Más de 1600 personas están albergadas en el campamento transitorio del estadio César Nieves de Catia la Mar, en La Guaira. Tras los terremotos conviven en este espacio abierto y duermen dentro de carpas sin tener idea de hasta cuando estarán en esta situación.
Caracas. Esperar por la atención, por las comidas, por agua, por hielo, por kits de primera necesidad, por los bonos de ayuda económica estatal, por las reparaciones de sus viviendas, por mercados de alimentos bascos.
“Esperar que no vuelva a pasar nada”, en eso transcurren las horas para las personas que viven en el campamento transitorio dispuesto en los espacios del Estadio César Nieves de Catia La Mar, en el estado La Guaira, tras el doble terremoto.

Sin trabajos, sin posibilidad de volver a sus casas, sin dinero para movilizarse y con miedo de que se repita la tragedia, los guaireños albergados en este espacio no les queda más que adaptarse para estar lo más cómodos posibles mientras siguen esperando soluciones habitacionales a más de un mes y medio de la tragedia que sacudió parte de Venezuela.
“Aquí estamos, estamos esperando. En eso se nos va todo el día. Hacemos lo que podemos y esperamos. Esperamos soluciones, ayuda, seguimos esperando”, es el resumen que la señora Arcenia Mayora hizo a Crónica Uno de sus días, desde que su casa, en el sector Aurelio Díaz, cercano al César Nieves, se cayó.
“Seguimos necesitando ayuda”
Este campamento en el estadio César Nieves se instaló de forma improvisada el propio 24 de junio, cuando los mismos vecinos de la zona, una de las más afectadas por el doblete sísmico, decidieron refugiarse en este espacio abierto.
Ahora, alberga a más de 1600 personas damnificadas, integradas en aproximadamente 459 familias, de acuerdo con datos divulgados por el Ministerio de Interior y Justicia.

Desde el estacionamiento del estadio hay carpas asiáticas desplegadas en filas y en sus entradas es posible ver a mujeres, ancianos y niños sentados hablando, viendo sus teléfonos, jugando algo o simplemente “pasando el rato” y esperando ser convocados para comer o para poder usar los baños.
La señora Arcenia, que usaba una de las bateas dispuestas en los espacios para lavar, contó que aunque las condiciones “son difíciles”, al menos están tranquilos y reciben ayuda constante con productos de higiene y alimentos, lo que les permite restar algunas preocupaciones al drama central de todos: “la falta de vivienda”.

Las carpas, algunas también alemanas, están por todas partes. Dentro del estadio, en la parte baja de las gradas, en los espacios que usan los equipos deportivos para cambiarse, en donde se disponen los autobuses, cerca de los baños, en los pasillos de ingreso.
Depende del tamaño de cada una, algunas tienen literas y otras solo colchones, pero cada quien ha hecho lo que ha podido para adaptar su nuevo hogar. Los que tienen más suerte y están cerca de tomas eléctricas trajeron sus neveras y tienen la ventaja de poder enfriar agua y almacenar comida.
La sala del refugio
Otros lograron sacar sus muebles e instalaron una especie de sala en la entrada de sus carpas. Allí se pasan el tiempo hablando con vecinos o lidiando con el calor de La Guaira.
Jogeisy Martínez se encuentra refugiada allí junto a su familia. Su vivienda, ubicada en el sector Luis Salazar, una comunidad popular vecina, sufrió graves daños; aunque actualmente intentan reparar lo que pueden, la gran cantidad de casas colindantes en alto riesgo hace inviable su regreso por el momento.

Mientras reparan lo que sea posible en su sector, se encuentra en el refugio transitorio del César Nieves, en el que, explicó, las carpas están dispuestas de forma que los vecinos de cada comunidad conviven también en los espacios del estadio.
Hay un jefe de cada grupo, indicó que es convocado por las autoridades y organizaciones para entregar las ayudas a cada familia o gestionar la atención que se requiera.
“Es fuerte, pesado, uno no está acostumbrado al día entero en pleno solazo, el polvero. Tenemos muchos niños, yo tengo dos niños pequeños y es fuerte cuidarlos en este espacio. Claro, hemos recibido mucha ayuda, más que todo privada, pero hemos recibido ayuda y estamos contentos y felices por lo menos por eso”,
contó Jogeisy.

Espacios amigables
Para Jogeisy, la angustia no ha terminado. Pues sus hijos están muy asustados, reflejan el trauma que vivieron en sus juegos y en actividades cotidianas y ella tampoco se siente cómoda en espacios cerrados. Sin embargo, intenta atenderse con los psicólogos que ofrecen atención en el campamento para superar las secuelas mentales que le dejó el terremoto y seguir adelante.

“Son niños Ellos pueden estar un momento bien y en las noches se ponen a llorar. Se paran con una crisis, porque me ha tocado con mi bebé, él se ha parado en la noche llorando. Aquí la estabilidad emocional de los niños es la que está más afectada”, explicó.
Ante esta realidad, en el campamento provisional se adecuaron “espacios amigables”: carpas habilitadas por agencias como Unicef (siglas en inglés de Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) y sus organizaciones aliadas en Venezuela, además de otros programas internacionales. En ellas se brindan zonas seguras para la infancia, donde los menores reciben atención, entretenimiento y alternativas de esparcimiento seguro.

Además, el Ejecutivo lleva a diario payasos, magos, recreadores, músicos y artistas que ofrecen momentos de diversión a pequeños y adultos en el sitio.
Son también organizaciones internacionales, de Estados Unidos, de República Dominicana, europeas, las que han instalado baños portátiles, tanques de agua potable, espacios de electricidad y de esparcimiento para que el tiempo que estén allí, las familias estén lo más cómodas que es posible en esas circunstancias.

Más estructura y organización
Jennifer Acevedo es miembro de una organización internacional y voluntaria en el César Nieves. Migró a Colombia hace años, pero regresó al país para ayudar tras los terremotos y explicó que en sitios como los refugios transitorios son vitales donativos como el hielo, las cavas para almacenarlo y el agua, pues el gasto diario es alto en comparación con la cantidad de donativos.
Sin embargo, insiste en la necesidad de que se estructuren y organicen las ayudas para que no todas lleguen solo a quienes tuvieron la posibilidad de entrar a campamentos como el instalado en este estadio, pues muchas personas están durmiendo fuera de sus viviendas destruidas o en otros espacios y no reciben apoyo.
#LaGuaira | La voluntaria Jennifer Acevedo advierte que la asistencia en el litoral central se concentra principalmente en refugios, dejando desatendidas a familias en campamentos improvisados, valles y estacionamientos.
— Crónica.Uno (@CronicaUno) August 6, 2026
La falta de un censo que incluya a quienes intentan… pic.twitter.com/YEXyMeGWCq
“Las ayudas deben ser estructuradas y organizadas de manera balanceada para que algunos tengan mucho y otros tengan muy poco. Eso me parece algo importante, la estructura, la parte técnica y el saber organizar. Aquel que ha recibido bastante y no sabe hasta qué momento llega a su capacidad instalada para poder atender la emergencia”,
explicó.
Agregó que es necesario sumar ayudas que incluyan también criterio de empleabilidad para la gente de La Guaira, pues esto les permitiría dar opciones de superación a los afectados por los terremotos.

