El Balneario de Cachamaure tiene 10 años en el abandono, mientras que en Cumaná calculan que la llegada de turistas se ha reducido en 70 %.

San Antonio del Golfo. El balneario de Cachamaure, en San Antonio del Golfo, es un buen ejemplo de lo que ha sucedido con el turismo en el estado Sucre. Bautizado como el “centro turístico de oriente” hoy parece un cementerio en el que sus 64 hectáreas están desoladas y sus 24 habitaciones están destrozadas, con las puertas y sus marcos arrancados y con sus instalaciones sucias y totalmente deshabitadas. “Esto tiene abandonado como 10 años, y hasta fue invadido, desde que era alcalde (del municipio Mejía) Yonni Patiño”, explicó el activista social de la zona, Rómulo Marcano.

El estado de abandono de la estructura, a unos 30 minutos de Cumaná, no es de extrañar si se considera que el potencial turístico de Sucre no está muy presente en el radar de las autoridades centrales del país. El pasado 22 de abril, el presidente Nicolás Maduro anunció la activación del “motor turismo en el eje caribeño” de Venezuela para otorgar incentivos al sector y mencionó a los estados Zulia, Falcón, Vargas y Nueva Esparta. Esto provocó el reclamo de la Cámara de Comercio e Industria de Carúpano, el 17 de mayo, por la exclusión de Sucre, región que fue incluida unos días después de la protesta por el Gobierno.

El desgastado letrero del balneario todavía muestra algunas de sus atracciones. CRÓNICA UNO/Miguel González.
El desgastado letrero del balneario todavía muestra algunas de sus atracciones. CRÓNICA UNO/Miguel González.

El balneario de Cachamaure era una de las principales fuentes de empleo de los habitantes de San Antonio del Golfo. Los vecinos del pueblo indicaron que otorgaba unos 20 puestos de trabajo directos y muchos más de manera indirecta, pues atraía turistas a las bodegas y negocios de la zona. Todos recuerdan cómo se llenaba en Semana Santa y las fiestas que se hacían en el “paraíso de oriente” que contaba hasta con jardines colgantes de trinitarias. “La administración se volvió pura corrupción”, señaló Armando Rodríguez, quien fue presidente del Concejo Municipal del municipio Mejía.

La infraestructura, originalmente propiedad de la familia del Gran Mariscal de Ayacucho, actualmente pertenece a la municipalidad. Hace unos años, la alcaldía de Mejía la cedió en “comodato” al Círculo Militar y parte del terreno fue cercado por los uniformados. Los vecinos explicaron que aunque el Concejo Municipal, donde el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es mayoría, pidió que se devuelva el terreno al municipio, la alcaldesa, Martha Laura Patiño, no ha respondido a la solicitud. “Se está militarizando un espacio que es público”, se quejó Rodríguez.

CRÓNICA UNO/Miguel González.
La estructura turística está totalmente descuidada. CRÓNICA UNO/Miguel González.

En la entrada de San Antonio del Golfo está el famoso “chorrito caliente” o “borbollón”. Se trata de una tubería clavada a pocos metros de la costa por la que salen aguas sulfurosas o termales a las que se les atribuyen propiedades curativas. Estas aguas calientes surgieron luego de que apareciera una fractura en la playa producto del terremoto de Cariaco en el año 1997. Hay una famosa leyenda de un pintor que venía en su silla de ruedas todos los días a bañarse en el agua y luego recuperó la habilidad de caminar. “Aquí se podría hacer una infraestructura para promocionar esto como espacio turístico, así como en las aguas termales de Las Trincheras (Carabobo), pero no hay esa visión”, se lamentó Marcano.

En Cumaná la actividad turística también parece haber caído en el mismo letargo. El aumento de la inseguridad y las restricciones en servicios como agua y luz no favorecen al sector. Muchos hoteles no cuentan con comida o artículos de primera necesidad como papel sanitario y champú. Uno de los guías que hace los recorridos por el famoso castillo de San Antonio —fortaleza construida por los españoles para defenderse de los barcos piratas en el siglo XVII— calcula que el número de visitantes se ha reducido en 70 %. “La mayoría lo que viene es a la playa, las cosas no van bien”, señaló un nativo al tiempo que pidió la reserva de su nombre.

En febrero de este año, el Consejo Superior de Turismo (Conseturismo) proyectó que la ocupación hotelera en los próximos tres meses sería de apenas 32 %, su nivel más bajo desde el paro general de 2003. Esto incluye épocas donde la cifra suele llegar a más de 60 % como Semana Santa. Los empresarios atribuyen el descenso a la inseguridad, el mal funcionamiento de los servicios, el racionamiento eléctrico, la escasez de insumos y el control cambiario. En febrero la Asociación Venezolana de Agencias de Viajes y Turismo (Avavit) calculó la caída del sector en 30 %.

Obras sin terminar

El cierre de fuentes de empleo ha tenido un efecto devastador en el estado que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) es el que posee el mayor porcentaje de personas en situación de pobreza por línea de ingreso. Pero este no es el único problema. En San Antonio del Golfo el agua llega cada 3 o 4 días. Aquiles Rafael Cedeño indicó que el líquido no llega hasta las zonas más altas debido a que se construyó mal una bomba de agua. “El agua a veces trae fango y piedras. Además, la llave de paso no cierra y el agua se regresa por lo que hay que prenderla otra vez y no viene ni la alcaldía ni Pdvsa, ni nadie”, apuntó. Agregó que tienen que pagar camiones cisterna, que les cuestan Bs. 4.000. “Acabaron con lo que había hecho y dejaron a la mitad lo que comenzaron”, se quejó.

CRÓNICA UNO/Miguel González.
Vecinos de San Antonio del Golfo recuerdan que el balneario de Cachamaure se llenaba en Semana Santa. CRÓNICA UNO/Miguel González.

A pocos metros, a un lado de la carretera, se encuentra un cementerio de ambulancias, promocionadas hace pocos años como un equipo moderno y que ahora son chatarra. “Ahora solo contamos con una ambulancia para toda la gente, muchos se mueren en el camino a Cumaná para ir al hospital en el que tampoco hay nada. La sala de parto del ambulatorio no funciona, no hay aire acondicionado, y las mujeres tienen que ir a Cumaná a parir”, señaló Rodríguez.

Cerca hay una especie de piscina profunda de cemento en medio de la tierra. Se trata de una “laguna de oxidación” construida hace unos diez años y cuya finalidad era tratar las aguas servidas antes de arrojarlas al mar. A pesar de que, según los pobladores, costó miles de millones, hoy está comida por la maleza y luce irrecuperable. “Nosotros no tenemos sistemas de cloaca y lamentablemente toda esa agua llega al mar sin ser tratada”, expresó Marcano.

El activista también denunció que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) no distribuyen comida suficiente en la población, en donde se ha agudizado la escasez tras los saqueos en la ciudad de Cumaná el pasado martes. “Lo que venden son dos kilos de azúcar, una leche, dos kilos de arroz, una harina y un aceite, no hay carne, pollo o granos. Eso viene una vez al mes. Para la gente de las zonas rurales no llega nada y ellos son 60 % de la población, eso no puede ser inclusión”, opinó Marcano.

Fotos: Miguel González

CRÓNICA UNO/Miguel González.
Los vecinos pidieron al Gobierno que aproveche las potencialidades turísticas de San Antonio del Golfo. CRÓNICA UNO/Miguel González.

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