En la parte alta de La Cruz, en Petare, municipio Sucre, llega el agua cada ocho o quince días. Por lo general, los niños entre 10 y 12 años de edad son los encargados de caminar a otras zonas del barrio para llenar los pipotes o ver si consiguen en la montaña palos para que sus padres puedan cocinar a leña.

Caracas. Víctor sabe que tiene que ir a buscar agua. Van quince días seguidos que no sale agua por la tubería de su casa en la parte alta del barrio La Cruz, en Petare. Hay platos amontonados en la cocina, en la cesta de ropa sucia no cabe ni una franela más. Sus hermanos menores no se han bañado, su hermana mayor tiene el período y no tiene con qué lavarse. Su mamá tiene mil tareas más que hacer.

En la entrada de su casa, a mano izquierda, hay varios potes de refresco, jugos y botellones de cinco litros. Se pone los zapatos y se prepara para caminar al menos 4,3 kilómetros, que es donde vive una amiga de su mamá que siempre abre un grifo para que él llene los pipotes. A veces tiene suerte y camina menos si un vecino que tenga agua lo ayuda.

Baja y sube tantas veces como sea posible. Los kilómetros se multiplican por dos, por tres, por cuatro, por los que sean necesario. Así transcurre su día desde la mañana hasta las 5:00 de la tarde. Víctor solo tiene 12 años de edad, pero entiende que tiene que ayudar en su casa. Su papá está trabajando, su hermana se encarga de otras tareas, los otros hermanos son muy pequeños y su mamá, Julieta, siempre tiene que cocinar o encargarse de los niños pequeños.

Foto: Luis Morillo

En la parte alta del barrio La Cruz, en el municipio Sucre, siempre es la misma historia. De ocho a quince días pueden pasar sin agua. Una rutina que se vuelve eterna para sus habitantes. Pero, ahí no terminan sus dificultades.

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La pobreza se refleja en los techos de zinc que dejan filtrar el agua cuando llueve, el piso de tierra en sus casas, viviendas levantadas por sus propias manos. Historias de personas que tienen hasta siete meses sin poder comprar una bombona de gas a revendedores porque no tienen al menos 1 dólar para pagarla. Adultos mayores que tienen toda su vida viviendo en este barrio de Petare y su único ingreso son los 400.00 bolívares de la pensión.

La vida en el barrio La Cruz es solo un ejemplo del estudio hecho por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), entre noviembre de 2019 y marzo de 2020, que advierte que Venezuela es el país más pobre de América Latina y el segundo más desigual después de Brasil.

Foto: Luis Morillo

Fernando Martínez se considera un fundador del barrio. Llegó hace 50 años cuando le compró a un señor la casa en la que ahora vive por 3000 bolívares para ese momento. En La Cruz vivió con su esposa, que falleció, nacieron sus hijos. Pasó toda su juventud, conoció personas buenas, personas malas. Vio caer a muchos por las escaleras de la muerte, en una época en que la inseguridad en su zona estaba al máximo.

Ahora asegura que el barrio está más tranquilo, pero ellos no tienen tranquilidad. Los servicios públicos son la pesadilla. De las dos bombonas de gas que tiene, ninguna está llena. Mandó a sus nietos a buscar palos en el mismo monte que hay en el sector. Los reunieron, buscaron una reja, prendieron un fogón y ahí hicieron el almuerzo. Cada vez que se quedan sin gas, hacen lo mismo.

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Al igual que en la casa de Julieta, en la de Francisco también salen tres de sus nietos de 10, 12 y 14 años de edad a buscar agua o leña. A veces llegan hasta el barrio La Línea, en Petare, que es donde conocen a una señora que los deja pasar y les da una manguera para llenar los pipotes.

Aquí no se baña todo el mundo en el mismo día. Somos un gentío y hay que ahorrar para la comida y dejarle agua a mi hija mayor que es la única que trabaja y tiene que tener siempre la ropa limpia, contó Francisco.

Foto: Luis Morillo

Las casas de la parte alta del barrio La Cruz están hechas en su mayoría de bloques. Las ventanas están tapadas por bolsas o láminas de zinc. Algunas viviendas tienen el piso de concreto, y otras solo es la tierra de la montaña. Una casa queda al lado de otra por caminos que los mismos habitantes fueron abriendo y escaleras muy empinadas.

Eucaris llegó al barrio hace seis años. Conoció a Francisco en el Hospital Dr. Domingo Luciani porque él tuvo un accidente y ella se encargó de apoyar a la familia llevando comida. Después que le dieron de alta, recogí mi ropa y me vine para acá, recordó.

La ropa la lava a mano con el agua que llega cada tanto o con la que busca en otras partes de Petare. Toda su comida la hace a leña porque nunca pudo comprar una bombona para su casa. El agua de la lluvia la recoge para limpiar y, cuando no tiene más, es la que hierve para tomar. Siempre tiene que caminar por los callejones buscando un monte donde consiga palos para la leña.

A veces es más difícil, porque si llueve los palos están mojados y no sirven. Ayer, por ejemplo, tuvimos que parir para prender ese fogón, recordó.

En los callejones de este barrio en Petare se siente el olor a leña. Se ve el humo saliendo de los terrenos de las casas. Pasan los niños con los pipotes de agua. Nadie usa tapaboca porque se sienten seguros en su zona. Hay música alta en algunas viviendas como es costumbre los viernes, otras partes están calladas. Están sumergidos en su día a día.

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Foto: Luis Morillo

A la parte alta de La Cruz llega una cisterna pública cada vez que se acuerdan que existimos, es decir, casi nunca, denunció  Julieta Escalona. Nadie sabe cuándo van a ir, pero cuando llega se forman rápidamente colas kilométricas de los vecinos con todos los potes que puedan. Algunas veces se pelean en la cola, o muchas personas se quedan sin poder llenar porque se acaba el agua. Todo esto ocurre pese a que el gobierno de Nicolás Maduro aseguró que con la llegada de 1000 supercisternas de China iban a solucionar la escasez de agua en la ciudad.

Venezuela es uno de los países con las mayores reservas de agua dulce del mundo y cuenta con alrededor de 90 cuencas hidrográficas, pero esto no quiere decir que haya un buen servicio. Pedro Méndez, secretario general PJ Sucre, recordó que hace 20 años el sistema entregaba a la ciudad 20.000 litros por segundo. Hoy, se están surtiendo nada más 11.000. Casi la mitad de lo que antes recibían los caraqueños.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona debe utilizar en promedio 100 litros de agua al día para satisfacer sus necesidades tanto de consumo como de higiene. Los vecinos de la parte alta de La Cruz tienen que limitarse a unos tantos potes semanales.

Foto: Luis Morillo
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