La constante actividad sísmica genera inquietud sobre la seguridad en las viviendas de la población. En este cierre de entrevista con Crónica Uno, la especialista Luiraima Salazar analiza el comportamiento de las fallas y llama a la prevención consciente. Además, analiza el efecto de los microsismos en las estructuras y ofrece pautas fundamentales para la reducción de riesgos en los hogares.

Caracas. La ruptura de una falla profunda no solo sacude la zona del epicentro; también altera el equilibrio de fuerzas a cientos de kilómetros de distancia. Este proceso puede generar nuevos reajustes en la corteza terrestre y activar zonas que ya acumulaban tensión, un fenómeno conocido como activación inducida (triggering).

En esta segunda parte de la entrevista con Crónica Uno, la geóloga Luiraima Salazar aborda cómo funcionan estos mecanismos después de un evento de gran magnitud, como el doblete sísmico del 24 de junio, y explica por qué las réplicas pueden prolongarse durante meses sin que necesariamente representen una amenaza creciente.

Asimismo, examina el impacto acumulativo de los microsismos en viviendas previamente dañadas, desmonta algunas interpretaciones difundidas en redes sociales y ofrece una guía fundamental para pasar de la alarma social a la prevención estructural y familiar ante la persistencia de la actividad sísmica.

—¿Qué debemos hacer como ciudadanos para convivir con esta sismicidad persistente sin caer en el pánico ni en la desinformación?

—Lo primero es comprender que la sismicidad forma parte de la dinámica natural de nuestro país. No podemos impedir que ocurran los sismos, pero sí podemos reducir sus consecuencias mediante la prevención estructural y social, construcciones seguras y mucha educación: educación en ciencias de la Tierra, educación sísmica.

Cada familia debe tener un plan básico que le permita identificar las zonas más seguras de la vivienda, acordar un punto de encuentro, saber cómo comunicarse si fallan las redes y preparar un morral de emergencia con agua, medicamentos, linterna, una radio, documentos y artículos esenciales.

Durante el movimiento hay que evitar salir corriendo de manera desesperada. La recomendación es agacharse, cubrirse y agarrarse, protegiendo la cabeza y el cuello. Después del sismo debemos revisar posibles fugas, cables dañados, desprendimientos y no ingresar en edificaciones que presenten daños hasta que sean evaluadas.

No hacer caso a cuentas de redes sociales que no tienen un nombre, que se amparan en el anonimato o que no mencionen la fuente. También debemos cuidar la salud mental y emocional. Estar permanentemente revisando aplicaciones, esperando el próximo temblor o escuchando supuestas predicciones aumenta la ansiedad social y colectiva.

La información debe utilizarse para tomar decisiones y no para vivir en un estado de alarma. Convivir con la sismicidad no significa normalizar el riesgo ni ignorarlo.

—¿Cómo podemos entender la activación inducida?

—Existen dos mecanismos principales por los que ocurre. El primero es por la transferencia estática de esfuerzos, que ocurre cuando una falla se rompe y sus bloques se desplazan, cambiando permanentemente la distribución de esfuerzos en los terrenos aledaños. Algunos sectores quedan descargados y otros pueden recibir un incremento de esfuerzo.

Este efecto suele ser más importante en las áreas cercanas a la ruptura y en fallas tectónicamente asociadas a esa ruptura. Un segundo mecanismo es la activación dinámica.

Esta ocurre un poco más alejada del área de ruptura y, en este caso, las ondas sísmicas producidas por el terremoto o el sismo principal atraviesan otras regiones y generan perturbaciones transitorias.

Si encuentran una falla durante esa trayectoria y esa falla ya estaba cargada o estaba acumulando energía y estaba a punto de romperse, es muy probable que se favorezca el adelanto de posibles sismos o posibles movimientos que habrían ocurrido posteriormente si no hubiese existido esa perturbación.

—¿Cuánto tiempo es normal que dure este periodo de réplicas y reajustes después de un doblete sísmico como el del 24 de junio?

—No existe una duración fija ni una fecha exacta. El comportamiento depende de la magnitud del evento principal, de la extensión de la ruptura, de las características de las fallas involucradas y de las condiciones tectónicas de la región.

Después de sismos muy grandes, como los registrados el 24 de junio, las réplicas suelen prolongarse durante meses e incluso años. Eso no significa que durante todo este tiempo se mantenga el mismo nivel de actividad. Lo habitual es que la frecuencia sea muy elevada durante las primeras horas o días y posteriormente disminuya.

Sin embargo, esta disminución no ocurre de forma uniforme. Puede haber días relativamente tranquilos y otros días donde hay agrupamientos de eventos. A más de 40 días es normal registrar pequeños reajustes dentro y en áreas cercanas a la zona de ruptura principal.

—Se ha dicho que lo peor ya pasó el pasado 24 de junio, pero hay mucho miedo y ansiedad en la población, especialmente por los pequeños temblores recientes. ¿Existe una posibilidad real de que ocurra nuevamente un sismo mayor?

—Venezuela es un país tectónicamente activo. Siempre va a existir la posibilidad de que ocurra un sismo mayor en algún momento, eso es así. Lo que no podemos es hacer predicciones ni decir exactamente cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá.

Después de un terremoto grande, aumenta temporalmente la probabilidad de que otros eventos dentro del área afectada puedan ocurrir en las primeras horas y días. Esa probabilidad disminuye, pero nunca se convierte en cero. Por eso tampoco es científicamente adecuado afirmar que lo peor ya pasó.

Al mismo tiempo, los pequeños sismos recientes no constituyen una prueba de que venga otro sismo mayor, como muchos han dicho. Una concentración de microsismos puede responder exclusivamente a reajustes, a un enjambre local o simplemente a la actividad sísmica habitual de una falla o de un sistema de fallas. Para afirmar que existe una amenaza inminente, necesitaríamos señales y métodos más claros que todavía no existen para hacer esas predicciones.

—¿Las réplicas continuas de baja intensidad pueden debilitar gradualmente las construcciones que no sufrieron daños graves en el primer sismo?

—En una construcción bien diseñada con una técnica efectiva en sismorresistencia y sin daño estructural, una serie de microsismos o réplicas de baja intensidad no debería producir un debilitamiento progresivo en esa estructura. Sin embargo, una edificación previamente afectada, con alguna corrosión, por ejemplo, sí puede ser vulnerable ante los movimientos posteriores al sismo.

El terremoto principal pudo generar fisuras, pérdida de resistencia en algunos elementos estructurales, desplazamientos, daños en conexiones o problemas en componentes no estructurales. Algunas de esas alteraciones no son evidentes a simple vista. Las réplicas pueden ampliar grietas existentes, desprender revestimientos, dañar mamposterías o terminar de comprometer elementos que ya habían perdido su capacidad de resistencia.

Aunque no todo agrietamiento significa un peligro de colapso, tampoco puede diagnosticarse la seguridad de un edificio mediante fotografías en redes sociales. El problema está en las edificaciones mal construidas, previamente dañadas o construidas en suelos inestables. Por eso, después de un terremoto es importante hacer una inspección técnica.

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