Una noticia sesgada sobre violencia de género puede opacar la denuncia de la víctima

Violencia de genero

Luisa Arias, coordinadora de programas de la casa de la mujer Juana Ramírez La Avanzadora, en Maracay, y Migdalia Valdéz, psicóloga clínica, ponen la lupa en el rol que tienen los medios de comunicación y los periodistas para no estigmatizar ni promover estereotipos que dejen entrever la supuesta culpabilidad de la mujer en los hechos de violencia de género de los que son víctimas.

Maracay. Usar adjetivos, justificar las agresiones o un crimen, reproducir mitos sobre las agresiones, referirse a los atributos físicos o al estado civil de la mujer y/o promover en los medios de comunicación social, estereotipos errados sobre alguna desigualdad sufrida por una mujer, termina por estigmatizar, frivolizar y mostrar sutilmente la supuesta culpabilidad de la víctima en un hecho de violencia de género.

De allí el llamado que hace a los periodistas y editores de medios, la coordinadora de programas de la casa de la mujer “Juana Ramírez La Avanzadora” en Maracay, Luisa Arias, en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

“Con ello, no se focaliza la noticia y la labor educativa de los medios y de los periodistas como colaboración con los órganos de justicia, se tergiversa. Es imperativo que la noticia de una denuncia no sea sesgada y no opaque el verdadero delito cometido contra una mujer”, sentencia con firmeza.

El programa Periodismo y Desigualdad que promueve la Fundación Gabriel García Márquez de Nuevo Periodismo Iberoamericano y la ONG Oxfam, una confederación internacional que realiza labores humanitarias para combatir la pobreza y el sufrimiento, presentó en 2016, unas recomendaciones para evitar coberturas periodísticas sexistas y para no contribuir a la violencia de género desde los medios de comunicación social.

“Datos o comentarios en apariencia inofensivos pueden desviar la atención de las verdaderas causas de la tragedia. Por ejemplo, calificar al agresor de celoso o alcohólico podría terminar exculpándolo, mientras que describir a la agredida como bonita y joven o una persona a la que le gustaba salir con frecuencia con sus amigos no solo podría desprestigiarla sino que la culpabilizaría de la agresión. Es decir, quedaría la percepción con ese tipo de cubrimiento de que fue ella, con sus actitudes y atributos, quien propició la situación de violencia de la que fue víctima”, señala el decálogo.

Para Arias, es temerario y peligroso que algunos medios o periodistas resalten la supuesta culpabilidad o responsabilidad de la mujer y no en las circunstancias en las que un hombre la viola, la agrede o la asesina.

Hay que escuchar el testimonio –explica– para saber qué pasa dentro de ese hogar, para saber por qué y cómo un abuso sexual en contra de una mujer o uno de sus hijos, por ejemplo, se mantuvo en silencio. Muchas veces la denuncia implica la muerte de la denunciante.

Arias señala la importancia de enfocar las noticias sobre violencia de género, en buscar y conseguir una respuesta contundente de los órganos de justicia y no en mantener a la mujer bajo el ojo escrutador de la sociedad y de quienes deben protegerla.

Muchos de los agresores son médicos, abogados o jueces y hombres cuya reputación dentro de la sociedad hacen dudar de la denuncia de una mujer o la califican como una venganza. De allí parte muchas veces, el estigma y el señalamiento en contra de la víctima.

¿Cuántas veces ella ha denunciado? ¿Cuántas veces fue atendida? ¿Realmente se le protegió?, son algunas de las preguntas que deben hacerse para entender el miedo que siempre está presente en ella, refiere la coordinadora de la casa de la mujer en Maracay.

Para el programa de periodismo y desigualdad de la Fundación Gabo y Oxfam, el periodista siempre debe tener presente que la violencia de género es el resultado de una relación desigual de poder y control del hombre sobre la mujer. Y allí debe estar el foco.

La familia se ha convertido en un gueto

El aumento de la violencia intrafamiliar es evidente en tiempos de pandemia por la COVID-19, más aún, en aquellas familias donde ya había violencia.

La psicóloga clínica Migdalia Valdez, asesora de la casa de la mujer “Juana Ramírez La Avanzadora”, en Maracay, sostiene que durante el período de cuarentena, la familia se ha convertido en un gueto donde se han incrementado las fricciones, las dificultades económicas y emocionales, la intolerancia y la infelicidad.

La sasa de la mujer Juana Ramirez La Avanzadora, en Maracay, presta apoyo a las mujeres víctima de violencia de género.

