Padres buscan alternativas para no sacrificar merienda escolar de sus chamos

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La incertidumbre sobre qué pueda ocurrir en la economía venezolana preocupa a padres y representantes consultados por Crónica.Uno en la plaza Brión de Chacaíto y el centro de Caracas. Frente a eso, algunos buscan opciones para amortiguar el estómago de sus hijos en medio de la crisis económica.

Caracas. A pocos días de que inicie el período escolar 2019-2020, en un país que está próximo a cumplir dos años en hiperinflación y con el salario mínimo más bajo del mundo, los papás se reinventan para que los más pequeños tengan una merienda que complemente su alimentación. Frutas, chucherías económicas y postres hechos en casa se encuentran entre las opciones de quienes aún pueden, a duras penas, brindarle algo más a sus chamos.

En la casa de Yelitza Cedeño, las galletas y los dulces no están en la lista de prioridades cuando van al supermercado desde que la crisis económica tocó sus puertas en 2016. Además de su dieta alimenticia, en la cual tuvieron que sustituir carne, pollo y harina de maíz por granos, sardinas y yuca, Yelitza tuvo que sacrificar por un tiempo los gustos de su hijo de 10 años.

Atrás dejó los tres paquetes de galletas que compraba semanalmente, al igual que el chocolate de taza que le servía a su hijo una que otra mañana antes de ir al colegio. En cambio, Yelitza tuvo que empezar a comprar galletas de soda y frutas como mango, cambur y mandarina pues era lo que menos alteraba su presupuesto. 

Poco a poco nos hemos podido estabilizar. Mi esposo consiguió un mejor trabajo y en mi trabajo ahora dan bonos para que la gente no se vaya. Gracias a eso es que hemos podido cubrir los gastos escolares: útiles, uniformes, inscripción, comida, dice.

Consciente de lo que supone gastar cada bolívar en algo que no sea esencial, la mujer trata de controlar que lo que compra para la merienda de su chamo “rinda lo más que pueda”. 

Todas las mañanas le pregunto si se quiere llevar la merienda al colegio o si se la va a comer en la casa cuando llegue. Si decide dejarla, cuando puedo le meto una fruta en el bolso para que ‘amortigüe’ mientras llega, señala la madre.

De entrada dice que negarle la merienda a su hijo sea una opción para paliar la situación económica en su casa, pues es de las pocas cosas que aún puede brindarle frente a otras que han disminuido como los paseos y la compra de ropa y zapatos. “Los niños no tienen la culpa de lo que está pasando”, sostiene. 

De acuerdo con cifras divulgadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), de 2014 a 2018 el consumo se contrajo casi 50 %. Los precios de calzado, transporte y recreación aumentaron —tan solo en abril de este año— 30,9 %, 50,1 % y 47,3 % respectivamente, según el ente emisor.

Un caso distinto es el de María José Zapata, enfermera de 41 años. Aunado al recorte de gastos que ha tenido que hacer para rendir los dos salarios que gana, María se ha visto obligada a disponer de parte de las remesas que recibe su hija desde Chile.

Mi esposo se fue el año pasado y nos ha estado mandando para comprar comida y todo lo que necesitamos. Aparte, le manda dinero extra todas las semanas a la niña para que compre su merienda o lo que necesite y le alcance, señala María José.

Afirma que su hija “nunca ha sido de chuchear, sino más de comer postres o tortas”. A ambas les gusta cocinar, y desde que se dieron cuenta de lo caro que es comprar un dulce en la calle, decidieron preparar sus meriendas.

Ella entiende la situación en la que todos estamos, tiene 14 años, y como le gusta cocinar hace sus quesillos y tortas. Compra sus ingredientes y a veces me dice que use parte de lo que quede de su mesada. Muy pocas veces me pide que compre chucherías porque lo de ella son las tortas, exclama la madre.

Otros, por su parte, encontraron en las frutas y las chucherías más económicas la opción para no dejar de lado el amortiguador de los chamos mientras están en las aulas. 

Álvaro Méndez, padre de un niño de 7 y otro de 12 años de edad, dice que desde hace tiempo en su casa compran frutas porque las galletas superan por mucho su presupuesto mensual. 

“Compramos cambures, mandarinas, naranjas y los chamos se las llevan, les gusta”, dice Álvaro. La cantina del colegio donde estudian dejó de ser una opción desde hace dos años pues “todo se puso incomprable

Recuerdo que mi hijo mayor estaba en quinto año y con lo que le dábamos no rendía para nada. Ahí empezamos a mandarles frutas o chucherías, pero llegó un momento en que las chucherías también se pusieron por las nubes, dice.

Sin embargo, Álvaro, cuando va a buscar a sus hijos, les compra una que otra chuchería económica que encuentre en la calle, como chupetas o caramelos para que aguanten mientras llegan. 

La incertidumbre sobre qué pueda ocurrir en la economía venezolana preocupa a Álvaro y otros padres consultados por Crónica.Uno en la plaza Brión de Chacaíto y el centro de Caracas.

Álvaro, por ejemplo, teme que llegue un punto en el que no pueda comprar más frutas para sus hijos.

Dayana Briceño, otra madre consultada, dice que el constante aumento de precios de los alimentos, que se había desacelerado entre marzo y julio, le preocupa tanto a ella como a su esposo pues tienen que cubrir los gastos escolares de sus dos hijos y no quieren verse obligados a sacrificar cosas tan esenciales como la merienda. 

La Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (AN) indicó que el índice de inflación del mes de agosto fue de 65,2 %, casi el doble que el de julio. El rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas, por su parte, aumentó 27,4 % durante el octavo mes del año.

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