Docentes activos y jubilados, beneficiarios del Ipasme, denuncian que la institución perdió su capacidad de atención, obligándolos a costear insumos y esperar meses por consultas. Lo que antes era un derecho contractual hoy depende de pagos extra y largas filas.

Caracas. Llegó antes del amanecer, con la urgencia marcada en el cuerpo y la esperanza de salir atendida. Por lo general, desde muy temprano, los pasillos del piso 1 del Instituto de Previsión y Asistencia Social para el Personal del Ministerio de Educación (Ipasme), un organismo público encargado de la seguridad social de los docentes, están repletos de personas que esperan.

El murmullo constante, las sillas ocupadas y quienes permanecen de pie dibujan una escena de saturación desde las primeras horas del día. Más de 100 pacientes, sentados o de pie, ocupan el área de medicina general. Julia Pérez es una de ellas. Llegó a las 6:00 a. m. con la esperanza de conseguir uno de los primeros cupos, pero le asignaron el número 85.

Pérez es maestra con más de 20 años de servicio. Esta es la cuarta vez que intenta que un médico general la atienda para obtener la referencia hacia ginecología y cirugía, paso obligatorio dentro del sistema para acceder a especialistas.

Julia tiene prolapsos, una condición en la que órganos pélvicos descienden de su posición normal, y su operación es urgente, pero el camino hacia el especialista es lento. Cada intento fallido se traduce en días perdidos y una dolencia que no espera. Para ella, el Ipasme se ha convertido en un hospital general de Caracas más, con escasez de insumos y médicos.

​“Cada vez que vengo me dicen que no hay citas, que no hay servicio o que llegué tarde. Uno no cuenta con el Ipasme, los docentes estamos desamparados”, dijo a Crónica Uno.

La atención médica en el Ipasme es regular | Foto: Yandris Saldivia

La docente afirmó que la prioridad parece no estar en los maestros, ya que la mayoría en la sala son personas externas al Ministerio de Educación, quienes reciben atención primero porque pagan por el servicio. En la práctica, afirma, el acceso depende de la capacidad de pago y no de la afiliación al sistema.

Aunque el portal web del instituto indica que su objetivo es garantizar seguridad social, créditos y salud para mejorar la vida de los educadores, la realidad es que el servicio médico disponible es limitado.

Trabajadores del centro y pacientes confirmaron a Crónica.Uno que las fallas son constantes, lo que obliga a los profesores a recurrir a clínicas privadas, muchas veces inaccesibles con sus salarios. Esa alternativa, aunque necesaria, queda fuera del alcance de la mayoría.

Edificios renovados, consultas vacías

Un recorrido realizado por Crónica Uno constató que el Centro Nacional de Especialidades Diagnósticas Dr. Julio de Armas, en La Candelaria, una de las principales sedes del instituto en Caracas, muestra una cara renovada: pintura fresca, cámaras de vigilancia, ascensores operativos y aire acondicionado en varias zonas.

Sin embargo, la mejora externa no coincide con la oferta médica. Aunque en las paredes se anuncia la oferta de 30 especialidades, ramas de la medicina como cardiología, ginecología o traumatología, la falta de personal y de insumos limita su funcionamiento a cerca de 10. La infraestructura sugiere modernización, pero la atención revela carencias profundas.

En agosto de 2021, el entonces presidente del Ipasme, Oswaldo Tona, aseguró que para febrero de 2022 las 68 unidades del país estarían reactivadas. Cuatro años después, las quejas diarias muestran que la promesa no se cumplió.

Solo hay disponible 10 especialidades.| Foto: Yandris Saldivia

Luis Ordóñez, secretario del sindicato de maestros, organización que agrupa y representa a los docentes, señala que la disponibilidad de especialistas se redujo más de 50 %. Los médicos renuncian por los bajos salarios o se jubilan, dejando vacantes que no se cubren.

Ordóñez explicó que, por la escasez de doctores, los trabajadores dan pocas citas para evitar que los usuarios reclamen o pierdan el día. Esto obliga a los docentes a esperar meses por una consulta. La espera, en muchos casos, se vuelve parte del proceso de atención.

Servicio mínimo

El vocero sindical recordó que el Ipasme nació con el propósito de brindar atención hospitalaria a los maestros. Además, el instituto otorgaba créditos para vehículos y equipos para el hogar, beneficios orientados a mejorar la calidad de vida del docente.

Aunque aún existe, Ordóñez recalcó que la institución opera actualmente a mínima capacidad, afectada por la gestión de sus autoridades.

Se suma a esto que el magisterio ya no cuenta con el seguro de Hospitalización, Cirugía y Maternidad (HCM), una póliza que cubre gastos médicos mayores, previsto en las convenciones colectivas. Los educadores perdieron este respaldo, lo que constituye un retroceso en sus derechos laborales, precisó Ordóñez.

“No queremos operativos médicos o donaciones. Queremos un servicio en el Ipasme que funcione, porque para eso lo pagamos», puntualizó.

Atención condicionada

En la Unidad Médica del Ipasme Don Simón Rodríguez, en la avenida Fuerzas Armadas, se aprecian arreglos de infraestructura, pero hay escasez de insumos y artículos de oficina, materiales básicos para la atención médica diaria.

Marcelo acudió hace un mes al servicio de odontología tras esperar tres meses por la cita. Cuando lo llamaron, le pidieron guantes, anestesia, gasas y listerine para poder realizar el procedimiento. Sin estos insumos, que deberían ser suministrados por el centro, la atención no se concreta.

Una trabajadora jubilada del centro menciona que el déficit de insumos es general en todas las sedes.

“Cuando yo era trabajadora activa aquí había de todo. Era una atención extraordinaria, pero aquí ya no hay nada. Uno se muere esperando por ellos, no hay respeto hacia los afiliados”.​

Ordóñez agregó que una de las áreas más críticas es emergencias. La atención es limitada por la falta de insumos. El único servicio que funciona de forma permanente es el laboratorio, donde se realizan desde hematologías hasta perfiles tiroideos.

Foto: Crónica Uno.

Un derecho en retroceso

Carlota Maldonado, beneficiaria del Ipasme, llegó hace un mes con tensión alta y taquicardia, aumento anormal de la frecuencia cardíaca. En el centro solo le midieron la presión, pero al empeorar sus síntomas la refirieron a un hospital.

Pese a contar con ambulancias, vehículos destinados al traslado de pacientes en situaciones críticas, la unidad no realizó el traslado. Su hijo tuvo que llevarla al hospital Vargas.

Para ella, el Ipasme es un servicio deficiente en urgencias. Recuerda que antes obtenía sus medicinas a través de la institución.

“Ya no te dan nada. Vas a la farmacia de la unidad Don Simón Rodríguez y es muy poco lo que consigues”, dijo.

Crónica Uno constató que la farmacia está cerrada. Al preguntar sobre este servicio, los trabajadores no dieron respuesta.​

El sindicalista indicó que el Ejecutivo nacional tiene la obligación de reivindicar los derechos laborales de los trabajadores públicos. Para Ordóñez, es necesario reactivar el contrato colectivo, acuerdo que establece beneficios y condiciones de trabajo, y restaurar beneficios como el seguro HCM, además de fortalecer instituciones como el Ipasme.

La crisis del sistema de previsión social, conjunto de mecanismos destinados a proteger a los trabajadores en materia de salud y bienestar, deja a miles de maestros a la deriva.

Mientras los descuentos del 6 % del salario integral siguen vigentes cada mes, los educadores denuncian que reciben a cambio solo fachadas pintadas, pero no salud. Como Julia, que sigue a la espera de una operación urgente, el sistema también permanece detenido.

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