Maturín
Foto Crónica.Uno

Desde hace ocho meses Miguel vive en a las afueras de un antiguo establecimiento comercial. Quiere que su ejemplo sirva para llamar a la reflexión a los jóvenes a valorar el esfuerzo de sus familias.

Maturín. Mueve los pies para mantenerse despierto. Aunque tenga los ojos cerrados, Miguel* está alerta como quien se encuentra en defensa para no ser sorprendido a traición. Cualquier ruido que no fuese el del motor de un carro o una moto lo hace levantar.

Ya está acostumbrado a reposar y descansar de esta manera, lo aprendió para sobrevivir en la cárcel y lo hace ahora en las calles de la ciudad de Maturín. Aunque llegó hace 10 años a la capital del estado Monagas, desde hace ocho meses se encuentra en situación de calle.

La entrada de un antiguo establecimiento comercial se convirtió en su hogar. El lugar lo comparte con otras cuatro personas que hicieron del sitio su refugio.

Con 42 años de edad, trata de rehacer su vida y alejarse de los vicios. | Foto Crónica.Uno

Miguel no reprocha su situación actual. Cada amanecer lo considera una oportunidad para ser mejor persona, mientras lucha contra un pasado que dejó cicatrices en su vida y que lo aparta hoy del calor de su madre y de sus dos hijos.

Sus ojos se enrojecen, pero no deja caer ni una lágrima. La calle lo enseñó a ser un hombre rudo para no dejarse vencer por quienes marcan territorios y se adueñan de los botaderos de basura, que para él son una oportunidad de conseguir algo para comer.

“La posición en la que estoy es como dicen por allí: uno está donde quiere estar. Me encuentro en esta situación por muchos problemas, me alejé de mi casa y agarré el camino de las drogas”, expresa luego de un breve silencio.

Recuerda siempre los consejos de su mamá, quien se esforzó, como muchas madres venezolanas, por brindarle lo necesario. “En mi casa nunca faltó nada. Llegué hasta primer año de bachillerato y luego no quise seguir los estudios, eso no era para mí”, dice.

Casa de cartón

Miguel duerme sobre una pila de cartón. Las cajas las recoge durante el día, en una larga caminata por los mercados populares y demás establecimientos de la ciudad. También consigue botellas plásticas y sacos para venderlos y resolver el día a día.

Improvisan casas con cartón, pedazos de madera y plástico. | Foto Crónica.Uno

Los cartones no solo son un ingreso para él. Improvisan paredes para tener un poco de privacidad y arroparse en las noches frías. Su aseo está limitado y solo puede hacerlo durante la madrugada.

Aprovecha un bote de aguas blancas para bañarse y lavar la ropa. El chorro también lo usa para retirar los residuos que quedan dentro de los recipientes que vende a mayoristas de productos químicos.

“Mi día comienza a las 3:00 a. m. A esta hora, cuando no pasa ningún vehículo o personas que sacan a pasear sus mascotas, aprovecho de bañarme”, relata.

Agrega que las veces que consigue productos alimenticios los preparan en una lata de leche y en fogón. “Entre todos compartimos y nos guardamos un bocado de comida”.

situación de calle
En una lata de leche prepara el poco alimento que consigue recorriendo las calles de Maturín. | Foto Crónica.Uno

Peligro de la calle

Miguel asegura que no solo se trata de dormir en la calle. Describe que es un mundo complicado donde resiste el más “pila” o quien se sepa defender.

“Lo más cercano a la muerte es el sueño. Me acuesto a dormir a la voluntad de Dios, sin saber si voy a despertar al día siguiente”, comenta.

Recuerda que ha tenido que lidiar con otra gente en situación de calle hasta por una bolsa de basura. Explica que estas personas marcan territorio y se apropian de las esquinas, veredas y calles, y nadie puede cruzar los límites.

situación de calle
Desde hace varios meses, vive en situación de calle a las afueras de un antiguo establecimiento comercial. | Foto Crónica.Uno

El mayor conflicto se presenta cuando se trata de desperdicios y desechos de los vendedores del mercado y restaurantes.

“Hurgamos en la basura para conseguir ‘la bendición’. A veces no hay nada y pasamos el día sin comer”.

“Que se miren en este espejo”

Miguel tiene 42 años de edad y es el mayor de tres hermanos. Sueña con tener una casa y compartir con sus seres amados. Afirma andar en buenos pasos y conseguir las cosas trabajando. “No ando robando ni haciendo lo malo”.

Lleva ocho meses en libertad condicional. Se presenta desde entonces en tribunales mientras termina de pagar su sentencia. Cree en los planes de Dios y que solo él puede cambiarle la vida.

No hay un día que deje de buscar un empleo. No exige mucho y se conforma por ahora con ser parquero en estacionamientos, caletero en el mercado o formar parte de una cuadrilla de limpieza.

Una vez recibida la Palabra de Dios en una iglesia evangélica de Maturín, sintió estar apartado y amado. Desde el principio se mostró seguro de hablar de su vida y de los tormentos que experimentó con las drogas. Manifiesta que ya no tiene nada que ocultar y su ejemplo puede ayudar muchos jóvenes.

“A todos esos muchachos que andan en mala juntilla, que no valoran a sus padres y se dejan llevar por lo malo, que se miren en este espejo y eviten un dolor a su familia”, concluye.

Poco apoyo para reinsertarse

No existe un registro del número de personas en situación de calle ni en Maturín ni en el resto de Venezuela. Sin embargo, en avenidas y plazas se observan especies de casitas de cartón que albergan a personas con enfermedades mentales, de la tercera edad y jóvenes que sobreviven a la crisis sociopolítica que envuelve el país.

Todo sucede ante la vista de las autoridades, y aunque han hecho el intento de dar atención a esta población, falta mucho por hacer.

Incluso, la Misión Negra Hipólita, un programa de atención social para recuperar la condición de salud y vida de las personas que estaban en la calle o con problemas de drogadicción, dejó de existir en Monagas.

Las posibilidades de que estas personas puedan reintegrarse a la vida social son escasas por las pocas ofertas de trabajo en la entidad.

A finales de 2024, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), en Monagas, informó que la tasa de desempleo se ubicaba cerca del 60 %, el doble del índice registrado en el año anterior.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2023 seis de cada diez hogares (60 %) se encuentran en pobreza extrema, mientras que el 82,8 % de los hogares no contaron con el dinero suficiente para adquirir la canasta básica.

(*) Se modificó el nombre por petición de la fuente

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