Con la temporada de lluvias y la sequía que se avecina por el fenómeno de El Niño, resurge la urgencia de planificar políticas públicas en gestión de riesgos. Expertos sugieren al Estado mitigar los riesgos de desastres en las comunidades vulnerables y, al mismo tiempo, gestionar los recursos hídricos para evitar que se agudice aun más la falta de agua en los meses próximos.

Caracas. Con la temporada de lluvias las comunidades vulnerables de la ciudad enfrentan una doble amenaza. Por un lado, una red de drenajes obsoleta diseñada hace más de medio siglo, que quedó superada por la impermeabilización del suelo urbano. Por el otro, precipitaciones más intensas y concentradas a causa del cambio climático.

Fuentes consultadas por Crónica Uno advierten que la falta de planificación estatal multiplica el peligro en la ciudad. Las zonas urbanas asentadas sobre altas pendientes y las comunidades están expuestas a la mayor vulnerabilidad ante las lluvias, debido a que muchas viviendas ocupan terrenos inestables sin estudios técnicos o una identificación formal de riesgos.

A la obsolescencia técnica se suma la falta de mantenimiento por parte del Estado, cuyas labores en las vías públicas se limitan a trabajos de embellecimiento que poco o nada mitigan la vulnerabilidad de la población.

Factores de riesgo y saturación de suelos

El 15 de junio el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) activó los protocolos de vigilancia ante la llegada de la onda tropical número 15 al territorio, prevista entre el 16 y el 17 de junio.

El ingeniero y especialista en hidrometeorología de la UCV, Valdemar Andrade, advierte que las zonas urbanas asentadas sobre altas pendientes y geología inestable corren un peligro crítico. Esta situación empeora en la actualidad por la imprevisibilidad del clima, cuyos patrones cambiaron de forma drástica debido al calentamiento global, lo que provoca tormentas cortas pero mucho más fuertes.

En San Antonio del Táchira, el paso por la vía Peracal-Rubio quedó restringido. Foto: Maryerlin Villanueva

De acuerdo con sus análisis, un solo aguacero que supere los 30 milímetros de agua —el equivalente a 30 litros por metro cuadrado—, o una secuencia de tres a cinco días continuos de precipitaciones, bastan para saturar el suelo por completo. Cuando esto ocurre sobrevienen deslizamientos de tierra de forma inevitable.

Andrade puntualiza que, a diferencia de años anteriores, el panorama meteorológico actual es cambiante. El paso de las primeras 15 ondas tropicales del año dejará un déficit de lluvias en la zona norte costera del país, a diferencia del sur y el occidente, donde la zona de convergencia intertropical genera abundantes lluvias.

Las temporada de lluvias plantea desafíos estructurales. Foto archivo

Eso significa que la temporada de precipitaciones no durará mucho. Para agosto de 2026 se espera el inicio del fenómeno de El Niño, un evento climático natural que suele provocar el calentamiento anómalo de las aguas superficiales en el océano Pacífico ecuatorial y que en el país se extenderá hasta principios de 2027.

Informes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) sugieren que El Niño podría ser uno de los fenómenos más fuertes desde hace décadas.

“En 72 % de las veces la llegada del fenómeno El Niño origina lluvias menores que el promedio en el país. La recomendación para las empresas hídricas es que hagan un manejo óptimo y racional del recurso, ya que se estima que va a haber un déficit. Y para la población, que se prepare con el almacenamiento de agua en su vivienda para poder paliar el déficit que se avecina en el resto del año”.

explicó Andrade

Construcciones vulnerables

A mediados de mayo el Ministerio de Obras Públicas realizó trabajos de limpieza y dragado en el cauce del río Guaire, a la altura del sector Baloa, en Petare, como forma de mitigar el impacto de las lluvias en la cuenca del río.

Además de estos trabajos las autoridades anunciaron el saneamiento de 127 quebradas y 43 caños en las 22 parroquias caraqueñas, además del desmalezamiento de 178.000 metros cuadrados de superficies cercanas a ríos y quebradas.

El dragado del rio busca mitigar los riesgos. Fotografía: Tairy Gamboa archivo

Eduardo Villarroel, experto en gestión de riesgos, cuestiona el alcance de los trabajos gubernamentales en la capital. Si bien se observan cuadrillas de limpieza en cuencas clave como el río Guaire, a la altura de Baloa y La Línea, en Petare, estas acciones parecen más orientadas al ornato y al cuidado de áreas verdes que a resolver problemas de fondo.

“Ninguna institución del Estado ofrece datos precisos sobre la preparación real de la infraestructura urbana frente al período invernal”.

La falta de áreas verdes impide que los suelos drenen el agua. Foto: Manuel Díaz

Ambos expertos coinciden en que las catástrofes no se deben a causas naturales o divinas. Villarroel explica que el desastre ocurre cuando la sociedad construye de manera inadecuada y no reconoce sus propias debilidades.

“En las zonas populares, la edificación improvisada de viviendas destruye la vegetal que estabiliza los terrenos. Al carecer de criterios de ingeniería y de normas mínimas de soporte, estas casas quedan desprotegidas ante la fuerza del agua”.

En los puntos neurálgicos de la ciudad como la Candelaria, La Florida, El Paraíso, San Martín, Los Chaguaramos, Los Cortijos, Los Ruices y San Bernardino sufren afectaciones, el colapso suele ser evidente.

Crecimiento urbano

Investigaciones académicas de ingeniería hidráulica lideradas por la UCV apuntan que el colapso de las avenidas principales de la capital responde a un desfase en los cálculos de diseño. Esto ocurre en parte porque el sistema de drenajes y la canalización del río Guaire se diseñaron con datos hidrológicos recopilados a mediados del siglo XX.

Lluvias
Aunque las precipitaciones causan estragos y dejan damnificadas a miles de familias, son vitales para la dinámica fluvial. Foto: referencial/archivo

El crecimiento demográfico de la urbe redujo las zonas agrícolas y las áreas verdes que antes absorbían el agua. En las zonas urbanas, las construcciones sin control han impermeabilizado el territorio. Esto le impide al agua de lluvia filtrarse en la tierra, por lo que corre con rapidez por la superficie en forma de “picos de creciente” que colapsan los sumideros y colectores antiguos.

La oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) recomienda, en entornos urbanos expuestos a lluvias intensas: crear mapas de inundación actualizados, analizar la capacidad de absorción de los suelos, ampliar y modernizar las redes de drenaje obsoletas, construir muros de contención en colinas vulnerables y limpiar cauces de ríos.

Los especialistas recomiendan tomar precauciones si el agua cae de forma intensa y prolongada:

  • Vigile el agua: El riesgo de aludes incrementa tras varias horas de lluvia continua.
  • Escuche el entorno: Preste atención a ruidos extraños, como crujidos de árboles o golpes de piedras en los cerros.
  • Evacúe a tiempo: Salga de inmediato con su familia hacia un refugio seguro si nota peligro.
  • Evite zonas de riesgo: Manténgase lejos de las laderas y de terrenos inestables en riesgo de colapsar.

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