Todos los días en cualquier parte del territorio hay protestas por la escasez de comida. Muchas  terminan en violencia. En menos de un mes cinco personas murieron. Aún se cuantifican los saqueos a negocios y a camiones que transportan comida.

Mabel Sarmiento Garmendia/@mabelsarmiento

Caracas. “Los vi correr, meterse en el local y llevarse por delante todo lo que había. Con sus manos rompieron los vidrios, arrancaban las cabillas y los metales de los estantes, reventaron las gavetas y hasta la poceta se la llevaron. La comida que quedaba en los anaqueles la regaron por el piso. Los vendedores salieron despavoridos por temor a ser golpeados. La furia se les notaba en la cara. Fue un episodio muy feo. Una cosa es que te lo cuenten y otra es que lo vivas. Yo lo viví y no se lo deseo a nadie”, dijo una de las comerciantes afectadas por los saqueos del pasado martes 13, ocurridos en la ciudad de Cumaná, en Sucre.

A la testigo, a quien se le resguarda su identidad, le robaron todo del negocio que tiene por los lados del sector Brasil. “Por un momento pensé que le iban a echar candela al local. Me puse a llorar porque vi cómo el sustento de mi familia se perdía por completo. Ahora no lo puedo recuperar, es mucho lo que se perdió”.

Este martes 21 se cumplen ocho días de los saqueos que ahora definen como el “Cumanazo”, y en el que se vieron afectados más de 70 locales, 20 de ellos panaderías.

Los sucesos ocurridos en la ciudad, cuna del prócer Antonio José de Sucre, fueron desastrosos e impactantes. Los videos mostraban  grupos de motorizados entrando a la fuerza a los galpones de la zona industrial, a las bodegas manejadas por los chinos y a los centros comerciales. Un fallecido quedó de esa batalla campal desatada entre civiles armados y los cuerpos de seguridad.

Pero no solo Cumaná estaba en una suerte de guerra. Días antes las protestas habían estallado en el Cerezal (Sucre), en Táchira,  Mérida y Miranda (donde también se registraron cuatro fallecidos respectivamente).

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Lo mismo sucedía en Valencia, Lara, Amazonas, Nueva Esparta, Vargas y en Caracas. Las  manifestaciones no solo se hicieron sentir en las barriadas, sino también en las áreas urbanizadas. Se ataca tanto a los comercios como a los vehículos de transporte de víveres.

De la protesta a la violencia

Bien es sabido que las protestas son una forma de ejercer la libertad de expresión y la libertad de reunión, ya que comprende el intercambio de ideas y reivindicaciones sociales como forma de expresión. La única condición para su ejercicio, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es que sea de carácter pacífica y sin armas.

Mientras se esté desarmado, cualquier persona tiene libertad de protestar públicamente. Además este derecho está incluido en nuestra Constitución nacional en su artículo 68.

No obstante lo visto en los últimos días sobrepasa a la definición de protesta. “La gente está cansada de no conseguir comida. Hay hambre porque los ciudadanos no tienen acceso a la comida y eso hace peligroso las protestas. La gente percibe que está en riesgo y se angustia. Ante ese panorama de crisis reacciona de dos formas: Agrede o se retrae. Eso es lo que está pasando con esta ola de saqueos. Algunos salen a ver cómo resuelven su problema y usan la violencia”, explicó el padre Alejandro Moreno, psicólogo, teólogo y doctor en Ciencias Sociales

Moreno destacó que con estos movimientos vandálicos (como los saqueos), pasarán dos cosas: habrá mayor desabastecimiento porque los locales no van a poder abrir y, un momento determinado, los camiones que trasladan alimentos no van a querer pasar por las rutas donde hay manifestaciones.

