En hospitales de Caracas, la falta del servicio de nutrición obliga a familiares a llevar diariamente la comida de pacientes hospitalizados. Nixa Martínez, presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Venezuela, relató a Crónica Uno que los servicios de nutrición están casi paralizados por falta de presupuesto y personal hoy.

Caracas. El dinero de Milagros ya no solo se va en gasas, soluciones y antibióticos. Desde hace dos semanas, cuando su madre de 70 años fue ingresada en el Hospital Doctor José Gregorio Hernández, conocido como Los Magallanes de Catia, la hospitalización sumó un gasto inesperado y diario: la comida.

La madre de Milagros entró a hospitalización tras cortarse con una lámina de zinc. Lo que en apariencia es una herida menor, en pacientes hipertensos y diabéticos como ella, se convierte en un riesgo mayor. La glucosa elevada dificulta la cicatrización y aumenta la posibilidad de infección, por lo que los médicos decidieron su ingreso.

“El médico nos indicó que debíamos traerle su comida porque el servicio estaba inoperativo. Dijeron que en las próximas semanas podrían abrirlo, pero que igual la comida se iba a dar de manera generalizada”, dijo a Crónica Uno.

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Lo ocurrido con Milagros se repite en distintos hospitales de Caracas: la alimentación ya no forma parte del cuidado clínico, sino que es una carga adicional para las familias, obligadas a resolver por su cuenta lo que el sistema no provee mientras acompañan a sus internados.

Cada mañana, Milagros debe trasladarse desde Las Lomas de Urdaneta hasta el hospital. Allí prepara alimentos bajos en sodio y sin azúcares, ajustados a las indicaciones médicas.

Según Nixa Martínez, presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Venezuela, estos servicios se encuentran “casi paralizados” por la falta de insumos necesarios para ofrecer una dieta equilibrada.

“El número de hospitales con este servicio inoperativo es mayor. Desde hace 10 años el servicio de alimentación dejó de cumplir, anteriormente se cumplía por una partida tanto de parte del Ministerio de Salud y IVSS que contrataban a terceros para cubrir la dotación de insumos necesario”,

detalló. 

La progresiva desaparición del servicio de nutrición no solo se expresa en cifras o diagnósticos institucionales, sino en rutinas familiares que se reorganizan alrededor de la supervivencia del paciente.

Solo una comida 

Antonio* tiene 13 años y lleva un mes hospitalizado en el Hospital Vargas. Llegó desde Maturín junto con su madre, Alba*, porque en el hospital central de su estado no hay insumos ni especialistas para tratar su condición de paciente renal.

Durante cuatro días consecutivos, el almuerzo de Antonio fue carne con pasta y mango. Es el único plato que garantiza el hospital, pero para un niño con patología renal estos alimentos no son los adecuados. Su madre lo sabe, aunque la falta de recursos le impide ofrecerle otra alternativa.

“Le doy la comida de aquí porque no tengo dinero para costear un almuerzo todos los días. Tengo que comprar el desayuno y la cena de él. Porque yo como lo que sea”. 

Cáritas Apure
Foto: Sulay García.

Martínez señaló que los menús hospitalarios no cumplen con los requerimientos nutricionales básicos. Explica que se trata de una dieta basada en carbohidratos, sin aportes proteicos ni vegetales, lo que retrasa la recuperación de los pacientes.

Recordó que los pacientes deberían recibir tres comidas principales y meriendas adicionales si es necesario, para cubrir sus necesidades nutricionales.

“La dieta debe adaptarse a la patología del paciente porque no son los mismos alimentos de un niño, por ejemplo, a un paciente que es diabético o uno que tiene una enfermedad cardiovascular”. 

Mientras los testimonios se repiten, la distancia entre lo que debería ser un servicio clínico básico y lo que realmente ocurre se hace cada vez más evidente en los distintos hospitales de la capital.

10% de los servicios inoperativos 

La situación en Los Magallanes de Catia refleja el estado de la red hospitalaria en la capital. En un recorrido realizado por Crónica.Uno por cinco hospitales de Caracas, se constató que solo dos mantienen el servicio de alimentación activo en todas las áreas.

Sin embargo, que esté “activo” no garantiza una nutrición adecuada. En estos centros, el menú es general y no existen dietas diferenciadas para pacientes con condiciones como insuficiencia renal, diabetes o hipertensión. Todos reciben lo mismo, sin importar su diagnóstico.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) (estudio independiente que monitorea periódicamente la situación de los centros de salud en Venezuela), la falla en el servicio de alimentación es constante a nivel nacional. El último reporte indica que el Servicio de Nutrición está inoperativo en 10% de los centros asistenciales.

“Es fundamental que los hospitales cuenten con servicios de nutrición disponibles las 24 horas, la alimentación es un pilar clave en la recuperación y el bienestar de los pacientes. Proveer comidas personalizadas asegura que cada paciente reciba los nutrientes específicos que necesita”, detalla el boletín.

El problema no es solo la ausencia del servicio, sino su incapacidad de adaptarse a las necesidades clínicas reales de los pacientes, lo que convierte la alimentación hospitalaria en un factor que, en muchos casos, retrasa la recuperación en lugar de acompañarla.

Servicio privado 

Un trabajador del Hospital Clínico Universitario contó a Crónica Uno que el modelo de gestión del servicio de alimentación cambió tras la remodelación de las instalaciones y la actualización de equipos. La cocina fue privatizada bajo la modalidad de outsourcing, como se conoce a la tercerización de un servicio mediante contratación de una empresa externa especializada.

Añadió que bajo este esquema una empresa externa se encarga de la producción de alimentos, con su propio personal de cocina y chefs. Sin embargo, el Servicio de Nutrición del HUC mantiene la parte administrativa, la planificación de menús, la vigilancia y el monitoreo de los alimentos para garantizar porciones adecuadas.

“Entregamos un menú general, excepto a los pacientes de triaje transmisibles que reciben una mayor carga proteica para compensar el hipercatabolismo propio de sus cuadros infecciosos. También se prioriza a los niños y mujeres embarazadas”, expuso. 

Moreno puntualizó que la planificación de las comidas depende estrictamente de los insumos disponibles en almacén. En cuanto al talento humano, aunque el cuerpo de auxiliares sigue operativo, el servicio ha sufrido rotación de personal por renuncias.

En este esquema mixto, entre lo público y lo tercerizado, la capacidad de respuesta sigue atada a una variable constante: la disponibilidad de insumos, que termina definiendo qué llega y qué no al plato del paciente.

Golpe al bolsillo

Andrés* pasó 15 días en la emergencia del Hospital Universitario de Caracas acompañando a su hermano. El diagnóstico exigía una alimentación rica en hierro y vitaminas para elevar la hemoglobina, pero la dieta hospitalaria solo ofrecía arepa o avena.

Para cumplir con el tratamiento, tuvo que comprar jugos de mora, fresa y “tres en uno” por su cuenta, a un costo de $3 cada uno. El gasto en bebidas superó los $60 en dos semanas, sin contar los insumos médicos.

Para Martínez, la desaparición del servicio de nutrición ha trasladado el gasto a las familias. Son los parientes quienes deben costear y transportar la comida diaria, sumando una carga económica adicional a la ya difícil situación de conseguir medicinas, cuya escasez es abismal.

De este modo, la alimentación ha dejado de ser un servicio hospitalario en la mayoría de los centros de salud dependientes del Estado para convertirse en una extensión del presupuesto familiar, donde cuidar a un paciente implica también sostener económicamente su nutrición diaria.

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