Y aunque las estadísticas de atención a la mujer que maneja esta institución aragüeña refieren que durante el confinamiento el número de denuncias ha disminuido en comparación a años anteriores, no significa que la violencia haya mermado. Para Valdez es alarmante cómo durante la pandemia, no solo el trabajo doméstico recae más en las mujeres, sino también la violencia en su contra.

La casa de la mujer en Maracay recibe en promedio de 1500 a 2000 casos anuales de denuncias sobre violencia contra la mujer. En 2020, las cifras llegaron a 500 consultas legales y psicológicas, las más recurrentes ocurrían durante las semanas de flexibilización. La mayoría de las víctimas tienen dificultades económicas y de movilidad para acudir a una institución buscando ayuda.

“Hay un aumento de las formas en cómo la violencia se refleja en contra de las mujeres, porque ahora muchos de los hombres no tienen empleo y se quedan en casa, o los procesos de divorcio que iniciaron algunos, se han detenido. Entonces el que ya era maltratador, ahora lo es más y los últimos femicidios son un indicador de lo que ocurre en el hogar”, señala la especialista.

Las denuncias sobre violencia de género van desde la física y verbal, como las más recurrentes, hasta la psicológica y hasta la patrimonial. Y todas son dañinas.

Este hacinamiento familiar ha potenciado situaciones y responsabilidades. El hombre se ha vuelto más exigente, más inseguro, más celoso y como siempre ha tenido licencia histórica para “limpiar su honor”, ahora cree tener razones y el derecho de violentar o asesinar a una mujer”, explica.

Para la psicóloga clínica, algunos de los casos de femicidios en los que se ven involucrados hombres muy jóvenes, representan gran parte de la descomposición social a la que están expuestos los niños y adolescentes.

La avalancha de información a través del internet –dice Valdez– mucha de ella en extremo violenta; las películas, videos, cierta clase de música que convierten lo horroroso en moda, ha hecho que la sociedad normalice lo que se difunde a través de las redes o los medios.

La especialista sostiene que esta normalización mediática de la descomposición social, frente a la fragilidad psíquica que tengan algunas personas, puede generar mayor necesidad de depositar en otro las frustraciones propias y más necesidad de dominar o culpar al otro.

“Hay patrones que vienen de familia, donde el joven ve como su padre maltrata a su madre, a sus hermanas y cree que es la forma correcta de hacerlo con su pareja. Y con esta nueva creencia de que hay que educar sin ningún tipo de contención personal y sin autoridad, se van formando rasgos psicopáticos como caldo de cultivo”, explica la psicóloga clínica.

Tanto Arias como Valdez insisten en el papel informativo y educativo de los medios para promover una conciencia colectiva en la prevención contra la violencia de género, frente a la sociedad y a los organismos del Estado.

“La aspiración de una mujer que denuncia es que en primera instancia se cumpla la ley y se le otorguen medidas de protección. Pero, lamentablemente, aquí no hay la logística ni la infraestructura, ni el personal capacitado que haga cumplir, por ejemplo, una orden de alejamiento. La mujer sale en total estado de indefensión y su denuncia enfurece mucho más al agresor y cobra venganza”, explica Luisa Arias.

Con ello, Arias no pretende descartar la denuncia como mecanismo de protección, pero sabe que muchos funcionarios públicos no le ofrecen ni le brindan ninguna seguridad a la víctima cuando expone a su agresor.

De allí que como experiencia en 36 años de funcionamiento de la casa de la mujer “Juana Ramírez La Avanzadora”, destaca la importancia del apoyo psicológico a las víctimas, de escucharlas y de brindarles herramientas emocionales para salir de una relación violenta.

“Lo peor que podemos hacer es culpar y señalar a las mujeres víctimas de violencia, como responsables de lo que les pasa por su forma de vestirse, por su trabajo o por las horas de salida. Algunos periodistas y medios de comunicación insinúan su supuesta culpabilidad en lo que les ocurre”, dice Arias.

Para la psicóloga Migdalia Valdez, ese dedo acusador sigue apuntando a la mujer víctima de violencia, mientras que ese ADN y lugar simbólico social, según el cual ella es la responsable de que el hombre sea feliz, de que los hijos crezcan bien y de que la familia funcione, debe desmontarse no solo para que la sociedad deje ser históricamente injusta con la víctima, sino también para que ella deje de creer y sentirse culpable.

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