Los daños que dejó el doble terremoto del 24 de junio en la infraestructura de Termocarabobo reactivaron la emergencia eléctrica en el estado. Con apagones diarios de larga duración, la red pública colapsa mientras la ciudadanía enfrenta un escenario de constante incertidumbre.
Valencia. La tregua eléctrica que vivió Carabobo durante poco más de un mes, tras la recuperación de 600 megavatios en Termocarabobo, se desvaneció tras el doble terremoto del 24 de junio pasado.
Los daños sufridos en la infraestructura forzaron el retorno de severos esquemas de racionamiento que hoy dejan a comunidades enteras hasta 10 horas sin luz, paralizan la atención en centros de salud y someten a los ciudadanos a un estado permanente de incertidumbre en el que ya no se preguntan si cortarán el servicio, sino cuándo regresará.
Previo al temblor, diversas comunidades reportaban suspensiones de dos a tres horas o interrupciones intermitentes de un día por medio. Tras la emergencia, esa relativa normalidad desapareció.
Actualmente, las fallas son más frecuentes y extensas, pues alcanzan hasta tres cortes diarios en ciertos sectores. Los ciudadanos ya no distinguen si las interrupciones obedecen a un esquema de administración de carga, el mecanismo oficial para distribuir la electricidad por zonas y evitar un colapso general, o a averías causadas por el deterioro del equipamiento y las lluvias persistentes.

Atención en penumbras
En Colinas de Pequén, municipio Juan José Mora, Alicia Mercado enfrenta esta realidad a diario. Vive los apagones en su hogar y también en el ambulatorio del Seguro Social donde ejerce como enfermera.
El personal de salud se ve obligado a improvisar constantemente. Con frecuencia, deben recurrir a las linternas de sus teléfonos móviles para realizar curaciones, evaluar pacientes o atender emergencias mientras aguardan el restablecimiento eléctrico.
“A la gente no le interesa si hay o no luz. Lo que la gente quiere es que le resuelvan su situación de salud”, dijo Mercado a Crónica Uno.
Ante la precariedad, los trabajadores gestionaron apoyo para adquirir bombillos recargables. Acudieron primero a la alcaldía, pero la ayuda prometida jamás llegó. Finalmente, compraron algunos insumos con recursos propios y recibieron donaciones de una iglesia de Barquisimeto.
Irónicamente, los equipos tampoco solucionaron la falla: al ser recargables, requerían un flujo eléctrico que el ambulatorio no podía garantizar.
Generador inoperativo
La asistencia llegó por vía de Alexander Leal, presidente de Insalud, el instituto estatal encargado de administrar la red pública de centros sanitarios en la región, mediante una planta eléctrica enviada desde Barinas.
A pesar de contar con el equipo, este permanece inoperativo. Según Mercado, Corpoelec debía adaptar el tablero eléctrico, la estructura central que regula y distribuye el flujo de corriente en un inmueble, para su instalación, un trabajo que sigue pendiente tras más de un mes.
En consecuencia, el personal médico y los pacientes dependen de la luz solar o de pequeñas linternas para las tareas operativas del ambulatorio. A juicio de la enfermera, el terremoto expuso la vulnerabilidad de los municipios más desfavorecidos.
“Después del terremoto se evidenció todavía más la falta de recursos para responder a una situación como esta”, afirmó.
El impacto de la crisis trasciende los periodos de oscuridad. Mercado perdió su refrigerador debido a las constantes variaciones de voltaje, los subidones y bajones bruscos de fuerza eléctrica que queman los motores de los aparatos, un gasto imprevisto que se suma a las grietas y colapsos parciales de paredes sufridos en su vivienda tras el sismo.
A la par de su avería doméstica, la enfermera recibió reportes de vecinos en el barrio San Diego de Morón que alertaban sobre daños en sus sistemas de aire acondicionado por fallas similares.

Trabajar sin conexión
La crisis golpea de igual forma a quienes dependen de la conectividad. Andrés Reverón, habitante de la urbanización Prebo, enfrentó recientemente un corte continuado de más de doce horas.
La falla inició a las 6:00 p. m. Tras asumir que se trataba de un racionamiento común, conoció a través del grupo vecinal que el origen era una avería en un cable subterráneo.
Tras varios intentos fallidos de reestabilización durante la madrugada y al constatar por la mañana que los edificios vecinos encendieron sus plantas eléctricas, comprendió la magnitud del problema.
Al trabajar de forma remota para empresas extranjeras, debe trasladarse a establecimientos comerciales con conexión disponible.
“Mis jefes no entienden que aquí se fue la luz. Pero ellos necesitan que el trabajo salga”,
contó.
Esta movilidad genera gastos no previstos en transporte y consumo obligatorio dentro de los locales comerciales para garantizar la permanencia.
Colapso en Termocarabobo
Semanas después del doblete sísmico, el gobernador Rafael Lacava informó que el estado había logrado recuperar únicamente 150 de los 600 megavatios que originalmente producía Termocarabobo antes de la emergencia.
Eso significa que todavía permanecen fuera de servicio alrededor de 450 megavatios, una capacidad que había permitido reducir considerablemente la frecuencia de los apagones antes del desastre natural.
Hasta esta publicación no se ha anunciado cuándo podrán reincorporarse esos megavatios restantes ni cuál es el cronograma previsto para completar las reparaciones de la termoeléctrica.
Tras el doble sismo, el gobernador Rafael Lacava confirmó que el estado solo ha podido recuperar 150 de los 600 megavatios que producía la planta Termocarabobo previamente.
El informe técnico del equipo regional detalló que las fuertes vibraciones fracturaron los bushings de cerámica de los transformadores, unos aislamientos de porcelana que previenen cortocircuitos de alta tensión, en las cuatro máquinas generadoras.
Estos componentes cerámicos resultan indispensables para elevar la tensión de 16.500 voltios hacia la subestación principal del sistema. La pérdida de 450 megavatios mantiene comprometida la capacidad del sistema que anteriormente permitía moderar la frecuencia de los cortes.
A escala nacional, las autoridades han reportado la recuperación progresiva de al menos 300 megavatios en dichas instalaciones para estabilizar el Sistema Eléctrico Nacional. Sin embargo, las autoridades no han precisado plazos ni cronogramas para la reparación total de la infraestructura.

Consumo al límite
En declaraciones previas, Lacava atribuyó la tensión del sistema al aumento de la demanda y a la minería ilegal de criptomonedas, el procesamiento informático de alto consumo energético usado para obtener divisas digitales, instalada cerca de circuitos prioritarios, tales como centros de salud.
No obstante, para muchos ciudadanos resulta difícil asumir ese llamado mientras enfrentan apagones diarios de hasta cinco horas, daños constantes en sus electrodomésticos y una infraestructura eléctrica que todavía intenta recuperarse de los efectos del terremoto.
De acuerdo con Lacava, la demanda regional alcanzó picos de 1600 megavatios, el doble de lo estimado como regular.
Frente a ello, instó a la población a moderar el consumo, al sugerirles fijar los aires acondicionados a 21 °C y limitar el uso de electrodomésticos de alto voltaje.
Hasta el cierre de esta nota, ni Corpoelec ni el Ministerio de Energía Eléctrica han emitido pronunciamientos. Tampoco han respondido formalmente a las solicitudes de los vecinos sobre los avances técnicos en la adaptación del tablero del ambulatorio de Colinas de Pequén.
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