La pandemia encontró a los docentes en Venezuela sin Internet, sin teléfonos inteligentes, cero equipos tecnológicos ni plataformas educativas. Además de resolver el trabajo de cualquier forma desde casa, también tenían que llevar a cuestas el día a día de la crisis humanitaria. La escuela en medio de la pandemia requerirá de un maestro que sea capaz de adaptar sus contenidos a las tecnologías disponibles.

Caracas. El 13 de marzo cuando suspendieron las actividades escolares presenciales por la COVID-19, a directivos, coordinadores, maestros y profesores les tocó correr para plantear una estrategia en la nueva modalidad educativa a distancia. No habían tenido una experiencia similar, solo algunos recursos que utilizaron durante el apagón nacional de marzo de 2019. En cadena televisiva Nicolás Maduro insistía en un año escolar “online”.

La pandemia encontró a los docentes en Venezuela sin Internet, sin teléfonos inteligentes, cero equipos tecnológicos ni plataformas educativas. Además de resolver como fuera necesario desde casa, también tenían que llevar a cuestas el día a día de la crisis humanitaria.

«Llegó la hora de corregir», grita uno de los maestros de la Unidad Educativa Alianza de Fe y Alegría en La Vega. Están en una jornada de entrega de portafolios. El profesor de Geografía, Ricardo Rosales, cuenta que muchos docentes no tienen manera de recibir las tareas por correo, así que acuden al plantel para corregir. Él pasa el día sin conexión. «A partir de las 9:00 p. m. pongo el correo en carga básica para conexiones lentas», dice. Así es que logra revisar algunos trabajos de sus estudiantes.

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Cada semana los docentes acuden al plantel para recibir tareas escolares y corregir. Foto: Luis Morillo.

En una sala de profesores están los portafolios de los alumnos. En las mesas, las manos se pierden alcanzando un papel. Ellos mismos comienzan a separar los trabajos por materias, año y secciones. «Tenemos trabajo», se dicen entre ellos. «Nos ha tocado improvisar. Dependo del saldo y de la señal: si tengo 4G, si se pone en H. La señal llega después de las 10:00 p. m.», cuenta la profesora de Matemáticas, Lelys Maldonado. A la profesora de Yakyra Velazco le toca esperar hasta 2:00 a. m., «funciona mejor la conexión», dice.

En Fe y Alegría 42 % de los 4581 docentes no tiene acceso a equipos celulares para atender de forma virtual a sus estudiantes. La institución inició una campaña para recoger fondos y comprar.

Los maestros son los héroes silenciosos de los últimos meses. Les ha tocado dar un giro de 180º, aprender lo que nadie les había ensañado en la universidad ni el sistema educativo. El Ministerio de Educación con su programa de formación permanente ha tenido que resolver de manera contingente y aún quedan muchas dudas en ello«, dice Luis Bonilla, especialista en Políticas Públicas en Educación y exviceministro de Planificación Estratégica en Educación Universitaria.

Bonilla piensa que hay que hacer una consulta a los docentes sobre la experiencia que tuvieron y los requerimientos para el nuevo inicio. Un periodo escolar que, por protocolos internacionales, podría combinar la educación presencial y la virtual. Si se toma una decisión solo gubernamental para el inicio, podemos correr el riesgo de que el caos sea enorme, que los propios docentes no tengan la habilitación suficiente para poder enfrentar lo nuevo.

En casa, la profesora de Matemáticas, Lelys Maldonado, depende del saldo y de la señal para recibir las tareas de sus estudiantes. Foto: Luis Morillo

Este escenario de clases combinadas implicará un maestro que sea capaz de adaptar sus contenidos a las tecnologías disponibles. Para Carlos Calatrava, jefe del departamento de Ciencias Pedagógicas de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), el tipo de educador que exige el contexto de pandemia es un docente que continúe haciendo lo que sabe hacer: educar. «El valor añadido que esto nos implica es la transformación digital del oficio». No ha sido fácil para los maestros incorporar la modalidad educativa síncrona y asíncrona tras años de estar en un salón frente a sus estudiantes. Sin embargo, han demostrado ser competentes.

