El Colegio San Judas Tadeo se ha derrumbado tras sufrir daños irreparables por los sismos del pasado junio. La Guardia Nacional Bolivariana ha iniciado la demolición del plantel, mientras la dirección busca espacio para sus 980 estudiantes.

Caracas. El paisaje urbano de La Pastora, una histórica parroquia del oeste de la capital venezolana, ha quedado marcado por las ruinas. El emblemático Colegio San Judas Tadeo se vino abajo definitivamente el 3 de julio pasado y consumó el desplome anunciado apenas nueve días antes.

El doble sismo del 24 de junio pasado infligió daños estructurales irreversibles a un edificio que los inspectores gubernamentales ya habían marcado con la temida etiqueta roja, la máxima alerta que decreta la inhabitabilidad inmediata de un inmueble.

Un equipo de Crónica Uno acudió al lugar para constatar el grave deterioro del recinto, cuya estructura principal contaba con un imponente módulo de siete pisos levantado junto a la quebrada Catuche y muy cerca de la icónica Puerta de Caracas, lo que convirtió a este centro educativo de la Orden de Agustinos Recoletos en un referente urbanístico, social e identitario de la zona desde mediados del siglo XX.

Sin tiempo para lamentaciones, el Cuerpo de Ingenieros de la Guardia Nacional Bolivariana, componente militar de la Fuerza Armada, desplegó el 6 de julio pasado la maquinaria pesada para iniciar una demolición controlada y la retirada masiva de escombros. Sin embargo, la mayor urgencia no reside en el desescombro, sino en el destino pedagógico de una comunidad educativa devastada.

Plan de choque para salvar el curso académico

Según ha confirmado Juan Carlos Maldonado, párroco de San Pío X, el templo católico que gestiona el complejo, el centro albergaba a 980 alumnos repartidos entre educación primaria y secundaria, convirtiendo a La Pastora en un foco educativo relevante.

La directiva trabaja a contrarreloj en la evaluación de inmuebles aledaños con el objetivo prioritario de reubicar las clases para el año escolar 2026-2027. Los técnicos inspeccionan estructura, servicios y accesibilidad de cada inmueble evaluado.

En paralelo, la actividad se centra en el templo anexo a la institución, golpeado de forma leve por las sacudidas telúricas. La cubierta de drywall, un sistema de construcción liviano a base de placas de yeso, colapsó de inmediato, lo que obligó a realizar obras de urgencia.

Estos trabajos de restauración han entrado ya en su fase final, por lo que las autoridades eclesiásticas prevén reabrir pronto las puertas del santuario a la comunidad. Con la reapertura, se retomarán las misas diarias y actividades pastorales habituales en parroquia.

A continuación, una galería que documenta la magnitud de los destrozos y la transformación del recinto tras el paso de los sismos.

Foto: Gleybert Asencio
Fotografía: Gleybert Asencio
Foto: Gleybert Asencio
Fotografía: Gleybert Asencio
Foto: Gleybert Asencio
Fotografía: Gleybert Asencio
Foto: Gleybert Asencio
Fotografía: Gleybert Asencio
Foto: Gleybert Asencio
Foto: Gleybert Asencio
Fotografía: Gleybert Asencio
Foto: Gleybert Asencio

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