“Mandé a mi hijo a vivir con su abuela porque el barrio es peligroso”

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Una madre de El Cementerio tuvo que tomar medidas extremas con su familia por seguridad. Teme que malandros del sector se “enamoren” de su hijo mayor

Yohana Marra/@yohanamarra

Caracas. “Le dije a mi hijo que no subiera al sector, lo tiene prohibido; nosotros lo visitamos. Los malandros siempre fijan sus ojos en otros muchachos, en los buenos, y me da miedo que se enamoren de él, como quien dice. La vida aquí siempre es más difícil para los varones que para las hembras; me da miedo que un delincuente lo confunda”.

De esta manera Esther (nombre ficticio por seguridad) comenzó a explicar por qué su hijo, de 26 años, no vive con ella en El Cementerio. Lo mandó a casa de su abuela, quien también habita en una zona popular, pero cree que por allá es un poco más tranquilo.

Añadió que por su casa la pueden agarrar con cualquier muchacho «porque sí». Así le pasó a uno de sus sobrinos, cuando un delincuente del barrio preguntó quién era él, pues le provocaba darle un tiro.

Ante esto la señora prefirió sacar a su muchacho de ese sector, antes de que corra peligro con uno de estos sujetos y la familia pase por una mala experiencia.

“Mandé a mi hijo a vivir con su abuela porque el barrio es peligroso. Igual a las 9:00 pm estoy pendiente de que él llegue bien y estoy con los nervios de punta hasta que agarre el jeep. Donde está ahora supuestamente es más seguro que subir para mi barrio”, detalló la madre, quien pidió no mencionar el sector donde tiene su hogar, por miedo a venganzas de los delincuentes.

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Esther también tiene una hembra de 21 años. Ambos están en la universidad y trabajan, por eso llegan tarde a la casa. Nacieron y se criaron en la misma comunidad que su mamá, que ahora les hace la vida de cuadritos cada vez que quieren salir con sus amigos o ir a una fiesta.

“Mi hija si quiere salir un poco más, el varón entiende peligro que vivimos, aunque antes rechazaba mis correcciones. Yo entiendo que ella quiera salir porque fui joven, pero hoy en día no podemos estar así, prefiero que comparta con la familia”, soltó con un tono suave, desde la silla donde se sentó frente a su balcón, con una mirada infinita de casas de ladrillos.

La hija menor de Esther no ha querido mudarse a casa de sus abuelos (paternos o maternos) y sigue pasando sustos por el barrio, cada vez que a los malandros les da por caerse a tiros con funcionarios o con bandas rivales. Si se prende una balacera su madre inmediatamente la llama para saber a qué altura va y avisarle que es posible que no consiga jeep.

«Una noche se bajó del transporte y había unos de ellos (los delincuentes) detrás de un jeep, vigilando. No hicieron nada, se quedan tranquilos como si nada, cazando algo».

Caminó hasta El 70

Esther lleva toda su vida en El Cementerio. Contó que cuando era chama se iba a fiestas en el barrio El 70, de El Valle, con su hermano. A las 4:00 am se regresaban caminando con toda tranquilidad, bordeando el sector.

Lamentó que sus dos hijos no pudieron crecer de la misma forma que ella. En su infancia dormían con la puerta sin llave y no había problema, ahora no puede darse ese lujo.

“El barrio no es ni la sombra de antes. He tenido que estar detrás de mis hijos y sus amistades. Siempre le pido a Dios que los proteja cuando van subiendo a la casa, que no se forme un tiroteo y les pase algo. Vivo en zozobra, con miedo siempre, pero así estamos”, sentenció la mujer de voz dulce.

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Foto: Cristian Hernández


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