Un albergue tachirense refugia a 130 adultos mayores e individuos con discapacidad sin ayuda estatal. La falta de medicinas y comida se suma al olvido de sus allegados, quienes dejan a ancianos extranjeros indocumentados para sus gestiones finales.
San Cristóbal. A tres horas de distancia del centro de salud más cercano, la Casa Hogar Carpintero de la Montaña atiende a 130 adultos mayores en situación de abandono e incontables personas con discapacidad en medio del olvido gubernamental.
Bajo la dirección del presbítero Franco Lanza, el recinto enclavado en las montañas del estado Táchira, específicamente en San José de Bolívar, municipio Francisco de Miranda, recurre a la caridad comunitaria para costear la nómina y garantizar el alimento y tratamiento de sus residentes.
En el sitio, fundado en 2004, se preparan diariamente 420 raciones de comida. Para conseguir medicamentos como losartán, para la hipertensión, carbamazepina, risperidona y otros anticonvulsivos, los trabajadores dependen de donaciones de instituciones.
Esta necesidad es apremiante, pues al menos 30 de los pacientes sufren convulsiones. La escasez de fármacos pone en riesgo el control de estas crisis y la estabilidad de los enfermos.
El lugar cuenta con una cancha deportiva, un patio techado, comedor, una caminería donde en sus alrededores hay 20 cabañas para los residentes, farmacia, biblioteca, enfermería, salón de música, capilla, peluquería, un cementerio y una iglesia en construcción.
En conversación con Crónica Uno, el sacerdote sostuvo que si bien el lugar es amplio, requiere de un grupo de personas para su mantenimiento. Hoy día solo tienen 12 personas, que de forma voluntaria brindan ayuda con limpieza, preparación de alimentos, lavado de ropa, jardinería, entre otros. Para la operatividad de la casa se necesitan 20 trabajadores.
“Yo salgo a pedir a la calle. El gobernador ayuda con algunos sueldos, pero los otros tengo que salir a pedir y reunir mensual un millón doscientos mil pesos para poder pagar. Como es muy poco, la Casa Hogar procura darle una bolsa de comida cada ocho días a un empleado, cuando llega provisión suficiente, se comparte con el personal también”, señaló.

Alianza médica voluntaria
Para la atención médica, cuentan con el apoyo de profesionales que prestan servicio voluntario. Los pacientes psiquiátricos son atendidos por una especialista del Hospital Central de San Cristóbal.
El padre Lanza destaca que en dicho centro los médicos siempre están dispuestos a coordinar jornadas, una colaboración que fortalece el vínculo comunitario y garantiza una atención más cercana y oportuna.
Esta alianza permite cubrir vacíos asistenciales y brindar seguimiento continuo a una población altamente vulnerable. El compromiso de estos médicos ha consolidado una red de solidaridad que suple carencias estructurales del sistema público.

De acuerdo a los datos de Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2025, un estudio académico realizado por la Universidad Católica Andrés Bello para medir la pobreza y el estado social del país, la población de Venezuela envejece rápidamente y no cuenta con políticas que permitan garantizar una vejez digna.
Hoy día, existen 21 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. El estudio precisó que 35 % de los hogares venezolanos están integrados únicamente por adultos mayores, bien sea en pareja o que viven solas.

Sin ambulancia
El padre señaló que, cuando un paciente necesita ser trasladado a un centro de salud, deben solicitar “colas”, pues la ambulancia donada por el exgobernador Ronald Blanco lleva al menos cuatro años fuera de servicio por fallas en el motor, falta de cauchos y aceite.
El actual gobernador, Freddy Bernal, prometió arreglar el vehículo, pero a la fecha no han dado respuesta, mientras tanto en carro privados los adultos mayores son trasladados hacia el Hospital Central de San Cristóbal, el cual queda a 3 horas desde donde se encuentra la casa.
“Los viajes son frecuentes y en cada viaje nos llegan vivos o llegan ya difuntos al Hospital Central de San Cristóbal. Cuando esto ocurre nosotros los traemos y los enterramos en nuestro campo santo”, dijo.
Entre las dificultades adicionales figura la falta de identificación oficial: al menos diez personas son de nacionalidad extranjera, y una mujer indígena proveniente de Barinas, junto con su hija, no posee cédula venezolana. Esta carencia documental agrava su vulnerabilidad y limita su inclusión en los programas sociales del país.

“Cuando alguien fallece yo pido que me entreguen un documento para que no tengamos problemas con la casa hogar”. Por ello, gestionó ante el gobierno de Colombia la emisión de los documentos necesarios para que puedan contar con identificación formal.
Cierres y desamparo
Lanza recordó que, cuando el Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica Dr. Raúl Castillo cerró en abril de 2018 por falta de recursos y personal, él recibió al menos 20 pacientes que carecían de papeles.

El sacerdote comentó que muchos adultos mayores son abandonados en el lugar. Cuando los familiares llegan a la casa hogar para pedir cupo, dan datos falsos, luego se marchan y no vuelven.
“Dejan números falsos, pues llamamos y nos dicen que estamos equivocados o no contestan, dejando a su ser querido en total abandono”,
expuso.
La falta de respuestas institucionales y la desatención familiar colocan sobre los hombros del padre Franco Lanza la supervivencia de esta comunidad. Entre el esfuerzo diario por garantizar alimento y la búsqueda urgente de alivio médico, la Casa Hogar Carpintero de la Montaña sobrevive a fuerza de fe y auxilio comunitario.
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