a tener que comenzar de cero, las alcantarillas, los estantillos, el alambre, la vía de penetración, todo se acabó. He pasado hasta tres días sin comer, he llorado eternamente porque sé que esto significa borrón y cuenta nueva, me quedé sin nada», lamentó el campesino de 70 años.

Carreño contó que estuvo cuatro noches con sus animales en el camino que va a Casigua El Cubo, a la intemperie, para evitar que la corriente terminara de ahogar el poco ganado que tiene.

Me preocupa que toda la vía está dañada, pasamos con miedo, pero pasamos porque tenemos que salir a buscar qué comer porque aquí no viene nadie, de vez en cuando nos traen una bolsa de comida para un mes, pero eso no alcanza para tanta gente», contó.

«Mis hijas no tienen donde vivir»

Una gran parte de los habitantes de El Rull siguen en el refugio del Gallinazo, otros como Eilin Portillo de 22 años y madre de tres niñas, decidieron volver aunque no tengan condiciones de vida.

«Eso fue lo que me quedó» soltó la joven madre mientras señalaba un rancho de lata al final de un camino de piedra. La fuerza del río se siente al fondo de la humilde vivienda repleta de fango. Dice que estuvo dos meses en el refugio del kilómetro 40 El Gallinazo, decidió volver porque el lugar colapsó de gente. A los 15 días el río la sorprendió de nuevo.

Ahora está a solo una cuadra más arriba en la casa de su cuñado, dice que se siente más segura ahí porque es una casa de bloque, pero la realidad es que la estructura está a punto de ceder porque el movimiento de tierra ha agrietado sus paredes y cuando el río crece, el agua llega hasta la cocina.

Niño enfermo
Al menos cuatro personas de cada grupo familiar de El Rull están enfermos, los niños son los mas vulnerables con erupciones en la piel/Mariela Nava

Eilin recuerda el día que el río le cambió la vida. «Nadie nos ayudó, todos salimos a la carretera con lo que pudimos agarrar, porque es lo más alto que tenemos. En este barrio no quedó nadie», dijo.

Educación y la salud siguen paralizadas

Brenda García es la única enfermera que hay en El Rull, dice que lo hace por vocación. Sutura, baja fiebres, desparasita, brinda primeros auxilios y atiende partos sin cobrar nada, porque está consciente de la importancia de su labor en la comunidad que la vio crecer.

Los niños y adultos son los que se han llevado la peor parte, según cuenta García. «Las enfermedades que más atacan son: vómito, diarrea, hongos en los pies por la constante exposición al agua y sarpullidos en la piel. Por cada grupo familiar de seis personas, cuatro están enfermas. Hay mucho hacinamiento», dijo.

El ambulatorio número uno El Rull quedó devastado. Hace tres meses que está cerrado porque no está apto para trabajar según contó Brenda. «Lo poquito que había se lo llevó el agua. Aquí no hay ni una medicina para el dolor», reveló mientras mostraba las instalaciones.

escuela en el Rull
165 niños de El Rull se quedaron sin escuela por las inundaciones. La Escuela Básica Estadal Udón Pérez perdió libros, mesas, pupitres y el comedor/Mariela Nava

Conmovida, explicó lo que siente al ver las condiciones en las que está su comunidad. «Me da dolor ver a tanta gente enferma. Impotencia, de no tener ni una pastilla que darles porque aquí no hay nada, pero tengo que hacerlo porque si no quien lo hace», reflexionó.

Al lado del ambulatorio está la Escuela Básica Estadal Udón Pérez, con una matrícula de 165 niños, desde primer nivel de educación inicial hasta sexto grado, a cargo de 15 maestros.

Hace tres meses que los niños no van a clases, sus salones se quedaron sin pupitres, sin mesas, no hay salas sanitarias y en el comedor solo quedan ruinas. Naifer Chávez es maestra de esta institución hace 10 años, su rostro se desdibuja mientras recorre los salones.

No sé qué cara poner cuando los niños me preguntan cuándo van a volver, no sé qué decirles», dijo la docente.

En el Rull el sistema educativo a distancia «Cada familia una escuela», fracasó antes de comenzar, porque son muy pocos los padres que tienen teléfono inteligente. Además, los cortes eléctricos se prolongan hasta por 12 horas al día, si tienen suerte solo son seis horas y tampoco hay señal telefónica de ninguna operadora.

Convocar a los niños para recibir clases bajo los árboles tampoco es una opción. «No les puedo dar clase en el patio porque en cualquier momento se mete el río de nuevo, esto es puro barro y cuando menos pensamos salen las culebras, tampoco tienen donde sentarse», dijo.

En el Rull el agua potable no existe, porque los pilotes particulares que tenía cada familia en sus pozos artesanales terminaron contaminados por el río, pero esa es la única opción que tienen, es la que usan para todo en casa.

Para los habitantes de la comunidad lo más triste no es que el río haya inundado todo cuanto pudo, porque dicen que son cosas de la naturaleza que nadie puede controlar y aunque también exigieron al Gobierno Nacional que reparen el muro de contención del kilómetro 43, insisten que lo que más les duele es lo olvidados que están.

«Nadie nos mira porque somos pobres, porque estamos enfermos. Es duro sentir que no vales nada», dijo una ama de casa mientras mostraba un frasco de medicina vencida que les donaron.

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