Quienes aún buscan a sus familiares y seres queridos entre los escombros en La Guaira se niegan a abandonar su periplo. Solos o con poca ayuda se dedican a explorar entre los amasijos de concreto que dejó el doble terremoto para poder encontrar restos humanos

Caracas. “Yo no la pienso dejar ahí, no quiero”, dijo Leonardo Duarte con los ojos llenos de lágrimas al señalar un pequeño túnel que, junto a otros amigos, abrió entre los escombros de la residencia Ávila Mar, en el sector Tanaguarena, una zona residencial del estado La Guaira.

A través de ese hueco intenta encontrar los restos de su hija Andreina, escondidos en algún recoveco del amasijo de concreto y cabillas en el que se convirtió el edificio desde el doble terremoto del 24 de junio.

Con orgullo enseña las fotos de su muchacha de 33 años y cuenta que “era una buena mujer”, que fue militar y se retiró para estudiar al mismo tiempo ingeniería y turismo y para seguir su sueño de hacerse una gran chef y cocinar en cruceros.

Foto: Génesis Carrero Soto

Pero ahora el deseo de este padre de ver a su hija realizada quedó reducido a poder encontrarla para “enterrarla como se debe”. 

Su clamor es el de cientos que, pese a que ya ha pasado más de mes y medio, siguen en la búqueda con sus propias manos y recursos y sin descanso alguno los cuerpos de sus seres queridos entre las ruinas que dejó el doblete sísmico.

Foto: Génesis Carrero Soto

A 49 días de la tragedia, el panorama ha cambiado en La Guaira y ahora hay más camiones con escombros que rescatistas en la zona. Sin embargo, voluntarios y algunos cuerpos de rescate siguen junto a las familias que insisten en mover lo que sea necesario para no dejar allí a su gente. 

Sin descansar

Andreina sigue pérdida entre las toneladas de escombros de ese edificio de siete pisos de los que no se ha movido ni una losa desde hace más de mes y medio, y en cuya fachada permanece un pequeño cartel con su fotografía y la de su suegra, Cenaida Rodríguez , de 66 años, quien se encontraba junto a ella el día del desastre. 

Foto: Génesis Carrero Soto

La única esperanza de este padre de hallar a su hija la recibe de una pequeña cuadrilla del cuerpo antibandas de la Policía Nacional Bolivariana que se acercó al lugar acompañada por funcionarios de Protección Civil y que le prometieron conseguir maquinaria especial para alzar el esqueleto del edificio y poder entrar, sin peligros, a buscar a ambas mujeres. 

Fueron los propios familiares quienes encontraron el cuerpo del novio de su hija en el octavo día tras los terremotos y en sus peligrosas maniobras, para trepar y bajar entre el concreto que ellos mismos picaron, es posible entender cómo se convirtió en un acto cotidiano lo que para otros puede resultar una hazaña. 

Foto: Gleybert Asencio

Unos kilómetros más adelante del edificio Ávila Mar, en la Opppe 25, uno de los complejos habitacionales construidos por la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales del Gobierno que colapsó con los temblores, Juan José enfrenta el mismo desespero que Leonardo al ver cómo transcurren los días sin que aparezcan su exesposa, sus dos hijos y una sobrinita.

Él, junto a su familia que llegó de Maracaibo, estado Zulia, al día siguiente de la tragedia, buscan sin descanso a estos cuatro familiares de un grupo de 12 que vivían en la torre G del urbanismo que quedó reducida a polvo y trozos de concreto. 

Foto: Gleybert Asencio

No hay un solo día del último mes y medio en el que Juan José no haya ido a remover escombros en esa zona de Tanaguarena. 

Algunos días ha estado enfermo, completamente mudo como resultado de “tragar tanto polvo”, otros se le ven los ojos amarillentos y la piel gris, algunos ha estado mal del estómago o estragado por falta de alimento. Ha habido momentos en los que las lágrimas brotan solas y no las puede contener, pero nada lo ha alejado de su objetivo: encontrar a sus hijos. 

Juan José y otros cinco hombres de su familia tienen más de 40 días quedándose en la casa de una persona que les tendió la mano en Macuto y otros viajan a Caracas todas las noches y vuelven a La Guaira todas las mañanas. 

Foto: Gleybert Asencio

Sus trabajos, sus familias, todos se paralizó para ellos que están concentrados en ubicar a los hijos y a la exesposa de Juan José y que hacen pequeñas pausas para descansar sentados en el marco de un edificio frente a la Opppe, al lado de un altar improvisado para rendir homenaje a todos los niños que murieron en los terremotos. 

“Es difícil, muy difícil”, es lo único que atina a decir Juan José cuando alguien le pregunta cómo está. 

Juan José, familiar de víctimas de los terremotos

“Imposible sin ayuda”

Zaida Girón sigue en su labor para encontrar a su primo, entre los escombros del restaurante Trío Café y residencias Sol Marina Garden II, en Catia La Mar. Ella misma y su tía, que es una persona mayor, han asumido la tarea de remover escombros con palas y tobos, pero admite que “es imposible sin ayuda”. 

“De verdad ya no sabemos qué hacer”, dice antes de relatar la situación que vive desde los terremotos, pues aunque se han esforzado y han adelantado en la labor de excavar túneles para acceder a los espacios entre las placas en dónde podrían estar tapiados los fallecidos, siguen sin dar con su primo o con el resto de las víctimas allí atrapadas. 

A todo el que pasa por la conocida “calle de los hoteles” de Catia la Mar le hacen la misma petición, un rotomartillo, una herramienta eléctrica pesada utilizada para perforar y romper materiales duros como el hormigón, que les permita quebrar las losas que aún cuelgan en la parte de arriba del restaurante para continuar con la búsqueda y extraer al menos tres cuerpos que tienen ubicados. 

Sin datos

Por lo menos 1579 personas siguen desaparecidas tras los terremotos del 24 de junio pasado en la zona central de Venezuela, que han dejado más de 6300 muertos, de acuerdo con el reporte del 10 de agosto pasado. Esa es la única cifra oficial sobre desaparecidos tras el doblete sísmico anunciada hace cuatro días por el gobernador del estado La Guaira, José Alejandro Terán.

“De la información que nos suministran directamente los familiares, nos da que hay 1.579 personas desaparecidas”, dijo el funcionario en una entrevista con la emisora colombiana Caracol Radio.

El gobernador apuntó que puede que algunas de las personas reportadas como fallecidas estén en el listado de desaparecidos, pues “aún no han sido certificados por nuestros organismos forenses del Senamecf (Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses) para poder legalmente darle el estatus de fallecido”.

Foto: Gleybert Asencio

Su dato contrasta con estimaciones extraoficiales de ONU que sitúan la cifra de personas sin ubicar tras la tragedia en más de 57.000. Iniciativas ciudadanas como ‘Desaparecidos Terremoto Venezuela’ también tiene reporte de 29.000 personas en paradero desconocido. 

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