La región andina vive sin luz el tiempo de las cavernas

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En los estados Mérida, Táchira y Barinas, se agrava la falta de electricidad, a pesar de los planes de abastecimiento, según sus habitantes. La crisis eléctrica empeorará mientras persistan la falta de mantenimiento, de combustible y de sinceridad oficial sobre el estado real del sistema andino, advierte el ingeniero José Aguilar.

Caracas. Desde marzo no se ve luz en los Andes venezolanos. En los estados Mérida, Táchira y Barinas, las poblaciones sobreviven sumidas en la mayor miseria energética de que tengan memoria, y que paraliza hasta por 20 horas diarias los servicios, en medio del confinamiento que pasa ya dos meses, por una decisión oficial que se basa en la COVID-19.

“Esto es realmente una tortura”, coinciden habitantes de cualquier sector de las entidades afectadas, que ahora se topan con las colas y la corrupción por gasolina.

La región, con una población aproximada de 4.260.000 habitantes, no dispone ni de 100 MW, de sus casi 3000 MW instalados, para cubrir el área de 77.820 kilómetros cuadrados, señalan especialistas del tema eléctrico.

Las plantas hidroeléctricas Páez, La Vueltosa, San Agatón, las más grandes de los Andes, no funcionan; y agonizan las termoeléctricas, como la Don Luis Zambrano, en Mérida, que lleva energía al cordón andino; y la Termobarrancas, en Barinas.

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La Vueltosa no funciona. Foto: Cortesía El Pitazo

Ante la grave situación, el 7 de mayo, un equipo del Ministerio de Energía Eléctrica y Corpoelec se reunió con los gobiernos regionales de Barinas, Mérida, Táchira y Trujillo y adoptaron planes para intentar restablecer progresivamente el suministro de energía. Hasta ahora, no han dado resultado, mientras persisten los reclamos desesperados de comunidades enteras de la región.

Es un grave problemón que apenas está entrando en un pica y se extiende de gran consideración”, advierte el ingeniero José Aguilar, consultor internacional en sistemas de electricidad.

Estados que se apagan

En Barinas, el 13 de mayo se puso en práctica el Plan de Administración de Carga (PAC) para reducir el consumo energético y aumentar así la disponibilidad de 15MW, según anunció el gobernador Argenis Chávez.

La medida se aplica especialmente a grandes usuarios de energía eléctrica, como centros comerciales, bodegones y hoteles, a los que se les corta la luz desde las 6:00 p. m. hasta las 2:00 am.

Pero los barineses no han visto mejoría en el servicio, en medio de la cuarentena y el calor que sobrepasa a veces los 35°C. Los cortes de electricidad se han agudizado en las últimas dos semanas. Antes eran de dos a tres horas, pero ahora padecemos de 12 a 15 horas sin luz. Estamos en emergencia, dice Cecilia, una profesional que vive con su madre y su hijo, ambos con serios problemas de salud. Su cotidianidad es un suplicio.

Tienes que desayunar con pan y leche, porque tampoco disponemos de gas, las personas que teníamos contrato con empresas privadas fuimos excluidas del servicio que está en manos del consejo comunal. Cuando llega la electricidad por pocas horas, comienza la corredera, porque desconoces la hora en que la van a quitar. Tampoco funciona la bomba de agua. Además tengo que trabajar en la madrugada, si ponen la luz. Me siento agotada, porque aparte del esfuerzo físico que esta situación implica, ocasiona también un desgaste emocional, relata.

La situación es similar en Mérida. Solo en abril, varios sectores pasaron hasta 223 horas sin servicio eléctrico, señala Promedehum, una ONG de derechos humanos que hace visible la falta de electricidad. Municipios productores del páramo como Rangel, Cardenal Quintero y Pueblo Llano pasaron de entre 85 y 95 horas sin luz en el mes de marzo a entre 208 horas y 195 horas en abril.

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En Táchira las protestas por falta de luz son frecuentes. Foto: Ana Barrera.

