Filmado en blanco y negro, el documental cuenta la rutina de una familia de agricultores tachirenses y su travesía a Caracas para vender lo cosechado.  La propuesta estética destaca la rudeza y la vitalidad del trabajo diario.

Caracas. Los habitantes de la ciudad suelen dar por sentado todo. La luz está a un interruptor de disfrute, el agua en el grifo como si nada y los alimentos a la vuelta de la esquina en un mercado con diversas opciones.

Sin embargo, lo que se da como seguro tiene historias de ideas, esfuerzos, constancia y disciplina detrás. Y son esos elementos de la simplicidad de la ardua rutina los que registra Mariposa de papel, el documental dirigido por Rafael Medina Adalfio.

La película sigue en blanco y negro a una familia de agricultores de La Grita, estado Táchira. Una propuesta estética sobre la faena en la que convergen la rudeza con la vitalidad de la esencia del trabajo diario, de levantarse a recoger la cosecha para luego viajar hasta Caracas a vender las verduras y hortalizas que se sembraron en el hogar (o en su hogar).

Mariposa de papel está actualmente en la cartelera venezolana
Mariposa de papel está actualmente en la cartelera venezolana

Es un documental sobre aquellos gochos o andinitos que venden las papas y las cebollas, esos que sabemos que están en la calle de siempre, pero de los que conocemos poco.

En esta obra de no ficción, el director se encarga de adentrar al espectador en el día a día de una familia que se sustenta de su trabajo en la tierra. En Mariposa de papel están la niña María y su papá Nelson, el comerciante. Ella hace las tareas y otros menesteres, mientras él se encarga de todos los pormenores del negocio.

El director de Mariposa de papel afianza en esta obra la belleza de la cotidianidad y el respeto a la labor de sus protagonistas. Como hizo Margot Benacerraf con Araya, Medina Adalfio hace del blanco y negro la paleta necesaria para concentrarse en la intimidad de la labor y sus consecuencias, de la alianza de un equipo para que todo resulte como lo planeado, para que cada momento familiar entre niños y adultos sea la constancia de la disciplina y el amor por lo que son, y la certeza de que saben que tienen una labor en el engranaje.

Es como ser visitante durante unas semanas en un hogar cálido, que brinda la confianza para mostrar lo que son. Y ahí está la cámara cómplice y razonable que comprende un mundo ajeno a cualquier comensal, pero indispensable para el funcionamiento de toda sociedad.

Mariposa de papel
Sin dudas, Mariposa de papel recuerda en su propuesta estética a películas como Araya

Cada plano es un respiro aliciente, una contemplación que respeta a quien aparece en pantalla, a su quehacer y sus palabras. No hay nada que sobre en la película. Todo está hilvanado con la elegancia y el ritmo certero de quien encuentra trascendencia en la simpleza del oficio.

Hay una historia que atrae, pues el realizador se encarga de pormenorizar con precisión cada interrogante y su respectiva respuesta en la obra.

Igualmente, Mariposa de papel sutilmente muestra también aquellas dificultades (o costuras) de esa labor. El camino a Caracas no es fácil, pues hay momentos en los que la labor es adversa para quienes aparecen en el trayecto.

Mariposa de papel
Mariposa de papel es uno de los grandes documentales venezolanos estrenados recientemente

Estrenada recientemente en el país, el largometraje ha estado en el Festival Internacional de Cine Latino de Los Ángeles, el Festival Internacional de Cine de Croacia y el Festival de Cine Venezolano, donde obtuvo el premio especial del jurado, así como también recibió en septiembre de 2024 el Gran Premio Elco del Festival de Cine Entre Largos y Cortos de Oriente.

Mariposa de papel deja constancia del buen nivel del cine documental en Venezuela. Una demostración, además, de cómo lo que se considera común tiene un poder narrativo y estético impensable. La dinámica local que es universal en su ímpetu humano de faena y de familia.

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