Un hombre fingió ser un adoptante de perros para abusar de una voluntaria, tras raptarla de un refugio canino en Caracas. Aimee Zambrano, coordinadora de la ONG Utopix, alertó que este caso refleja una de las formas más comunes en que se ejerce la violencia contra las mujeres en Venezuela.
Caracas. A las 5:00 p. m., cuando la jornada terminaba y el sol comenzaba a ceder sobre el oeste de Caracas, Eugenia* cerraba las puertas del Refugio El Valle. Un vehículo marca Toyota de color azul se detuvo frente a la entrada. Dentro, un hombre le pidió información sobre los perros. Quería saber cómo ayudar. O eso dijo.
Minutos después, las preguntas sobre adopciones se tornaron en amenazas. El desconocido bajó del vehículo, señaló a un perro y, sin aviso, se abalanzó sobre ella. La agarró del cabello, le tapó la boca y la obligó a subir al auto.
Dentro del vehículo comenzó el horror: tocamientos, besos forzados y una amenaza constante. Si no obedecía, la mataría.
“Nos comentó que el hombre medía 1,80 metros. Una vez dentro, empezó a tocar sus partes íntimas y a besarla. La obligó a practicarle sexo oral mientras estaban en el carro y la amenazó con desaparecerla si no obedecía”, denunció Rincón.
La directora del refugio, Cristina Rincón, aún sacudida por los hechos, relató cómo Eugenia fue liberada dos horas después, lanzada desde el carro en movimiento detrás del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Ince) de la avenida Nueva Granada. Al dejarla ir, el hombre la amenazó con volver si hablaba o lo denunciaba.
En El Valle, más de 70 perros son cuidados por un grupo de mujeres que trabajan solas desde muy temprano en la mañana hasta el final de la tarde. Es decir, de 7:00 a. m. a 5:00 p. m.

“No nos sentimos seguras aquí. Siempre hemos sido víctimas de violencia por ser mujeres. Este hecho nos recuerda que en Venezuela persiste la violencia machista”,
lamentó.
Acoso y abuso sexual
Aimee Zambrano, coordinadora del monitor de femicidios de Utopix, fue tajante: “El caso del refugio El Valle se trata de un abuso sexual porque, aunque no hubo penetración, sí vulneró su derecho a decidir sobre el acto sexual”.
Recordó que la violencia sexual no siempre responde a una imagen estereotipada del delito: muchas veces se disfraza de gestos cotidianos, de una falsa amabilidad, de un supuesto interés.
La experta explicó que la línea entre el acoso y el abuso sexual es delgada, pero ambos están tipificados en la ley como formas de violencia contra la mujer, ya que ocurren en situaciones de desigualdad de poder donde el agresor tiene el control para imponerse a la víctima.

Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en todo el mundo, cerca de 736.000.000 de mujeres, en promedio casi una de cada tres, han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja o desconocido.
Agresiones constantes
Rincón señaló que hombres e indigentes que transitan por la zona han agredido verbalmente a otras colaboradoras de la fundación. Aunque estas situaciones no han escalado al maltrato físico, porque el personal suele permanecer dentro de las instalaciones.
“Nos han robado y amenazado con armas blancas para obligarnos a abrir la puerta, pero no lo hemos hecho. Algunas veces ha ocurrido cuando estábamos acompañadas”,
relató.
Desde la fundación, denunció Rincón, este no es un caso aislado. Las trabajadoras han aprendido a convivir con la amenaza recurrente: el miedo se instaló entre los sacos de comida para perros y las jaulas oxidadas. La agresión a Eugenia rompió el frágil escudo de rutina que las protegía.

“Antes, nuestra única preocupación eran los perros. Ahora se añade una nueva: resguardar la integridad de nuestro equipo”, confesó Rincón, con una mezcla de rabia y resignación.
Desde entonces, ninguna quiere quedarse sola. Han reforzado horarios, evalúan cerrar más temprano.
Investigación en curso
Rincón detalló que, tran pronto como pudieron, trasladaron a Eugenia a la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), ubicado en Coche, para formalizar la denuncia. En esa sede le practicaron los exámenes médicos forenses para documentar la agresión.
“Nos dijeron que todo va bien. Ella hizo el retrato hablado y nos dijeron que una vez tengan al agresor, el caso pasa a la fiscalía”.
A juicio de Rincón, la rápida difusión del caso a través de las redes sociales ha ejercido presión sobre las autoridades. Zambrano destacó que la denuncia ante las autoridades es el mecanismo que permite activar la investigación y hace posible sancionar la violencia e iniciar el proceso de reparación en las víctimas.

Agregó que, en ocasiones, la vítima es revictimizada por los funcionarios, porque no tienen experiencia en estos casos de agresión. Por eso, se recomienda que las mujeres hagan la denuncia acompañadas de organizaciones que ofrecen apoyo en casos de violencia.
Además, esto demuestra la urgencia de fortalecer la educación sobre violencia sexual y capacitar a funcionarios públicos.
“Es fundamental que existan campañas de prevención de la violencia sexual que eduquen tanto a hombres como a mujeres. Las mujeres deberían poder vestir y moverse libremente sin temor a ser víctimas de violencia. La educación y concienciación son clave en la lucha contra esta problemática”,
aseguró.
Entre tanto, en El Valle, la vida en el refugio continúa, aunque la calma no ha vuelto ni con el paso de los días. Las mujeres siguen en sus puestos, entregadas al cuidado de los animales, con el miedo aún agazapado entre los barrotes.
(*) Se modificó el nombre de la fuente por medidas de protección.
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