Geysimar, la niña maracucha que se gana la vida vendiendo suspiros y chupetas

Niña maracaibo

En el casco central de Maracaibo hay aproximadamente 300 niños trabajando de manera informal, según la asociación de comerciantes del centro de la ciudad.

Maracaibo. Geysimar tiene nueve años. No tiene tiempo para jugar, no va a la escuela. Durante ocho horas camina bajo el sol inclemente del centro de Maracaibo, recorre las paradas de transporte público y en cada una repite el mismo discurso: “Señora, ayúdeme para la comida”, seguidamente extiende su mano curtida de la faena, con una chupeta o un suspiro. Así se gana la vida, y cuando alguien le pregunta por su mamá responde sin titubear: “En la casa cuidando a mi hermanito”.

Desde 2007 no existen cifras oficiales sobre la cantidad de niños y adolescentes que trabajan, la última medición decía que era 5 %, lo que en ese momento equivalía a unos 800.000 niños, número que se incrementa a diario debido a la crisis económica.

Hace cinco meses, Geysimar no iba sola a enfrentar el mundo para ganarse el pan, su madre, Andreína Pérez, la acompañaba aun cuando estaba embarazada. Una infección urinaria la llevó directo al hospital donde estuvo tres meses, al día siguiente de su alta, fue ingresada nuevamente para hacerle una cesárea de emergencia. Moisés Alejandro, de ocho meses, vino al mundo en condiciones precarias.

Los tres viven en una pieza alquilada en el sector Manuel Guanipa Matos, de la parroquia Venancio Pulgar, al oeste de Maracaibo. En la habitación de 8×8 metros cuadrados, con piso de arena cubierto por alfombras viejas, donde el calor es insoportable. En una de las dos camas que le quedaron a Andreína —luego de que la robaran hace un año— duerme el bebé. Las moscas lo rodean, mientras el sudor le escurre por sus pequeñas partes. El baño es un tubo PVC que sobresale de la arena, ahí se apoyan para hacer sus necesidades. El resto de los bienes que poseen son una mesa, dos sillas y un tubo que atraviesa una esquina de las paredes sin frisar donde guindan la poca ropa que tienen.

Comer es lo más difícil, la ganancia diaria que ronda los 40.000 bolívares deben dividirla entre guardar 1000 bolívares para pagar el alquiler de la pieza, comprar mercancía y comer. Topocho, plátano o yuca es el menú diario que acompañan con cuajadita o aguacate. Comen tres veces al día la misma comida cuando los días son buenos, cuando no, dos veces.

En Venezuela el trabajo infantil se rige por el Sistema Rector Nacional para la Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes, en el que los consejos de protección son los órganos administrativos que tienen rigor en cada municipio. Pero ni los órganos gubernamentales ni las ONG disponen de información clara sobre los niños económicamente activos en el país.

En el casco central de Maracaibo hay aproximadamente 300 niños trabajando de manera informal, estima la Asociación de Comerciantes del Centro de la ciudad.

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Presente sin futuro

Geysimar sueña con volver a la escuela, aunque reconoce que no quiere dejar de trabajar.

Tengo que vender chucherías para la comida, camino por las paradas para vender. Yo tengo que ayudar a mi mamá porque ella fue la que me trajo al mundo. Ella me ayuda a mí y yo a ella. Ahorita no voy a la escuela porque no tengo nada y los cuadernos están muy caros.

Sin embargo, su sueño de ser maestra no se detiene. Dice que le gusta ayudar a que los niños aprendan, por eso enseña a sus iguales en la calle para que se cuiden. Arruga la cara y suelta: “Hay muchos malos en la calle, pero ya a mí no me da miedo”.

Andreína espera que su niño cumpla 40 días de nacido para llevarlo al centro con ella mientras vende suspiros en las paradas.

Lamento mucho estar en esta situación, antes estábamos mucho mejor porque yo era soldado de la República y ganaba bien, pero me tuve que retirar para poder criar a mi hija mayor, ahora estoy así pero sé que Dios no me va a dejar sola porque esto lo hago por ellos. La mujer de rostro rígido confesó que es madre soltera pues el padre de su último hijo la dejó porque no quiso abortar la criatura. Yo decidí irme porque primero son mis hijos, me equivoqué, pero voy pa´lante.

Fotos: José Ángel Núñez


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