“Eso acentuará la escasez. Lo de ahorita es que la masa no reacciona ante la crisis y trata de resolver su problema en lo inmediato, e incluso, se aprovecha saqueando para luego vender. Eso es inevitable. Y no quiere decir que sea bueno; sucede que es muy difícil de controlar, a menos que sea matando masivamente la población que se alza”, acotó Moreno.

Enfatizó que la ciudadanía reclama atención, y como ningún organismo del Gobierno ofrece respuestas o salidas, la sociedad entra en caos.

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Insistió en que es necesaria la intervención del Estado, de la Fuerza Armada e incluso de los que están en contra del Gobierno para poder frenar la violencia. “Si no hay esa intervención los problemas sociales seguirán creciendo y lo que nos espera no se vislumbra favorable”, completó.

Revueltas por hambre

También Margarita López Maya, historiadora y profesora de la Universidad Central de Venezuela, sostuvo que Venezuela vive ahora revueltas por hambre que estallan por todas partes debido a la escasez de alimentos esenciales, por sus precios exorbitantes y por la nueva disposición del Gobierno de sustraerlos del mercado y entregarlos a los Comités Locales de Alimentación y Producción (CLAP), que para ella es la anticipación del famoso Estado Comunal o socialista del chavismo.

“Lo que estamos viendo de manera descarnada con las actuales revueltas, protestas, saqueos, linchamientos y demás delitos, es que en Venezuela se han roto los pactos sociales que garantizan la convivencia pacífica. La población se siente traicionada por gobernantes que no cumplen sus obligaciones fundamentales: No protegen ni resuelven conflictos o disputas, no mantienen la paz ni el orden y tampoco garantizan la seguridad alimentaria o la prosperidad de sus gobernados”, escribió en un artículo de opinión publicado en un medio nacional.

Según López Maya el presidente Nicolás Maduro ha violado reglas básicas como gobernante y por tanto la sociedad responde desobedeciendo las reglas de convivencia y alterando la paz y el orden. “La sola coerción no será suficiente para superar la indignación moral que se ha apoderado de la sociedad”, comentó en ese mismo artículo.

Quiebre moral

En ese punto también hizo énfasis Jorge Díaz Polanco, profesor-investigador del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la UCV, quien consideró que el régimen actual quebró la moral de los venezolanos.

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“Este es un Gobierno que no atiende las reglas establecidas por las leyes y actúa como un Estado forajido. Esa es una práctica que tiene 20 años desde que se instauró el chavismo. Ahora, la situación con los saqueos por hambre está siendo aprovechada por bandas delictivas, debido a que desde las altas esferas gubernamentales se promueve el delito y la desorganización”, destacó Díaz Polanco.

Con relación a si hay una articulación política en las protestas, indicó que aunque el Gobierno diga que sí, no es cierto, pues de lo contrario ya hubiese ocurrido una guerra civil.

“Hay es un descontento social aprovechado por grupos de delincuentes.  Ahora, si no hay un reconocimiento de la crisis por parte de las autoridades puede darse un escenario muy feo y desastroso desde el punto de vista de los derechos humanos. Por tanto considero que una válvula de escape a esta olla de presión puede ser que el referendo revocatorio siga su curso para este año y que se liberen los presos políticos”, acotó.

Moreno añadió que además el Presidente Maduro debe aceptar la ayuda humanitaria y dejar que entren las medicinas.

“Pero este tipo de régimen no acepta nada. Los que se llaman socialistas nunca han resuelto los problemas alimentarios. La Unión Soviética (en Ucrania)  mató de hambre a 8.000.000 de peronas, también lo hizo China. Si esto continúa así el costo social será elevado”, mencionó.

Toman la calle

Solo hasta mayo de este año, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, OVCS, ocurrieron 254 saqueos. Junio se maneja con una cifra extraoficial que supera los 100.

Las protestas también tuvieron un repunte. Durante el mes de mayo ocurrieron 641 acciones de calle, un promedio de 21 diarias. Eso representa 320% más que en mayo de 2015.

Foto referencia: Miguel González


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