Luego de casi 10 años de existencia, la alianza de partidos de la oposición venezolana se derrumba frente a las cámaras de televisión. Sus dirigentes intercambian acusaciones. Analistas consultados por Crónica.Uno revisan las causas del quiebre y ofrecen perspectivas a corto, mediano y largo plazo.

Caracas. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), alianza que comenzó a gestarse en 2006 y que se consolidó formalmente a partir del 23 de enero de 2008, parece haber llegado a su fin. La alianza de partidos surgió con el objetivo de ganar elecciones para intentar recuperar espacios de poder político frente al MVR/PSUV. Esta semana, el revés en las elecciones regionales en un contexto de ventajismo y trabas oficiales, aunado a la decisión de 4 de sus 5 gobernadores proclamados, de juramentarse ante la Asamblea Constituyente presidencial, hizo colapsar y desplomarse frente a las cámaras de televisión un armazón que venía mostrando fallas desde hacía al menos 3 años y medio.

Analistas consultados por Crónica.Uno atribuyen la crisis a la suma de varios factores: primero, la falta de una estructura para llegar a acuerdos; segundo, la repetida práctica de ofrecer a sus seguidores logros que no tenía capacidad de garantizar; tercero, la falta de unidad de propósitos y objetivos por encima de lo electoral; y como consecuencia de lo anterior, la inexistencia de planificación estratégica.

Así lo sostienen los especialistas en opinión pública Félix Seijas, de la encuestadora Delphos, Daniel Varnagy, especialista en Cultura Política, y el politólogo Juan Manuel Trak.

Las causas del desplome

A juicio de Seijas, el derrumbe de la Unidad —que se evidenció esta semana en el intercambio de culpas e insultos entre los máximos dirigentes de los partidos más representativos— es el resultado de la carencia de una estructura para llegar a acuerdos más allá de lo electoral y establecer una hoja de ruta consensuada que todas las partes cumplieran.

En momentos electorales la Unidad funcionaba bien pero fuera de eso no había nada. Luego de la reestructuración de 2016, fue peor porque no había ni siquiera una vocería única. La falta de esa instancia de acuerdos generó todos los chispazos que hemos visto en los últimos meses: las pugnas sobre el revocatorio, las diferencias frente a las protestas y ahora ante el resultado de las regionales. Era una Unidad que se mantenía con hilos muy delgados y la derrota en las regionales terminó de desbaratarla, afirmó.

Varnagy amplía la perspectiva e inscribe a la Mesa como parte de una sociedad en la que predomina “la cultura política del peticionismo y de un paternalismo malentendido”, es decir, un sistema que suele ofrecer lo que no siempre puede dar.

Al ser parte de nuestra cultura, la dirigencia de la oposición se parece a la del Gobierno en ese sentido. Los dirigentes han incurrido sistemáticamente en el error de prometer salidas o cambios bruscos e intempestivos frente a situaciones que en realidad no están bajo su control. La sociedad civil ha hecho todo lo que la dirigencia le ha pedido, ha hecho grandes sacrificios en términos materiales y humanos. Pero el punto aquí es que esa dirigencia desestimó el método de la planificación estratégica. Nunca se ha movido de acuerdo con ese método, sino por emociones, hitos y promesas, sostiene Varnagy.

En su opinión, la ruptura definitiva se generó cuando, tras haberse movilizado masivamente por la consulta popular del 16-J, donde la sociedad civil se expresó contundentemente en rechazo a la Constituyente, un grupo de gobernadores electos de la Unidad Democrática concurrió a juramentarse ante dicho ente: La sociedad civil está cada vez más orientada hacia lo ético valorativo y es capaz de reconocer cuando una promesa es ética o pragmática. Eso fue la ruptura definitiva entre los hechos y las promesas.

Trak coincide en la inexistencia de una unidad de propósitos, objetivos y estrategias comunes fuera de lo electoral que permitiera superar las diferencias que se acumulan desde 2014 frente a la llamada salida. Esas tensiones disminuyeron por el éxito electoral de 2015 pero ganan y queda en evidencia que no tienen una estrategia para ser oposición desde el Parlamento. Entonces surgen nuevas tensiones frente a la elección del presidente de la AN, luego el fracaso del RR, las diferencias frente a la mesa de diálogo, la estrategia frente a las protestas y finalmente todo explota ahora, no por los resultados electorales sino por la decisión de los gobernadores de AD de ir a la ANC, pese a que el discurso era no subordinarse, dijo Trak.

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¿Refundar o crear algo diferente?

Ante la implosión de la Mesa, Voluntad Popular (VP) fue el primer partido en hablar de la necesidad de refundar la alianza. Pero la pregunta es ¿volver a fundar una alianza de partidos con reglas de funcionamiento interno y objetivos electorales, o crear una nueva coalición más amplia que abarque no solo lo electoral sino que conduzca la acción política orientada a generar cambios sociales?

