El médico de los pobres ya no será más “el Venerable”, con el visto bueno del Papa y el Colegio de Cardenales, el científico venezolano sube a los altares. Desde el día de su beatificación se le podrá rendir culto público, celebrar misas por su intercesión y ser un modelo de vida cristiana para los demás.

Caracas. La certeza de que José Gregorio Hernández está en el cielo e intercede ante Dios ya es un hecho: el papa Francisco ha dado el sí a la beatificación del venerable médico venezolano y la alegría de los venezolanos es patente desde que empezó a correr en las redes sociales el rumor de que la Comisión de Cardenales había dado el siguiente paso del proceso eclesiástico el pasado miércoles 17 de junio. 

Desde el 29 de junio de 1919, cuando murió en un accidente de tránsito mientras compraba unas medicinas para un paciente, el pueblo venezolano lo consideraba un santo y su funeral fue uno de los más concurridos de los que se tuviera noticia en la Caracas de principios del siglo XX. 

Cien años pasaron para que la Santa Sede declarara beato al llamado Médico de los Pobres, que hizo mucho por el avance de su profesión en Venezuela junto con otros sabios médicos del país, como Luis Razetti, Santos Dominici y Francisco Antonio Rísquez, por citar algunos.

En la red social Twitter la Conferencia Episcopal Venezolana informó que «José Gregorio Hernández ‘el Médico de los pobres’ de Venezuela está entre los nuevos beatos. En su audiencia con el cardenal Angelo Becciu, el Papa autorizó los decretos que darán a la Iglesia cuatro beatos».

El próximo paso es la beatificación, que se espera sea anunciada por la Conferencia Episcopal o el mismo Papa.

La beatificación y la canonización implican para los fieles católicos el reconocimiento de que el mensaje del evangelio predicado por Jesucristo en su paso por la tierra es posible vivirlo en su totalidad, cada persona según sus circunstancias particulares, sin importar cuál sea su profesión u oficio, siempre que esa labor no sea ofensa a Dios. 

José Gregorio Hernández fue médico y desde su profesión supo seguir los pasos de Jesús, cuyo mensaje vivió con naturalidad, ayudando a ricos y pobres, a sabios e iletrados, y con una profunda vida de oración y servicio. 

Hará falta un nuevo milagro tan incuestionable como en el de Yaxury Solórzano Ortega –quien a sus 10 años recibió un disparo en la cabeza y la pequeña sanó sin secuelas– para que el nuevo beato suba el escalón a la canonización y se le rinda culto público en la Iglesia Universal. La certeza de la voz del pueblo que lo proclamaba santo ya se oyó en el sí de la voz de Dios, recogido en la firma y sello del Papa Francisco.

Foto: Gleybert Asencio
El camino hacia el altar

Lucas Guillermo Castillo llevó en 1949 los oficios de beatificación y canonización de José Gregorio Hernández. Un paso que tuvo su primer fruto en 1986, cuando el papa san Juan Pablo II lo decretó venerable por haber vivido su compromiso cristiano y practicado las virtudes en grado de heroico. 

Pero, para la beatificación, se necesitaba algo más: la Congregación para la Causa de los Santos debía declarar oficialmente la autenticidad de un milagro. Un hecho que, con toda certeza y sin explicación científica, demostrara que había una intervención divina. 

Así que la Vicepostulación venezolana de la causa presentó dos presuntos milagros. El primero en 1986, y el segundo, en el año 2009. Ninguno cumplió con las exigencias de la Santa Sede, hasta que en enero de 2019 se llevó el expediente con las pruebas médicas y teológicas de un caso ocurrido en el estado Guárico con la niña Yaxury Solórzano Ortega.

El siguiente paso era que la plenaria de cardenales y obispos le dieran el visto bueno. Cuando lo consiguieron, comenzaron los rumores en el país durante el 17 y 18 de junio. Los creyentes ya veían con ansias que el Papa lo ratificara con su firma y se hiciera el anuncio público. 

Declaración del obispo de Nueva Esparta, monseñor Fernando Castro, quien fue vicepostulador de la causa de José Gregorio Hernández hace unos años y le dio el empuje que le faltaba. Escucha el audio en:

Foto: Tairy Gamboa
La ruta de un santo

La Arquidiócesis de Caracas recordó los lugares por donde peregrinó el doctor José Gregorio Hernández, que hoy son sagrados para sus fieles: 

-Iglesia Divina Pastora: José Gregorio Hernández se levantaba temprano para ir a este templo y oír la misa de rodillas. Vivió gran parte de su vida en La Pastora, a pocos metros de la esquina de Amadores, donde sufrió el accidente que le causó la muerte.

-Parada en la porciúncula: forma parte de la tercera orden franciscana donde José Gregorio Hernández se consagró viviendo el carisma de San Francisco de Asís. 

-Iglesia de Las Mercedes: fue vecino de este templo que estaba vinculado a la tercera orden franciscana. A José Gregorio Hernández le quedaba de paso cuando iba a su trabajo. Además, acostumbraba arrodillarse ante la imagen de Nuestra Señora de Las Mercedes.

-Palacio de las Academias: cursó sus estudios de Medicina en esta institución y se graduó con una calificación sobresaliente. Luego de hacer un postgrado en París, regresó al país para instalar en este edificio el primer laboratorio de fisiología experimental. Lo nombraron director y catedrático de Histología y Bacteriología.

-Hospital José María Vargas: asumió la dirección de laboratorio de este hospital, donde hizo exámenes histopatológicos y formó a la generación de relevo. 

-Catedral de Caracas: José Gregorio Hernández fue vecino en varios momentos de su vida de este templo. Según cuentan, concurría a la santa misa y se confesaba con el padre Juan Bautista Castro. 

-Asilo de los Huérfanos: se fundó el 24 de julio de 1878 para servir a los niños desamparados que dejó la Guerra Federal. José Gregorio Hernández tenía por costumbre visitarlos y examinarlos.

-Esquina de Amadores: salió a hacer su última obra de caridad. Atender a una anciana que se encontraba grave. Cuentan que se escuchó la expresión ¡Virgen santísima! en el momento en que el automóvil lo atropelló.

-Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria: allí reposan sus restos desde el 23 de octubre de 1975, cuando fueron trasladados desde el Cementerio General del Sur. 


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