«Si él no murió por COVID-19, entonces ¿por qué lo sacaron dentro de una bolsa negra?»

Valera | murió por covid-19

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Las largas horas de espera sirvieron para que Elsa viviera la realidad del sistema de salud en la ciudad, del verdadero rostro detrás de un COVID-19, de las cifras maquilladas, de lo expuestos que están los trabajadores de la salud al virus; días y horas para compartir con otros familiares que, al igual que ella, vivían en carne propia el infortunio de tener a un ser querido luchando contra la pandemia.

Los Andes. Después de batallar por varios días con una neumonía bilateral a consecuencia de la COVID-19, Leonardo (nombre ficticio) entregó su alma al Creador; como otros que han muerto por la misma causa, Leonardo no tuvo la oportunidad de contar con la compañía de sus familiares, de escuchar sus voces, de sentir un apretón de manos y mucho menos despedirse de ellos; además de las complicaciones derivadas del virus, lo mató la tristeza y la soledad.

Su hermana, Elsa —nombre ficticio también—, relata la dura realidad que deben enfrentar los familiares de enfermos hospitalizados por COVID-19 ante un sistema de salud caótico y colapsado, los elevados costos de medicamentos e insumos médicos y lo frágil que es la vida ante una pandemia que azota sin piedad a la humanidad.

Mi hermano inicialmente fue internado en el Hospital Dr. José Gregorio Hernández de la ciudad de Trujillo, con un cuadro de neumonía bilateral, tenía mucha dificultad para respirar; allá permaneció recluido por espacio de 5 días, en los cuales dedujimos que no le aplicaron el tratamiento correcto y solo un día lo conectaron a una bombona de oxígeno; al 5to día lo dieron de alta para su casa, un claro ejemplo de negligencia médica pues antes esta enfermedad, cada minuto vale oro, señaló Elsa.

Pero la salud de Leonardo no mejoraba, en el hogar que compartía junto con su esposa e hijas se agravó a los dos días ameritando su traslado hasta la ciudad de Valera, donde fue internado en el Hospital Central Dr. Pedro Emilio Carrillo, declarado por el Gobierno como centro centinela para la atención de pacientes con COVID-19.

De diversas partes de la geografía trujillana llegan ambulancias trasladando a pacientes graves con el virus.

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Foto: Cortesía Diario de Los Andes
Compartiendo los mismos zapatos

Las jornadas eran agotadoras, los días se hacían eternos, llegábamos al hospital bien temprano en la mañana y nos íbamos ya bien entrada la noche; los familiares con pacientes en UCI debíamos esperar hasta la noche para recibir el parte médico, es todo un día sin noticias, con la angustia de saber cómo va evolucionando tu familiar, con el Jesús en la boca.

Esas largas horas de espera sirvieron para que Elsa viviera la realidad del sistema de salud en la ciudad, del verdadero rostro detrás de un COVID-19, de las cifras maquilladas, de lo expuestos que están los trabajadores de la salud al virus; días y horas para compartir con otros familiares que, al igual que ella, vivían en carne propia el infortunio de tener a un ser querido luchando contra la pandemia.

En esos momentos, te haces cercano de la hija de fulano, de la esposa de mengano, de la nuera de zutana y del hijo de perencejo, y compartes con ellos la fe, la esperanza, la angustia, la preocupación, el dolor… son ellos los que aplauden cuando tu familiar logra ganar la batalla, pero también son los que te abrazan y consuelan cuando pierdes a ese ser querido, la conexión es demasiado fuerte porque compartimos los mismos zapatos.

Familias venidas de Trujillo, Boconó, Betijoque, Monay, Pampán, Sabana de Mendoza… foráneos para quienes la cruz se hace aún más pesada por no contar con un familiar o amigo en Valera o zona cercana que les ofrezca un techo para el descanso y aseo después de la agotadora jornada.

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Área de acceso a la zona restringida por pacientes COVID-19. Foto: Cortesía. Diario Los Andes.
Expuestos al virus

Las autoridades regionales y nacionales en materia de salud repiten hasta la saciedad que los hospitales del país están bien dotados y que su personal cuenta con todos los implementos de bioseguridad para protegerse contra el virus, pero lo narrado por Elsa contradice la versión oficial.

Detrás del portón negro que conduce al área habilitada para tratar a los pacientes COVID-19 y por el que diariamente entran y salen enfermos por el virus y sus familiares, existe personal de la salud sin las más mínimas medidas de protección, comenzando por los vigilantes a quienes no se les dota de guantes ni tapabocas, mucho menos de alcohol o algún preparado en cloro o jabón para desinfectar sus manos y el portón que deben abrir y cerrar constantemente, creo que solo les dieron una máscara de acetato, porque casi todo el personal la usa, pero que no es suficiente como medida de prevención al contagio del virus.

Aunado a esto, Elsa señala que el personal encargado de efectuar el triaje respiratorio (médico residente y personal de enfermería) no cuenta con los trajes de bioseguridad que los proteja del virus “es irresponsable que los expongan de esa manera, porque los mismos pacientes que luego hospitalizan en cualquiera de las áreas para COVID-19, en principio llegan ahí, que es donde efectúan la prueba rápida, porque PCR no hay, evalúan al enfermo y autorizan o no su hospitalización, el riesgo de ellos es el mismo que corre el personal que está en observación o UCI por COVID-19”, apuntó.