En mayo, de 12 horas diarias a oscuras, comunidades han estado hasta 20 horas sin energía. El PAC, anunciado por Corpoelec el 21 de abril para hacer cortes de seis horas más equitativos, no ha resuelto los frecuentes cortes del servicio.

La conectividad se interrumpe y también la posibilidad de que los escolares cumplan con las clases online y las tareas. “Las madres se angustian mucho y a veces se levantan con los niños de madrugada para poder cumplir, pero el servicio eléctrico no llega”, expresa Erick Mayora, un seminarista que describe cómo de esta penumbra no se salva ni la Iglesia.

En estos días un sacerdote se culpaba, porque cuando llegó la hora de la electricidad no le dio tiempo de editar y enviar el video de la misa a la radio; fue muy corto el tiempo para hacerlo todo, y esto nos está llevando a culparnos por no poder resolver en corto tiempo una situación.

En Táchira, en cambio, los racionamientos ocurren desde hace tres años, pero la oscurana se ha agravado desde marzo pasado, cuando ocurrió el primer apagón nacional, dicen habitantes. Desde entonces los cortes imprevistos y prolongados no se detienen, a pesar del PAE.

En las noches la gente duerme en la sala de sus casas, en colchonetas, con la puerta abierta, asegura Ana, habitante de San Cristóbal. “Las comunicaciones mueren; volvemos al tiempo de las cavernas”. No han faltado fluctuaciones ni tampoco las protestas.

En la miseria energética

La «inocultable miseria energética de los Andes» está impulsada por la mala operación de la red y los deteriorados embalses hidroeléctricos, y la insuficiente cantidad y calidad de combustibles necesarios para las plantas termoeléctricas. A esto se suma la falta de mantenimiento y la descontrolada corrupción, indica el consultor Aguilar. “Más de 6 millardos de dólares han sido asignados en 20 años de revolución para la electricidad de esa región, y lo que se ve en obras es muy poco”. Razones que limitan a los PAC para ofrecer muy poco suministro eléctrico.

Explica que las centrales hidroeléctricas de los Andes, con 1.159 MW, han sido objeto de abuso y falta de mantenimiento. “Se han ido muriendo. Son operadas como si fuesen el Guri, cuando en realidad son plantas que funcionan a plena carga por seis a ocho horas diarias”, precisa.

En enero de 2020, estas plantas, así como la Termobarrancas, de Barinas, presentaban prolongada falta de mantenimiento. La Vueltosa, la planta de mayor envergadura de la región, estaba paralizada por falta de agua, y la San Agatón por debajo de la cota mínima de operaciones. Habrá que esperar que lleguen las lluvias y se recuperen para que puedan funcionar.

La planta Páez que aporta 240 MW, cuyo embalse está en el estado Mérida y la caverna de máquinas en Barinas, lleva años abandonada. “No genera nada”, aclara Aguilar. En las barinesas centrales hidroeléctricas Masparro y Peña Larga funciona una sola de sus unidades”.

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En la central hidroeléctrica Masparro solo funcionan una unidad. Foto: Cortesía.

El sistema eléctrico regional tampoco dispone del costoso combustible diésel. “Eso afecta electromecánicamente a las plantas termoeléctricas ubicadas principalmente en los Andes, del Sur del Lago, y hace que no funcionen bien”. Mencionó la planta Táchira, la Don Luis Zambrano, de El Vigía, y la Monay en Trujillo.

También ha fallado la planta de Termobarrancas por descuido de Pdvsa y Corpoelec, porque no hay la red de combustible. Es lamentable su falla porque allí, en Barinas, existe gas y tiene un costo de un tercio de lo que costaría el equivalente al diésel. Esa planta es importante para la región porque trabajar con gas da una gran fortaleza a todo el suministro eléctrico de la región andina y además abaratan costos.

Los racionamientos seguirán, mientras Corpoelec “siga operando mal” el Sistema Interconectado de Venezuela y mintiendo sobre su verdadera condición, afirma Aguilar. “Así, están garantizadas nuevas fallas en el sistema eléctrico”.


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