Bonilla también lo cree, pero profundiza en la necesidad de una reforma en el programa de estudio de las universidades que forman maestros. «Son contenidos pensados en una escuela de siglo XIX o XX. No han atendido a las nuevas dinámicas de la educación y enseñanzas del siglo XXI». En el país hay 66 casas de estudios que ofrecen 120 menciones diferentes. Para 2014 la matrícula de estudiantes era de 438.384, 50 % se concentraba en educación preescolar e integral. Estos datos fueron publicados en la Consulta Educativa realizada en 2014.

Entre los aspectos más importantes para la mejora educativa, según los resultados de la Consulta Educativa, 54 % destacó la necesidad de la formación permanente de los maestros y maestras. Otro 16 % pedía infraestructura y equipamiento tecnológico.

La Escuela de Educación de la UCAB junto con el Centro de Innovación Educativa comenzaron el programa Educadores Emergentes. Alrededor de 1700 maestros de Fe y Alegría, la Asociación Nacional de Instituciones Educativas Privadas, la Cámara Venezolana de la Educación Privada, están recibiendo formación. Los programas ofrecen la enseñanza en línea de la Geometría, Matemáticas, Química, Biología, también el diseño y construcción de las competencias institucionales. Estos docentes provienen de Oriente, Táchira, Zulia, Lara y Distrito Capital. Cada proceso dura dos semanas.

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El plantel recibió más de 280 portafolios con trabajos y asignaciones de los estudiantes Foto: Luis Morillo

En el protocolo de la Organización de Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) Marco para la reapertura de las escuelas orientan a los Ministerios de Educación a incrementar las inversiones en educación a distancia para prepararse para futuros cierres de planteles. También a incluir un aumento de la financiación para la formación de los docentes y el fomento de su capacidad y la entrega de créditos telefónicos para contactar a los padres y representantes.

«En un contexto pandemia y emergencia humanitaria compleja se tienen que producir los procesos de adecuación tecnológica de los docentes para poder llevar a acabo el proceso educativo mixto. Y así, solventar el rezago pedagógico y la crisis educativa del país«, concluye Calatrava. Este desafío supone la formación de 662.825 maestros y profesores en 29.412 escuelas. Estos datos corresponden al Instituto Nacional de Estadística.

Reivindicar a los maestros

Antes de la pandemia los salarios de los maestros ya eran una urgencia. Durante 2019 y a inicios de 2020, el gremio estuvo en protesta en la calle cada semana. «Hay que reivindicar a los docentes. La sociedad venezolana ha sido ingrata, son pocas las voces que reconocen el papel de los docentes”, dice Bonilla. El Ministerio de Educación mantiene una deuda con el gremio desde octubre de 2018, además del incumplimiento de los aumentos salariales estipulados en la contratación colectiva. El salario mensual de muchos no supera los 10 dólares.

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Los padres y representantes acuden a la escuela para entregar a los profesores los trabajos. Foto: Luis Morillo

Los docentes han redoblado esfuerzos. El inicio del año escolar pareciera no ser diferente. El nuevo diseño de clases podría requerir la participación de más docentes, preparadores, asistentes. «Porque no hay tiempo posible para que un docente tenga dos cursos, aunque trabaje con la mitad de ellos de forma presencial y la otra virtual. Se duplica el tiempo. Son lógicas distintas”, señala Olga Ramos, especialista en Políticas Públicas en Educación.

Se pregunta: «¿Cuánto se le va a pagar a ese docente? La combinación no es la mitad a distancia y la otra presencial, sino lo que necesiten de tiempo a distancia o presencial. Son las actividades presenciales más toda la planificación, corrección, reflexión e investigación, la combinación de ambas modalidades educativas y que sean compatibles”.

El protocolo de la Unesco también sugiere garantizar el pago continuo y puntual de los salarios de los maestros, «con especial atención a los que tienen contratos precarios, para mitigar la deserción de los docentes y contribuir a su bienestar».

Con mesas distanciadas y por grupos pequeños, los docentes reciben a los padres y representantes. Foto: Luis Morillo

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