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No hay cama para tanta gente… y personal tampoco

Aún cuando Elsa reconoce no saber si las áreas de hospitalización están colapsadas, sí asegura que hay muy poco personal para la atención de los enfermos.

Narra que el médico que se encuentra en el área de observación, que es donde están los pacientes con cuidados intermedios, es el mismo que atiende a los hospitalizados en el 1er piso, donde ubican a los casos sospechosos o con COVID-19 «ligero»; de igual forma, el especialista en UCI para los pacientes contagiados es el mismo que atiende a los otros enfermos en UCI por una patología diferente a la del virus.

Hay pocos médicos y también poco personal de enfermería, los salarios devengados son pírricos como el de toda la administración pública y el riesgo de contagio al virus es mucho, entiendo que por eso ya a muchos no les importe abandonar sus puestos de trabajo, pero es lamentable que sigan muriendo enfermos por la falta de personal.

Medicamentos e insumos por las nubes

Además de la angustia diaria por la falta de información y del contexto en el que se encuentran los familiares de hospitalizados por COVID-19, se suma el elevado costo de los insumos y medicamentos base usados para combatir el virus; el hospital centinela, según relato de Elsa, no cuenta con Levofloxacina, Clexane, Imipenem o Ramdivir, medicamentos esenciales para el tratamiento del virus, un paciente que requiera de ellos deberá gastar un promedio diario de 50 a 60 dólares.

A Dios gracias uno tiene familia y amigos fuera del país, y mi hermano fue muy querido y apreciado por amigos que fueron los que nos dieron la mano económicamente para poder comprar los medicamentos, porque eso sí, por falta de medicinas no pecamos, pero dígame usted, ¿cómo hace una persona de bajos recursos para comprarlos? ¡Imposible! Se le muere el familiar más rápido.

Cifras maquilladas

Diariamente el Gobierno da el reporte oficial de contagios y muertes por coronavirus en Venezuela, cifras estas que, según Elsa, son una “burda mentira, una cachetada al familiar que vive día a día la realidad de la enfermedad”.

En los nueve días que estuve en el hospital acompañando a mi hermano, fui testigo de cómo sacaban ocho cadáveres en bolsas negras, nadie me lo dijo, yo lo vi, y eso sin contar a otros tantos que pudieran haber trasladado en horas de madrugada o en los momentos en los que no estaba por el área de COVID-19, porque hubo dos días donde llegó mucha gente con síntomas y preferí permanecer afuera, en el estacionamiento, mientras esperaba noticias de Leonardo.

Ante este panorama, Elsa se pregunta ¿quién miente? ¿Acaso el médico tratante, quien diariamente debe enviar un reporte de cada enfermo a Fundasalud?, ¿Fundasalud para aparentar una normalidad y control del COVID-19 que no existe en el estado? ¿o el Gobierno? a quien no le conviene dar los números reales que expongan su incompetencia por las medidas gubernamentales tomadas ante la pandemia?

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Elsa no sabe las respuestas, lo que sí tiene es la certeza de que hay mentira y falsedad en las estadísticas presentadas, tanto a nivel de contagios como de fallecimientos.

Mi hermano —como muchos otros que han fallecido en los últimos días— no aparece en las estadísticas, si él no murió por COVID-19, entonces ¿por qué lo sacaron dentro de una bolsa negra? ¿por qué nunca tuvimos la oportunidad de verlo cuando estuvo hospitalizado?, digan la verdad, para que la gente tome conciencia de que este virus no es un juego, para que dejen de estar por la calle sin cuidarse, dejen de rumbear, exponiendo a los demás al contagio.

Un adiós inmerecido

Según protocolos establecidos por la Organización Mundial de la Salud, los muertos por COVID-19 deben ser enterrados de inmediato, siguiendo las medidas de bioseguridad establecidas; ello hace que no se les pueda despedir como sus familiares —según su creencia religiosa— lo desean, el caso de Leonardo no fue la excepción.

Licen, ¿sabe qué es lo más arrecho de todo esto? No poder despedir a tu familiar como se lo merece, no poderlo velar en cuerpo presente, no poder llorar sobre su ataúd, no poder abrazarnos entre nosotros mismos… es muy arrecho; mi hermano siempre fue muy ‘pavo’ y tuvo que irse desnudo, no pudimos vestir su cuerpo, es que ni siquiera pudimos constatar que el cuerpo que nos entregaron era el de Leonardo, porque no se puede ver al cadáver, nos queda es confiar en el hospital y en la morgue, nada más, tener que enterrarlo como a un animal, y como guinda del pastel, en el acta de defunción colocan como causa de muerte: sospecha de COVID-19, ¡hágame usted el favor!, todo esto es muy triste.

La historia de Elsa es el relato de muchos seres que hasta el día de hoy han tenido que acompañar a su familiar enfermo en esta batalla contra un virus que ha matado a más de dos millones de personas en el mundo.

Foto principal: referencial. | Henner Riera.

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