Racionamiento de boletos y largas colas retardan movilidad en el Metro de Caracas

Una semana después del inicio del cobro, el Metro aún tiene una deuda pendiente con sus pasajeros: las tarjetas inteligentes, un mecanismo que se agotó antes de su venta.Quienes ingresan a la estación en busca de boletos deben sortear entre 30 y 45 minutos de espera por 10 tickets, lo máximo vendido por usuario.

Caracas. La espera llegó para quedarse. El Metro de Caracas institucionaliza bajo tierra el drama de la superficie: las colas por la escasez. Quienes ingresan a la estación en busca de boletos deben sortear entre 30 y 45 minutos de espera por 10 tickets, lo máximo vendido por usuario. Sin embargo, hay quienes solo llevan dos. Es la secuela de la falta efectivo, un problema que se agudiza en un contexto en que el país estrena nuevo cono monetario.

En el Metro las filas de pasajeros se multiplican por dondequiera y en algunos casos se desbordan por los accesos de las estaciones, como ocurre en La Rinconada, Palo Verde, El Valle y Chacaíto. Visto desde la muchedumbre, es la consecuencia del cobro por el servicio, una medida que se implementó hace una semana y que en la práctica provoca las quejas de los usuarios más fortuitos.

En Chacaíto, a las 10:00 de la mañana un operador giraba instrucciones a quienes insistían en comprar más de 10 boletos. «Si se les vende más de 10, otros usuarios se quedan sin la posibilidad de comprar», explicaba el funcionario a quienes se quejaban. Pero nada parecía apaciguar el ánimo de la gente. En esa estación, Juan Loaiza ardía en cólera y pedía ser escuchado. «Los venezolanos merecemos ser tratados con gentileza, me parece una política muy mezquina que el Metro venta los tickets a cuentagotas. Es una política miserable», decía a la multitud, en un intento de buscar aprobación.

A propósito de ello, la mañana de este lunes el ministro de Transporte, Hipólito Abreu, realizó un recorrido por las terminales de Plaza Venezuela y Zona Rental, para inspeccionar el despacho de boletos a los usuarios, una visita de la que solo existe el anunció en la cuenta oficial del Metro.

Esta vez la novedad de la jornada tenía que ver con el viejo cono. A diferencia de otros días, este lunes el Metro de Caracas aceptó las piezas bajas del bolívar fuerte, a excepción del billete de 500. Pero no en todas las estaciones parecen estar enterados de la medida. En Sabana Grande, a Luis Colmenarez, un vecino de San Bernardino, no le aceptaron los billetes de 1000.

Mientras la jornada se desarrollaba, el Metro de Caracas invitaba a los usuarios en sus redes sociales a comprar un solo boleto simple con el que puede viajar sin límites de estaciones. El subterráneo además pide a los pasajeros no comprar boletos a terceros, un anunció que es tal vez el presagio de lo que teme la compañía: el comercio informal de boletos.

El subterráneo solo despacha 10 tickets por usuario

«Hay gente que aprovecha la situación para bachaquear y el Metro no está a salvo de ello. Eso es lo último que yo me espero, que uno tenga que comprar los tickets a los buhoneros para entrar a la estación», decía Flora Gutiérrez, vecina de Altagracia, mientras aguardaba para comprar en la taquilla de La Hoyada. A la sarta de quejas personales por la crisis económica, Gutiérrez ahora suma el tiempo que debe permanecer en el Metro para proveer a sus hijos de tickets.  «No tengo claro qué pasará con los estudiantes ni cuánto será la tarifa en la que deben comprar los pasajes», se quejaba.

En medio de todo el aspaviento por el cobro del subterráneo, existe una población no menos importante que también se pregunta por la operatividad del Metrobús en una ciudad donde 90% del transporte superficial está en paro técnico. En la parroquia El Recreo, algunos vecinos denuncian que solo opera la línea que parte de El Recreo a la Alta Florida.

«Anteriormente existía el boleto integrado, que servía tanto para el Metro y como el Metrobús, ahora también debo destinar los pocos tickets que compro en el Metro al transporte superficial», se quejaba Alejandra Molino, en Sabana Grande. Desde el 10 de septiembre, la compañía estatal oficializó el cobro de pasajes en sus distintos servicios entre lo que se cuentan el Cabletren y el Metrocable.

Una semana después del inicio de cobro, la empresa de transporte masivo aún tiene una deuda pendiente con sus pasajeros: las tarjetas inteligentes, un mecanismo de cobro que se agotó antes de su venta. De siete estaciones recorridas por Crónica.Uno, ninguna disponía del plástico ni del cartón, las dos modalidades en las que serían vendidas las tarjetas.

Maria Eugenia Díaz, una estudiante de la Universidad José María Vargas, en el este, se queja del racionamiento de tickets. «Hasta ahora no he podido comprar ninguna de las tarjetas inteligentes. El único sitio donde pude confirmar que las venden es en Propatria y hay que ir dispuesto a pasar todo el día», dijo mientras hacía transferencia en Plaza Venezuela. Díaz vive en El Valle, estudia en Los Dos Caminos y trabaja en Altamira. Piensa que las colas llegaron a su rutina para quedarse y que no hay forma de eludirlas. «En ocasiones mis compañeros, me regalan boletos para no llegar tarde a mi trabajo», completa.

Con un incremento de 1.250.000 %, que ubica el boleto simple en 0,50 bolívares soberanos (50.000 bolívares del viejo cono), el Metro de Caracas aspira implementar un método de cobro automatizado a través del carnet de la Patria. Pero la ausencia de un plan que deje en claro las reglas de pago hacen que la pretensión de cobro sea solo eso, la mayor aspiración de un servicio cuyo déficit de empleados se ubica en 75 %, según la organización Familia Metro.

Para quienes se desplazan en Metro, un servicio que moviliza a más de 2,5 millones de usuarios por día, urge activar un mecanismo eficiente de cobro para reducir el tiempo de espera en las taquillas.

Las fallas del sistema son el retrato de un servicio maltrecho, que se ha venido amenos por falta de inversión. De 12.000 trabajadores que sumaba el subterráneo, solo 7000 permanecen en la compañía estatal, una realidad que impide atender fallas operativas, según fuentes sindicales.

 Fotos: Luis Morillo


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