Los productores andinos a pesar del rosario de dificultades seguiran sembrando para abastecer al país

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Denuncian la dificultad de abastecerse de combustible, el pésimo estado de las vías para transportar la mercancia a los mercados principales, los pagos con combos de hortalizas o dólares en las alcabalas (que parecen multiplicarse a través de la geografía nacional) y la competencia desleal con los productos traídos de contrabando desde Colombia.

Caracas. Para Gerson Pabón, productor de hortalizas del estado Táchira y director de Fedeagro, el cultivo de hortalizas y la producción de alimentos es su objetivo de vida. “Seguirá siendo productor hasta su muerte, porque no sabe hacer otra cosa, a pesar de las adversidades, de las múltiples trabas, seguirá sembrando para proporcionar alimentos al país”, afirma.

“Ahora mismo no sólo traemos el combustible de Colombia, también los fertilizantes, las semillas y los agroquímicos, con reservas, porque hay mucho producto adulterado”, explicó Pabón.

Otros agricultores del municipio Rivas Dávila en Mérida denuncian que se ven obligados a comprar fertilizantes, agroquímicos para combatir las plagas y semillas a comercios en Colombia y aparte de ser caros, pueden venir adulterados. “Nos vemos obligados a comprar a distribuidores que no tienen permisología ni registros sanitarios, eso pone en riesgo la cosecha y nuestra propia salud, porque estamos usando químicos que no pasan por controles mínimos, pero igual nos arriesgamos porque no podemos dejar de producir”, aseguran.

El combustible que necesitan lo traen de Colombia también, porque tenemos la suerte de estar al lado. Los productores de otros estados andinos: Trujillo y Mérida tienen más dificultades por la distancia, explicó Gersón Pabón.

“Aquí nos manejamos un 80% en pesos colombianos y un 20% en dólares. Los bancos quedaron de adorno, porque no hay bolívares salvo los de las tarjetas que se calculan al valor del peso del día”. Los bancos quedaron de adorno al no haber efectivo en bolívares, agrega.

Una preocupación para cualquier productor venezolano es el contrabando de hortalizas de Colombia con permisos otorgados por los mismos cuerpos de seguridad venezolanos para que puedan pasar por las alcabalas, que no son pocas. “De San Cristóbal hasta El Vigía hay como 18”, asegura Pabón.

Pedimos controles para evitar esto, aunque siempre habrá una trocha en esta extensa frontera, afirma.

“Lo que más incrementa los precios es la matraca en cada alcabala y hay cada vez más alcabalas. Tenemos que armar bolsas con combos de hortalizas para dejar una en cada punto de control, eso o dejar dólares, y eso encarece el producto cuando llega al consumidor final”.

Gersón Pabón recuerda que el panorama de la agricultura cambió mucho y para peor desde expropiación de Agroisleña en octubre de 2010.

En 20 años de revolución, si alguien ha mantenido al país con comida son los verdaderos productores, integrantes o no de las organizaciones bien sea de ganaderos o agricultores, independientemente de si pertenecen o no a Fedeagro, dijo.

La producción agrícola desde 2008, ha caído más de 70% por varias razones como la intervención de la propiedad agraria como ocupaciones, confiscaciones y expropiaciones, las trabas para conceder créditos bancarios, el control de precios, la inseguridad y la escasez de semillas, fertilizantes y agroquímicos, la falta de tecnología y estos últimos años la falta de combustible, según datos de la redagroalimentaria.org

Rosario de dificultades

Un productor de rosas de Bailadores, estado Mérida recita esta lista de sus principales problemas para sembrar y vender sus productos: falta de combustible (principalmente gasoil), vías en muy malas condiciones, los agroquímicos y fertilizantes que tenemos que comprar en Colombia, que no ofrecen garantías sanitarias y, a veces, están adulterados.

No podemos reparar o comprar máquinas nuevas para trabajar el campo, porque no hay dinero para invertir.  Los sistemas de riego envejecieron y es imposible cambiarlos.

Zulieta Carolina Morales, agricultora independiente de Bailadores, en Mérida asegura que la cadena de comercialización es perjudicial desde su inicio. El eslabón más débil es el agricultor que debe vender a precios mínimos y esperar hasta un mes para recibir el pago de la mercancía.

El último eslabón, el consumidor también se ve afectado, porque en ese largo camino desde el agricultor hasta el consumidor se sortean tantas trabas, que el producto sube muchísimo, tanto que es difícil comprarlo, explica Morales.

