Los sobrevivientes tomaron las riendas de las labores de rescate, tras el doblete sísmico del 24 de junio. La magnitud de la destrucción superó la capacidad de los voluntarios y equipos profesionales que se trasladaron hasta el estado más afectado.

La Guaira. “¡Silencio, silencio!”, gritan desde la montaña de escombros un grupo de jóvenes con cascos, picos y palas que les donaron. En la acera el resto de los vecinos pide a los conductores de las motos que las apaguen, para que el ruido no interfiera y puedan detectar si alguien está con vida bajo las placas de concreto . 

“Apaguen las motos, apaguen los carros”, gritan los sobrevivientes con desespero, incluso con molestia. Los conductores hacen caso. Suena un silbido. Y acto seguido los rescatistas voluntarios gritan un nombre: ¡Victoria!

Quienes remueven escombros en La Guaira son, en su mayoría, sobrevivientes. En una de las torres de la Gran Misión Vivienda Venezuela en Caraballeda, devastada por el doblete sísmico del 24 de junio, los vecinos apartan las ruinas sin descanso y con escasa ayuda de rescatistas y maquinaria pesada. 

El grupo de hombres se organizó para remover los escombros e intentar hallar a sobrevivientes.| Foto: Yohana Marra

Aunque en el estado hay vehículos especializados para remover los escombros, y también se desplegaron rescatistas de Venezuela y otros países, con equipos y perros de búsqueda, no es suficiente para la destrucción. La gente se siente sola y desesperada mientras  pasan y pasan las horas sin encontrar a sus seres queridos.

En Macuto y Caraballeda, una de las zonas más afectadas por los terremotos de intensidad 7.2 y 7.5, hay edificios donde solo trabajan los sobrevivientes, con la esperanza de rescatar a personas con vida a casi cuatro días. 

“Mi hija y mi esposa están allí abajo”, dice Rainer Dávila. Se enrolló una camisa blanca en la cara para protegerse del polvo y del olor a cuerpos descompuestos que hay en el edificio. También usa unos lentes negros y una gorra. No tiene casco ni guantes especiales, usa unos de látex para protegerse las manos.

Rainer tomó una foto que había entre los escombros para ver si conocía a esa vecina.| Foto: Yohana Marra

Su hija, Escarly Dávila, de 12 años de edad, se encontraba en el apartamento en compañía de su esposa, María Chanchamire, de 33 años, al momento de los terremotos. Rainer no estaba en casa, ubicada en la torre C del edificio OP27 de la Misión Vivienda, en Caraballeda. Ese edificio quedó destruido.

Sobrevivientes y también rescatistas

Con los zapatos que quedaron, luego de los terremotos, los voluntarios apartan el concreto. Les han donado cascos, picos, palas y guantes. Gracias a eso hacen el trabajo organizados. Unos voluntarios, de los tantos que llegan a La Guaira, se acercaron hasta esa torre de la Misión Vivienda y les preguntaron las tallas de zapatos.

“Chamo, ¿Cuánto calzas tú?”, gritó desde lo lejos. “41, mi pana”, respondió el joven con otro grito, mientras usaba un pico. “Bueno, te va a quedar un poco grande, pero toma, son botas de seguridad”, y le lanzó una caja de zapatos. Así hicieron con el resto que trabajaba sin cansancio y todos se pusieron el calzado, aunque no fueran de su talla.

A los hombres les donaron zapatos de seguridad y, agradecidos, se los pusieron aunque les quedaran grandes.| Foto: Yohana Marra

Los donativos no paran de llegar al estado. Agua, comida, ropa, picos, palas, cascos. Con esta ayuda los sobrevivientes pueden llevar a cabo las labores de rescate y remoción de escombros.

A pesar de que el Estado venezolano ordenó la militarización de La Guaira, catalogada como “zona de desastre natural” la ayuda profesional no se da abasto, hay zonas que siguen sin rescatistas, sin protección y sin ningún tipo de ayuda. 

Una mujer dirigía también las labores de rescate en uno de los urbanismos de Misión Vivienda de Caraballeda. Para ayudar a sus vecinos caminó hasta otro edificio, donde había una maquinaria pesada, para pedirles apoyo. Necesitaban remover escombros para recuperar dos cadáveres y ella misma les indicó por dónde meterse. 

Las mujeres ayudaron en la organización de la remoción de escombros.| Foto: Yohana Marra

También se encargó de hacer unas oraciones con los sobrevivientes de ese urbanismo. Se unieron voluntarios, familiares de los desaparecidos y hasta un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que estaba cerca.

Por esa calle pasaron de vez en cuando efectivos de la Policía Nacional Bolivariana, aunque no se detuvieron. También llegaron uniformados de la GNB para repartir agua y voluntarios con cajas de bebidas. En la esquina hay un toldo rojo con medicinas, más agua, papel higiénico y ropa.

Tas 72 horas de los terremotos, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, informó que 1430 personas han muerto y 3200 están heridas. Este domingo, 28 de junio, los familiares de los desaparecidos insisten en difundir sus imágenes con números de contacto, así como videos que claman por ayuda profesional en zonas como Mamo, Catia La Mar y hasta Chuspa.

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