Comunidades del casco histórico de Cumaná permanecen sumidas entre aguas negras y basura

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Más de 3000 familias se ven afectadas ante el deterioro de la prestación de los servicios públicos en el sector San Francisco de Cumaná. Aguas negras por doquier, falta de suministro de agua potable, más de dos años sin servicio de aseo urbano, sin señal de TV. Estas familias continúan en riesgo por la falta de construcción de un muro de contención.

Cumaná. Vecinos de las comunidades que circundan el casco histórico de la ciudad de Cumaná demandan la atención de las autoridades locales y regionales ante los recurrentes problemas que les aquejan.

Desbordamiento de aguas servidas, botaderos de desechos sólidos y falta de suministro de agua potable, entre otros, son algunos de los problemas con los que lidian más de 3000 familias de las comunidades de San Francisco, El Antillano, Miramar, Mundo Nuevo, calle Urica y El Mirador, entre otras.

Para Mario Avendaño, vecino del San Francisco, es una tragedia que el casco histórico de la ciudad presente una cara tan descuidada. “El hecho de estar en el casco histórico no ha servido de nada”, acotó.

Tenemos un brote de aguas negras desde hace más de dos meses frente a las instalaciones del liceo José Antonio Ramos Sucre. Muy cerca está el centro de Atención Integral CDI de Miramar. Esto se ha convertido en un foco de infección y contaminación que compromete la salud de todos los habitantes del sector”.

Y agregó: “Quienes transitamos por allí todos los días tenemos que soportar olores nauseabundos que irritan nuestra convivencia diaria. Es un olor penetrante que ya se mete en nuestras casas, que dan hasta ganas de vomitar y afecta nuestra permanencia en ellas”.

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Los olores son nauseabundos. Fotos: Mónica Salazar.
Sin agua en medio de la pandemia

Entre tanto, Luis Marcano, otro habitante de la parroquia Santa Inés, denunció la problemática que padecen ante el irregular suministro de agua potable.

Marcano asegura que en los sectores de Miramar, Mundo Nuevo, El Mirador y El Saco, el agua les llega solo en las tardes y eso les imposibilita realizar los quehaceres domésticos diarios. “Es una verdadera calamidad que no tengamos acceso al agua en medio de esta pandemia”.

En esta comunidad existe un tanque de agua que surte a las más de tres mil familias. Los vecinos comentan que a este le falta una bomba y por eso se complica el servicio y la distribución del agua. Advierten que el tanque podría colapsar y representaría el peligro de la inundación de toda la parte baja del sector.

Marcano cuenta que el tanque de agua data desde hace mucho tiempo y la falta de mantenimiento ha incidido en el deterioro de la estructura, por lo cual ha disminuido su capacidad de funcionamiento.

Se ha deteriorado la cúpula del tanque y su base, y ya las paredes presentan filtraciones. La amenaza del colapso de toda la estructura es un peligro latente si no se atiende a tiempo, porque se inundarían los vecinos de Mundo Nuevo, calle Bolívar, El Chispero, El Antillano, Vallecito, y se afectaría hasta el hospital central de Cumaná”.

Ante esta emergencia los vecinos señalan que han solicitado la intervención de Hidrocaribe múltiples veces y hasta ahora su demanda se ha convertido en puras visitas de la empresa a la comunidad, pero sin resolver nada.

Los dirigentes vecinales recuerdan a las autoridades que las fallas del sistema de bombeo de este tanque y el de la calle Urica colapsan todo el sector del casco histórico de la ciudad.

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Desde hace años esperan por la construcción de un muro de contención. Fotos: Mónica Salazar.
Sin señal, pero con botaderos satelitales

Entre tantas necesidades sin respuestas de las instituciones, a las que se han tenido que dirigir los habitantes de las comunidades adyacentes al casco histórico de Cumaná, también se cuentan las reiteradas visitas a la compañía de televisión por cable.

Leonardo Barreto, habitante de la calle Urica, denuncia que ya tienen más de 20 días sin el servicio ni señal.

Aunque nos hemos dirigido a la sede de la empresa y hemos llamado a la oficina matriz en la ciudad se Barquisimeto no hay nadie que responda a la falta del servicio de televisión por suscripción”.

En ese sentido, los vecinos exigen la reposición de la señal porque ellos siguen cancelando un servicio que no disfrutan y, de no resolverse la situación, consideran pertinente que les devuelvan el dinero.

Mientras unos exigen la reposición del cable, otros vecinos reclaman el servicio de la recolección de basura.

Nuvia Fuentes denuncia que el sector de San Francisco tiene más de dos años sin servicio de aseo urbano. Debido a esto los vecinos han tenido que bajar de sus comunidades y depositar los desechos sólidos en los alrededores de la plaza Ribero, en pleno centro del casco histórico. No tienen otra opción.

Fuentes reconoce que la acción de lo vecinos no es la más conveniente, pero reclama que al día de hoy el Instituto de Aseo Urbano no hace su recorrido por el sector después de que tradicionalmente recibían el servicio hasta tres veces por semana.

“Es triste, pero la plaza Ribero se ha convertido en un botadero satelital de desechos sólidos; en lugar de ser un centro para el sano esparcimiento. Hoy es el lugar preferido de alimañas, zancudos y hasta zamuros porque no se está prestando el servicio de aseo urbano en San Francisco”, agregó Fuentes.

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Esperando el muro de contención

En el sector San Francisco están en riesgo nueve familias que ven amenazadas sus vidas ante un posible deslizamiento del cerro Quetepe que bordea sus casas.

Julio Amundarain, vecino y vocero de las familias afectadas, denuncia que el muro de contención es un proyecto que existe pero que los recursos destinados por el Consejo Federal de Gobierno para su ejecución fueron desviados por el consejo comunal y “hasta ahora no ha habido voluntad política de resolver esta emergencia que nos somete a nueve familias al terror de que se desplome el cerro sobre nuestras casas”.

Amundarain refiere que han sido 14 años de lucha en los que estas nueve familias no han recibido ninguna respuesta de alguna autoridad de gobierno para que se aboquen a resolver esta situación que mantiene en incertidumbre a núcleos familiares en los que hay niños y conviven personas con discapacidad.


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