Morales cuenta que el problema de la gasolina ha mejorado un poquito, por lo menos en Mérida, lo que está duro es conseguir gasoil.

“El gran problema es el gasoil para mover los motores de las máquinas de riego y los motores de las máquinas de fumigar los cultivos, las plantas eléctricas, los mismos tractores, porque no se consigue, no lo han puesto a precio internacional oficialmente. Cuando llega a la Estación de Servicio de Bailadores, llaman a los VIP y tenemos que pagarlo desde 0,50 hasta 0,80 centavos de dólar”, afirma Morales.

“A como les ronque a ellos venderlo” y hacer una cola de todo un día, ese día de trabajo se pierde, agrega.

Ganancia exagerada

Morales cultiva rosas y explica “aquí un paquete de 24 rosas te lo pagan a 3 dólares, en Caracas te cobran por una rosa, 1 dólar. Imagina cómo se encarece el precio. Nosotros aquí bajo el sol, trabajando la tierra y en contacto directo con el veneno de los agroquímicos, y viene el comerciante le gana esa enorme diferencia, pero es que antes de llegar a las ciudades hay también muchos gastos de transporte, el combustible y de matraca”.

Por ejemplo, un saco de cebollas a puerta de finca puede costar 60 dólares y en Caracas puede pasar de los 300 dólares, sin ser números exactos, refleja el aumento excesivo del producto cuando llega al consumidor, señala Morales.

Al final perdemos todos, el agricultor que cobra poco y el consumidor final que quizá no compre por los altos precios. Se sabe que en las ciudades el poder adquisitivo ha bajado bastante, dice Morales.

Algunos productores de ese estado, que prefieren el anonimato denuncian que Freddy Bernal, el recientemente electo gobernador del estado Táchira y antes protector, es uno de los responsables del contrabando de hortalizas desde Colombia. “El agricultor venezolano queda orillao” mientras se pudren sus cosechas de papas, zanahorias y cebollas. Estas mafias hunden nuestra agricultura trayendo mercancía de Colombia para competir deslealmente. Presumen que esta práctica les permite legitimar capitales provenientes de otros negocios ilícitos.

José Luis Guillen Méndez presidente de una asociación de productores Asopromol en El Molino, en Canaguá, al sur del estado Mérida, asegura, igualmente, que los productores andinos no dejarán de sembrar, a pesar de las dificultades.

Aquí en el sur del estado las vías están destruidas, no han recibido mantenimiento en por lo menos 10 años, huecos, malezas, caminos de tierra vías en las que desapareció el asfaltado, debo pasar todo eso para llegar con mi camión cargado con mercancía hasta Mérida capital. En el viaje tardó por lo menos 5 horas.

“Aquí se produce tomate, pimentón, cebolla, papa, ajo, maíz, caraota, zanahoria, remolacha, repollo calabacín, café y el mejor queso ahumado de los andes. Hay un potencial enorme en lo que es la mano de obra, las tierras y el agua dulce para la siembra, pero se necesita apoyo del gobierno”, dice Guillen.

No pedimos nada regalado, solo que se nos abran las puertas de la parte crediticia para financiar nuestras necesidades para seguir produciendo, agrega.

El contrabando también nos está perjudicando mucho porque llegan a diestra y siniestra hortalizas de Colombia. Ese problema se salió de control no sólo en Mérida sino en Apure y Zulia, porque hay mafias que pasan mercancía por medio de los protectorados o de las gobernaciones oficialistas con facturas y permisos que les permiten pasar por los puntos de control sin problema.

Eso afecta no solo al productor hortícola, sino al ganadero, porque de Colombia se trae pollo, cerdos, carne de res y eso daña al productor nacional. La idea es apostar por el producto nacional, insiste Guillen.

 “Hay que recordar que mamá Pdvsa y papá petróleo se acabaron. Ahora hay que recuperar al país a través del cultivo de las tierras”, afirma el productor merideño.

En Mérida hay 20.000 hectáreas para la siembra de hortalizas, de las cuales 8.000 hectáreas son destinadas a la producción de papa a nivel nacional. Los estados andinos le producen al país más del 85% de las hortalizas que se consumen a nivel nacional, por eso pedimos que nos permitan seguir produciendo con mejores condiciones, señaló, finalmente, Guillen.


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