Vecinos comentaron que desde tempranas horas de la mañana los chamitos se suben a platabandas a “garitear”. Detallaron que los antisociales se pegan las armas a sus muñecas con tirro

Yohana Marra/@yohanamarra

Caracas. El jeep rojo que se toma en la avenida Los Cármenes, de El Cementerio, no tiene puerta atrás. La angosta vía es aparatosa, los huecos y sus curvas pronunciadas hacen que los pasajeros se tambaleen de un lado a otro, mientras a lo lejos ven los edificios de la ciudad, que poco a poco desaparecen y se convierten en casitas de ladrillos nada más.

Al llegar al barrio las escaleras parecen eternas en medio de una soledad escalofriante. Sea la hora que sea el sector, que se mantendrá en resguardo por seguridad, siempre está solitario, pues en el momento inesperado pueden salir corriendo de un callejón unos chamitos armados, o peor aún, agarrar a algún vecino como escudo.

La mayoría son menores de 17 años que se la pasan de arriba abajo, de acuerdo con el relato de un vecino que por razones obvias pidió mantener su nombre bajo anonimato.

Dividen sus tareas: unos se montan en una platabanda desde la mañanita para “garitear” (cantar la zona) y desde lo alto observan quién entra o sale del barrio. Al resto los ven en esquinas, escaleras o hasta en alcabalas que montan en plena calle del cerro.

No es un secreto para los vecinos que ellos están muy bien armados, pues exhiben sus .9 milímetros, glock, escopetas o rifles. Incluso las muestran atadas a sus muñecas con tirro.

“Ya sabemos cuándo disparan para probarlas, o contra una pared, si están cerca, etc. Nos hemos adaptado a esto, aunque no nos acostumbramos. Tienen códigos de vestuario, unos siempre usan camisetas y gorras blancas, otros se visten de negro”, detalló.

La gente sabe perfectamente quiénes son los pranes, uno de ellos no pasa de 22 años. Pero no los acusan con la policía y si lo ven por las calles los saludan como si nada. “Son chamitos que se han criado aquí, uno los vio desde pequeños”.

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Vecinos relataron que los jeep no cumplen horario fijo y a veces deben subir caminando hasta el barrio, pues ningún taxi se mete. Crónica.Uno/Cristian Hernández

Todo se sabe

Aunque los callejones del barrio estén solos siempre hay una mirada oculta que detalla cada movimiento de los vecinos. Les conocen todo, desde nombres y apellidos hasta ocupaciones.

“Una vez tuve que subir caminando por otra entrada al barrio y estaba el pran con otro chamo, uno miró al otro y me señaló con la cara, pero ese le contestó: tranquilo, es el esposo de ‘fulanita’. Y seguí de largo”, narró.

Por si fuera poco una mujer, quien nació y se crió en esa zona, contó que la gente se calla muchas cosas de los delincuentes porque son familia o tienen nexos con ellos.

Tiroteos sin horario

Recientemente las bandas de delincuentes “se unieron” y cuando la policía sube comienza la plomazón. Los tiroteos pueden iniciar a cualquier hora del día y durar bastante.

“En la puerta de mi casa se resguardó un policía una vez que subieron a buscarlos. Esa balacera fue terrible, mi esposo iba saliendo a las 2:00 pm y no pudo; terminaron más o menos como a las 5:00 pm”, soltó la vecina.

Y si afortunadamente un enfrentamiento los agarra en su casa simplemente se alejan de ventanas porque «las balas no tienen nombre». Por eso los habitantes tratan de recogerse antes de las 6:00 pm para evitar sustos o porque los jeep no cumplen su horario, y desaparecen cuando quieren.

“Si hay balaceras obviamente ningún jeep sube. Pero cuando todo está tranquilo puedes encontrarte con que a las 8:00 pm no hay nadie que te suba y un taxi no se mete de noche para acá”, detalló.

Fotos: Cristian Hernández


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