Sacaron un escritorio, la camilla y un parabán, como mecanismo de protesta ante las malas condiciones del servicio original, que lleva ya un año en remodelación.

Caracas. Con la linterna de su celular una doctora alumbraba la garganta de un paciente, lo revisó por encima de la ropa e hizo que se subiera a la camilla. Mientras tanto, otro de sus colegas anotaba en unas hojas de reciclaje el diagnóstico preliminar.

Ese sencillo acto médico —salvando el uso del celular como linterna y de las hojas de reciclaje— no se dio dentro de un consultorio, sino en la puerta del hospital José Gregorio Hernández de Los Magallanes de Catia, que este martes se convirtió en una emergencia improvisada.

Los médicos colocaron ahí un escritorio, la camilla y un parabán, como mecanismo de protesta ante las malas condiciones del servicio original, que lleva ya un año en remodelación.

Así, con los pocos recursos atendieron a varios pacientes.

Al paciente no le importó el contexto. Tampoco que se diera en medio de una protesta. Más fuerte era el malestar corporal, que incluso lo hacía enrojecer.

Cuando se bajó de la camilla, pasó otro enfermo y, de nuevo, la misma operación: lo sentaron en la camilla y lo auscultaron. Más nada, pues no tenían tensiómetros ni estetoscopios. La revisión era a vuelo de pájaros.

Los médicos hoy estamos en protesta. Es por los bajos salarios. Yo gano 1,9 millones de bolívares, no tengo transporte para llegar al hospital, no tengo insumos para trabajar y muchas veces somos víctimas de las agresiones y amenazas de los familiares que no entienden la falta de insumos y medicinas, relató Tomás Contreras, médico residente de Cirugía II.

El servicio de la Emergencia de Los Magallanes lleva más de un año funcionando en un espacio que pertenece al archivo de Historias Médicas.

En su momento, la directiva dijo que esa reubicación era por un mes, mientras duraban los trabajos de remodelación. Ahí apilaron cerca de nueve camas, en un ambiente poco aséptico.

Los pacientes no tienen privacidad —todo el que pasa los ve a través del vidrio— no cuentan con aire acondicionado, no hay tomas para las máquinas de oxígeno y ahora no hay enfermeras para atender a los más de 100 pacientes que al día pasan por ese servicio.

Hay contaminación en la emergencia por la cantidad de papeles. Foto Mabel Sarmiento Garmendia

La deserción de enfermeras en este hospital es alta. José Luis Espitia, delegado sindical, dijo que hay tres para atender a 27 enfermos. Se están yendo por los bajos sueldos. En dos meses, calculó, han renunciado entre 400 y 500.

El doctor Contreras dijo que están redoblados con la atención, pues están atendiendo a los referidos de otros hospitales: hipertensos, tiroteados, diabéticos y con traumatismos. Muchos se mueren por falta de medicamentos, dijo.

Las salas de parto y neonatal están a reventar. Este martes, solo en el pasillo del piso 2, había 12 parturientas.

Los médicos contaron que en ocasiones llegan hasta con cinco tactos vaginales, producto del ruleteo. Esto hace a las futuras madres víctimas de infecciones que comprometen la vida del bebé. Con el agravante de que, en Los Magallanes —donde por ahora hay anestesiólogos— no hay Terapia Intensiva ni Neonatal.

En la emergencia Pediátrica tampoco hay tomas de oxígeno. Por tanto, no pueden nebulizar a los niños asmáticos, y se da el caso de que cuando tienen una emergencia los llevan cargados por las escaleras hasta el pabellón para poder conectarlos a las máquinas, equipos que además tienen desperfectos por los frecuentes bajones de luz.

24 días en la calle   

“Maduro te invito a que vivas un día con el salario nuestro”. Esa consigna la gritaban los trabajadores del hospital de Los Magallanes de Catia, que se apostaron en la calle de la entrada principal, mientras los médicos hacían lo propio en la puerta.

Gladys Rondelisco, licenciada en Enfermería, dijo que la protesta continúa, porque les están dando migajas. Nos pagaron un bono de 20 millones, cuando debimos cobrar 60 millones de bolívares, las primas por hijo las redujeron de 3 millones a 1,5 millones de bolívares«.

24 días en la calle llevan los trabajadores de Los Magallanes.

Daniel Hernández, delegado sindical, sostuvo que no bajarán la guardia. El ministro Carlos Alvarado no responde, pero seguimos en la lucha. Todos estamos incorporados. No nos van a amedrentar como lo quisieron hacer en la asamblea del pasado lunes, cuando enviaron a un constituyentista a decirnos que la protesta era ilegal. Esto es un derecho, acotó.

Desde hace 24 días los trabajadores de Los Magallanes de Catia cierran durante dos horas, en la mañana, el acceso principal.

La medida no ha hecho que el director, Juan Carlos Marcano, haya salido a escuchar los reclamos.

Fotos: Luis Morillo

Video: Mabel Sarmiento Garmendia


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