La muerte de Héctor Guerrero Flores, el líder del Tren de Aragua, no desmanteló el pranato minero que continúan disputándose el control de las minas al sur del estado Bolívar.
Ciudad Guayana. La neutralización de grupos irregulares armados en zonas mineras del estado Bolívar no concluyó con la caída de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, apodado “niño Guerrero”. Al sureste del país opera una amplia red de organizaciones criminales que conformaron un pranato minero.
No hay hasta ahora información oficial sobre otros líderes de estos grupos irregulares. Si bien, el “niño Guerrero” era el líder principal del Tren de Aragua, en Las Claritas, se identifican otros “jefes” de las minas.
Juan Gabriel Rivas Núñez, conocido como “negro Juancho”, tiene más de una década con el control de las minas en Las Claritas y el Kilómetro 88. Comenzó como “batero”, cuando llegó por primera vez de Valencia a trabajar en una mina de Bolívar. Su nacionalidad es colombiana pero presuntamente se nacionalizó luego como venezolano.
Está solicitado por la Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal, por sus siglas en inglés) por los delitos de contrabando agravado, tráfico ilícito de materiales estratégicos y actividades ligadas a la explotación ilegal de oro. En 2023 fue detenido en Brasil, y Venezuela solicitó formalmente su extradición.
En mayo de 2025 se fugó de su arresto domiciliario a la espera de su extradición. Y se conoció que usó a otra persona de características físicas similares para evadir el monitoreo electrónico de las autoridades.
El segundo al mando es Yohan José Romero, conocido como “Johan Petrica”, señalado como cofundador del Tren de Aragua y lugarteniente cercano de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, al incluirlo en las sanciones que emitió en julio de 2024. El Departamento de Estado ofreció cuatro millones de dólares como recompensa por su captura.
En la misma línea de mando en Las Claritas, está Humberto Martes, conocido como “Humbertico”, así como su padre del mismo nombre, apodado el “viejo Humberto”.
El Dorado
En El Dorado, también en el municipio Sifontes, domina la figura de Fabio Enrique González Isaza, conocido como el “negro Fabio”. Además de El Dorado, se maneja extraoficialmente que sus zonas de influencia son áreas como El Chivato, La Pelota y La Pelotica.
De acuerdo con investigaciones de Transparencia Venezuela se le ha atribuido delitos de extorsión a mineros, homicidios, secuestros, tráfico y venta de armas, contrabando de oro, y trata de personas con fines de explotación sexual.

Se le conoce también por influir en el pueblo al realizar actividades comunitarias, reparaciones de escuelas, entregas de alimentos y apoyo a eventos locales mediante la llamada Fundación Corazón de Azúcar, una estrategia con la que ha ganado legitimidad social en El Dorado.
De forma similar operan otras bandas en el municipio Sifontes. Existe la fundación 3R, la cual en varias oportunidades se ha deslinda del Grupo 3R u Organización 3R. El pueblo de Tumeremo, en cambio, sostiene que “es la misma gente, solo que se disfrazan de fundación para hacer obras benéficas y refugiarse en el apoyo del Gobierno”, dijo una fuente oriunda de la zona, quien vivió en Tumeremo hasta mediados de 2023.
Su principal líder es Eduardo José Natera Balboa, conocido como “Run” o “pelón Natera”.
El Tren de Guayana
Por otra parte, está el Tren de Guayana. Surgió en San Félix y se extendió a zonas mineras como Guasipati, El Callao, incluso tuvo control en minas de Tumeremo, tomadas luego por 3R.
Actualmente, su principal líder es Ronny Yackson Colomé Cruz, conocido como “Ronny Matón”. Santos José Ordinola Martínez, alias “Cabezón”, figura como segundo al mando. Anteriormente estuvieron Yorman Pedro Márquez Rodrígue, “Gordo Bayón” y Phanor Vladimir Sanclemente Ojeda, “Capitán”, quien asumió el mando tras la muerte de Gordo Bayón.
Organizaciones como Provea recordaron que “la creación del Arco Minero del Orinoco, en 2016, propició la masificación de las actividades mineras a gran escala —con la consecuente afectación al medioambiente y a los territorios indígenas— y las crecientes disputas entre agrupaciones irregulares y agentes del Estado para controlar los territorios y ejercer la dirección de las economías criminales que se sostienen de la riqueza del subsuelo”.

