En municipios como El Callao, Roscio y Sifontes se registran apagones entre cuatro y ocho horas, y hasta dos veces al día. Algunos comerciantes que compraron plantas eléctricas para poder trabajar, sin embargo, deben hacer gastos extras en combustible.
Ciudad Guayana. En el sur de Bolívar la crisis eléctrica no responde únicamente a un fenómeno climático anual. Desde hace varios años los municipios El Callao, Roscio y Sifontes padecen de apagones que los dejan sin electricidad por horas, debido al colapso de la infraestructura, lo cual afecta la rutina diaria de sus habitantes.
Quienes subsisten a esa realidad, son quienes cuentan con plantas eléctricas y un presupuesto para invertir en gasolina a sobreprecio.
El alcalde de El Callao, Coromoto Lugo, señaló que en el municipio no hay un cronograma de cortes eléctricos, como sucede en Roscio. Además, aseguró que el problema es resultado de años de desinversión en el sistema eléctrico.
“Eso se debe a que no se hicieron las inversiones en las redes eléctricas, las plantas, la subestación de El Choco, la subestación de Puente Blanco”.
Indicó también que la falta de equipos es otro factor que influye en los constantes apagones. “Hace unos 15 días hacían falta casi 11 transformadores”.

Mencionó que si bien a través de la aplicación gubernamental VenApp se han canalizado algunas solicitudes de la comunidad, las soluciones no son sostenibles.
“Sí han dado respuesta a los sectores, pero cuando traen dos transformadores, cuatro se queman porque realmente la situación es muy delicada”,
advirtió.
El alcalde explicó que existe una fuerte sobrecarga del sistema en la zona minera. “Hay entre 8000 y 12.000 molinos, estamos hablando de casi 60.000 mineros y 41 plantas. Si no se hicieron las inversiones, por supuesto que esa es la situación que tenemos en el municipio y así están todos los municipios del sur del estado Bolívar”.
Los constantes apagones afectan la vida diaria del callaoense y sus comerciantes. La vida en el sur de Bolívar pareciera adaptarse al servicio eléctrico, pero se trata de medidas de subsistencia.
“Yo tengo planta eléctrica y aunque puedo trabajar si no tengo luz, no es del todo un beneficio porque tengo que pagar dos dólares por cada litro de gasolina para mantenerla activa. Al final, yo protejo mi mercancía de la carnicería, pero implica otros gastos que si no los invierto puede ser peor. Ya una vez me pasó con casi 24 horas sin luz que perdí casi toda esa carne”, comentó un comerciante de El Callao.

Cronograma por circuito
Por su parte, el dirigente de Guasipati, municipio Roscio, Darío Graffe, denunció que los apagones afectan severamente la economía local.
“Los apagones programados están frenando la economía local de este municipio. Son apagones que duran hasta cuatro o cinco horas al día por circuito”,
afirmó.
Autoridades locales se encargan de difundir un cronograma semanal donde dividen al municipio en tres circuitos, cada uno con horario de corte eléctrico de al menos cuatro horas.
La familia de Mairis vive en Guasipati. Debido a sus estudios en Puerto Ordaz, viaja cada 15 días o una vez al mes a visitar a su familia. Asegura que, aunque el cronograma les permite tomar previsiones, los horarios no siempre se cumplen.
“A veces te aplican los cortes dos veces al día, entonces ya son ocho horas que pasas sin luz. Mi mamá, que tiene un consultorio odontológico, prácticamente trabaja cuando hay luz y le ha tocado suspender citas porque hacen un corte no programado o se pasan de las cuatro horas que se supone es el racionamiento”,
detalló.
Graffe señaló que el sector comercial es uno de los más afectados. “Se han generado pérdidas cuantiosas por estos apagones, y muchos comerciantes han tenido que inventárselas comprando plantas para surtir de energía sus negocios”.

Destacó que el colapso del sistema también se debe a la alta demanda y a conexiones irregulares.
“Hay zonas donde la gran demanda eléctrica genera colapsos en las líneas y en los transformadores, y esto también se debe al alto consumo y a las conexiones ilegales de las alianzas mineras, de los molinos y de las recuperadoras”.
Aseguró que las fallas no son nuevas y que las comunidades han tenido que asumir soluciones por cuenta propia. Habitantes de Roscio, comentaron a Crónica Uno que hay residentes que cuentan con transformador propio para sus hogares o negocios.
“Tenemos casi un año con estas quejas que han generado pérdidas cuantiosas en el sector comercial y en los hogares. Hay zonas donde no hay transformadores, se han caído líneas de energía y no hay cómo solventar. Los pobladores y el sector comercio han tenido que sacar de su bolsillo para reparar estas fallas”, denunció Graffe.
Cuestionó la capacidad operativa de la estatal eléctrica. “Quienes trabajan en Corpoelec no tienen los insumos, los equipos, el transporte ni la maquinaria para solventar las fallas de este municipio”, afirmó.
Posibles soluciones
Sobre las posibles soluciones, Graffe planteó la necesidad de reforzar las líneas de 115 kV a 230 kV, y modernizar las estaciones que alimentan la zona, como la estación de Puente Blanco.
Asimismo, ampliar y automatizar la infraestructura ya existente, instalar bancos de capacitores; modernizar subestaciones en El Callao, Tumeremo y Las Claritas; y mejorar el control de voltaje.
En Sifontes, la situación no es distinta. El ex alcalde de este municipio, Carlos Chancellor, expuso que el horario más crítico es de 4:00 p. m a 10:00 p. m.
“Nuestros adultos mayores dependen de concentradores de oxígeno y nebulizadores que hoy son inútiles por la falta de energía. Sin ventilación ni refrigeración, el riesgo sanitario se multiplica y el sufrimiento en los hogares es indescriptible”, afirmó.

Pese a su potencial, el sur de Bolívar se detiene económicamente condicionado por un servicio básico como la electricidad. Comercios, restaurantes, incluso consultorios médicos privados que no cuentan con planta eléctrica, trabajan solamente si hay luz.
El resto de los habitantes sufren por daños en electrodomésticos mientras esperan soluciones ante un problema cuya inversión se escapa de las manos de las Alcaldías.