Daniel Varnagy comienza por establecer que la MUD fue una alianza electoral de partidos, mientras que la coalición política abarca una idea más amplia, estratégica y compleja: “La MUD fue, como la Coordinadora Democrática, una instancia que partía de la premisa fundamental de que lo electoral es el centro del problema y no el sistema político implementado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. Aquí hay que crear algo nuevo distinto a la MUD, que incluya no solo a los partidos”.

Seijas difiere parcialmente en este punto al afirmar que la Mesa de la Unidad debe ser la expresión electoral de una plataforma más amplia que incluya a más sectores sociales:No creo que se requiera una reestructuración sino incorporar a otros sectores. La participación activa de la sociedad civil en la instancia que aglutine a la oposición es fundamental. Una coalición más grande con varias instancias que la integren: la internacional, la electoral, la social, etcétera.

Trak advierte que las diferencias expresadas por los voceros partidistas lucen irreconciliables: “La Unidad parece llegar a su fin. Probablemente la MUD quedará como una tarjeta que algún actor podrá usar en el futuro pero hasta ahí”.

Ante el ciclo que termina, Trak ve en el panorama la reconstitución de la oposición a partir de dos sectores: “Uno liderado por VP, Vente, Causa R, ABP que actúa de acuerdo con valores de defensa frontal de la democracia. El otro liderado por Henri Falcón y AD que está tratando de usar el sistema y ajustarse a sus exigencias para tratar, desde adentro, de incidir en el resultado político. Son dos estrategias incompartibles que no pueden convivir dentro de la unidad. En el medio está PJ que aún no se ha decantado formalmente”.

Lo que sí es cierto, afirmó Trak, es que cada uno por separado no tendrá posibilidad de lograr un impacto: Es poco probable que cada uno por su lado tenga la fuerza para imponerse al gobierno.

 ¿Qué se necesita?

El politólogo de la UCAB, Juan Manuel Trak, ofrece unos lineamientos mínimos que desde su punto de vista serían indispensables para arrancar una nueva coalición.

Primero se requiere visión de conjunto sobre cuál es el objetivo estratégico real. Ese objetivo tiene que construirse en conjunto. Todas las demás acciones tienen que estar alineadas a ese objetivo. Si el objetivo es la transición democrática tienen que trabajar de manera sistemática y proactiva, no reactiva, por condiciones que permitan cambiar el juego de poder. Segundo, plantearse objetivos estratégicos de mediano y largo plazo y no poner las elecciones como el único fin. Revisar la lógica de participar en cualquier elección con las condiciones que sean solo para ganar algo. Y tercero, establecer reglas que vinculen a todos sus integrantes a cumplir los compromisos adquiridos, que garantice un mínimo de coherencia entre las decisiones colectivas.

Elecciones locales, el reto inminente

Frente a la convocatoria a elecciones locales para el mes de diciembre realizada el pasado 26 de octubre por la Constituyente de Nicolás Maduro, Varnagy considera que antes de hablar de nuevas elecciones a lo externo, es imprescindible que los partidos de la oposición vayan a procesos internos de consulta.

Tal como están las cosas en este momento, los partidos nuevos y los partidos viejos tienen que ir a un gran proceso de renovación y de consulta de sus bases. Todo lo que ha pasado en los últimos años refleja que la forma como se han estructurado los partidos políticos venezolanos requiere revisión y requiere escuchar más a las bases, asegura el analista.

Seijas alertó que a la elección de alcaldes “no se le puede dar la espalda” porque de ello dependería que la oposición pueda seguir teniendo espacios para ejercer el derecho a la protesta pacífica: “Imaginemos la Alcaldía de Chacao en manos oficialistas. A la hora de una marcha no habría ni posibilidad de concentrarse. Lo que deben hacer quienes decidan participar es, primero, abordar con seriedad la lucha por las condiciones; segundo, los que decidan participar, recurrir a una fórmula consensuada con candidatos únicos; tercero, llegar a acuerdos mínimos entre quienes participen y quienes no para que no se atropellen; cuarto, promover a líderes locales como candidatos, capaces de vencer el desánimo de la gente; y quinto, que esos líderes-candidatos hablen claro respecto a si acudirán o no a juramentarse ante la ANC”.

Juan Manuel Trak invita a los partidos a hacerse dos preguntas para decidir su participación en la elección local: “Primero, si vale la pena participar en unas elecciones a sabiendas de que la mayoría de las plazas quedará en manos del Gobierno, no porque sea popular sino porque ha manipulado el sistema. La segunda pregunta que debe hacerse la oposición es: ¿bajo el supuesto de que gane unos espacios, cuál será su postura frente al poder fáctico de la ANC?”.

Resultados electores electorales de la Unidad by Crónica Uno on Scribd

Foto: Cortesía



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