Tras las intensas lluvias del fin de semana, que dejaron un fallecido, cinco desaparecidos y 20 heridos, resurgen los cuestionamientos sobre la ampliación vial de 2015, ejecutada bajo la gestión del entonces ministro Haiman El Troudi. La construcción de grandes pilotes de concreto dentro del cauce del río El Valle alteró el flujo natural del agua y redujo la capacidad de drenaje de la vía.
Caracas. 11 años después del inicio de su construcción, las advertencias de la ingeniería venezolana se cumplen al pie de la letra con cada tormenta. Las intensas precipitaciones del fin de semana ocasionaron la crecida descontrolada del río El Valle, que se desbordó con fuerza y obligó al jefe de Gobierno del Distrito Capital, Nahum Fernández, y a los organismos de rescate a activar todos los protocolos de emergencia.
El saldo oficial entregado por las autoridades confirma la gravedad de los hechos: una persona fallecida, Keylin Quintero, hallada en el sector Santa Lucía; 20 lesionados; cinco desaparecidos y más de 60 automóviles atrapados en la autopista Valle-Coche, donde el agua sorprendió a los conductores sin tiempo para reaccionar.
La tragedia vuelve a señalar directamente a los gigantescos pilotes de concreto instalados dentro del cauce durante la ampliación de 2015, un obstáculo que alteró el flujo natural del agua y dejó a ese sector de la ciudad sin defensas ante el clima.
Los señalamientos apuntan a la obra inaugurada por el entonces ministro de Transporte, Haiman El Troudi, la cual levantó estos pilotes, que son bases o columnas pesadas de soporte, dentro del río El Valle, con los que mermó la capacidad de drenaje, mecanismo que canaliza y evacúa las aguas de lluvia, de la vía ante tormentas severas.

Foto: cortesía Alcaldía de Maracaibo
En diciembre de 2015, el Gobierno presentó esta intervención como la obra pública de mayor envergadura de las últimas cuatro décadas. Lo que fue presentado como solución hoy es visto por los ingenieros como un error fatal.
Con una inversión de 2230 millones de bolívares, el proyecto prometía agilizar el tránsito de 350.000 vehículos mediante un viaducto, o puente elevado diseñado para el paso vehicular, de 3,5 kilómetros entre La Bandera y el distribuidor El Pulpo, además de un acceso hacia Santa Mónica.
Durante el acto inaugural, las autoridades remarcaron con orgullo que la construcción se había completado en tan solo nueve meses. Para ciudadanos y expertos, el orgullo por los nueve meses se desvanece ante el río que cada año se desborda.
Las advertencias que nadie oyó
No obstante, la Sociedad Venezolana de Ingeniería Hidráulica y la Academia Nacional de la Ingeniería denunció en su momento que la obra carecía de estudios de impacto ambiental y de consultas comunitarias.
Los especialistas advirtieron que la obra invirtió el orden lógico al colocar columnas dentro del cauce, el lecho o terreno por donde corren naturalmente las aguas. Pues, el canal debía profundizarse y ampliarse antes de instalar cualquier obstáculo en el flujo del agua.

Pocos meses después, los estragos se hicieron evidentes. Tras las intensas precipitaciones de agosto de 2015, el río El Valle se desbordó e inundó los tramos en construcción y las estaciones Mercado y La Rinconada del Metro de Caracas. A pesar de los llamados del Colegio de Ingenieros para paralizar los trabajos y rediseñar el sistema hidráulico, el Ejecutivo inauguró la vía antes de finalizar ese año.
Hoy, la historia se repite. El paso de la onda tropical 40, un fenómeno meteorológico que produce fuertes lluvias y vientos en su trayectoria, generó angustia en la capital al desbordar ríos y quebradas que afectaron a más de 150 viviendas, especialmente en la cuenca del río El Valle.
Según explicó Fernández, el aumento desmedido en el caudal derivó además en el desbordamiento del río Guaire sobre la autopista.

Tragedia familiar
Pese al despliegue de los cuerpos de socorro, en redes sociales proliferaron imágenes de las avenidas anegadas, o completamente inundadas. También se vio a ciudadanos obligados a montarse en los techos de sus vehículos a la espera de ser rescatados.
Entre las víctimas arrastradas por la corriente figura también el niño Keiber Quintero, hijo de la mujer fallecida, quien aún permanece desaparecido.
En 2018, expertos advirtieron en entrevista con Crónica Uno que el sistema de drenaje superficial de la capital se encontraba en estado crítico. Para esa fecha, al menos 80 % de los sumideros estaban obstruidos por basura y sedimentos, o presentaban fallas que impedían el paso del agua. Esta falta de mantenimiento dejó a la ciudad sin defensas ante los estragos de las tormentas.
Ese déficit volvió a pasar factura el fin de semana. El desbordamiento de las quebradas colapsó la Carretera Panamericana a la altura de Las Minas, paralizando el tráfico durante horas.
La misma historia en cada aguacero
El panorama se repitió en sectores populares como La Vega, Antímano y Petare. De este a oeste de las ciudad las corrientes invadieron viviendas y convirtieron las calles en torrentes de lodo. En la Carretera Vieja Caracas-Los Teques, cerca de 30 familias debieron ser evacuadas ante el riesgo inminente de colapso.
Usuarios en la red social X informaron que diversas “estaciones del metro de Caracas resultaron afectadas por las fuertes lluvias registradas esta noche en el centro del país”. Junto a las denuncias adjuntaron evidencias audiovisuales que se viralizaron.
Mientras eso ocurría en las calles, dentro del sistema Metro de Caracas los pasajeros vieron con horror cómo el agua inundaba las escaleras y las instalaciones en la Línea 3. En la estación Mercado, los usuarios grabaron el momento en que la lluvia bajó como un torrente por las escaleras mecánicas y fijas hasta inundar los andenes.
Las estaciones Coche y La Rinconada también registrarón filtraciones. Por la contingencia se cerraron los accesos peatonales y los pasajeros debieron buscar alternativas de transporte en plena tormenta.
Las fallas estructurales y la falta de mantenimiento prolongan el riesgo en las comunidades caraqueñas. Sin soluciones de fondo, cada temporada de lluvias expone de nuevo la fragilidad de la infraestructura pública frente a los eventos climáticos.

