La visita de Antonio Ortega Martín, nuncio apostólico en Venezuela, a Valencia, estado Carabobo, reflejó las expectativas de sectores de la sociedad sobre la capacidad negociadora o de intermediación de la Iglesia católica, en pleno repunte de las protestas sociales. Su mensaje de diálogo generó aprobación y críticas.
Valencia. Antonio Ortega Martín, nuncio apostólico en Venezuela, reapareció con una agenda pública en medio de un clima político marcado por tensiones y cuestionamientos al rol de la Iglesia católica, la institución religiosa con mayor influencia histórica en el país.
Su llamado al diálogo entre actores políticos, formulado tras la captura del exgobernante Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas militares de Estados Unidos el 3 de enero pasado, ha generado tanto respaldo como críticas desde distintos sectores de la sociedad y la política venezolana, pues algunos dirigentes exigen acciones concretas y claridad institucional ante lo que consideran una postura ambigua.
La reaparición del representante diplomático de la Santa Sede tuvo lugar en Valencia, estado Carabobo, durante las celebraciones por los 471 años de la ciudad, donde encabezó visitas y misas, y se reunió con medios, incluido Crónica Uno, que accedió a sus declaraciones bajo las pautas organizativas de la arquidiócesis de Valencia.
En un momento en que la Iglesia católica en Venezuela, institución con fuerte arraigo social, parece buscar una redefinición de su papel como actor mediador tras años de involucramiento cauteloso en la crisis política y social, la presencia de Ortega Martín en un acto público de esta magnitud llamó la atención de la opinión pública.
Las expectativas de amplios sectores de la sociedad, que demandan posturas más claras y acción frente a la situación nacional, chocan con los tiempos y formas de la diplomacia vaticana, por definición inclinada al diálogo discreto y a la mediación silenciosa más que a pronunciamientos explícitos.

Experiencia en conflictos
Antes de llegar a Venezuela en 2024, Ortega Martín estuvo desde 2019 en Chile, durante las revueltas sociales y justo cuando se difundieron denuncias de casos de abuso sexual por parte de sacerdotes a menores, acontecimientos que provocaron un debate público sobre la transparencia y responsabilidad de la Iglesia.
Además, ejerció como nuncio apostólico en Jordania e Irak, destinos de relevancia por su diversidad religiosa y conflictos históricos vinculados a Israel-Palestina. Fuentes vinculadas a la Iglesia aseguraron que su misión diplomática incluía abogar en esos conflictos, que provocan desplazamientos masivos y crisis humanitarias.
Ahora lleva casi dos años en Venezuela. Durante su estancia en Valencia, la semana pasada, dialogó con medios sobre la crisis venezolana. En su breves intervenciones, subrayó la necesidad de priorizar el interés de todos los venezolanos y evitar la violencia.
Por ello, invitó a todos los actores del ecosistema político venezolano a dialogar y a no recurrir a la violencia, definida como el uso de fuerza física o intimidación que pueda generar daños a personas o propiedad pública y privada.

Un solo discurso
Estas declaraciones se inscriben en una línea discursiva reiterada por la Iglesia católica, centrada en mediación, diálogo y búsqueda de consensos. Durante la homilía, el representante del Vaticano afirmó que las dificultades deben enfrentarse “construyendo juntos”.
En ese sentido, pidió oración y calificó el momento actual de Venezuela como “muy delicado”, una forma de señalar la fragilidad social y política sin referirse a nombres específicos.
Este abordaje histórico de la Iglesia ha generado cuestionamientos como los del exdiputado Johnny Díaz Apitz, quien a finales de 2025 expuso: “cuando la Iglesia no denuncia con claridad, su palabra se convierte en coartada”.
Para el dirigente político, los llamados al diálogo alargan la “agonía política del venezolano” ante una falta de voluntad que incluso dibuja un país ajeno al de la mayoría, que expresa inconformidad. En palabras de Apitz, esto es más grave.
“Termina siendo útil al poder que ha arrastrado a Venezuela a una de las crisis humanas, políticas y morales más profundas de su historia contemporánea. Llamar al diálogo de manera abstracta suena más a resignación que a esperanza cristiana”.
Aunque las declaraciones del exdiputado fueron emitidas en 2025 como crítica al comunicado de Navidad de la Conferencia Episcopal Venezolana en Navidad, el enfoque de la Iglesia no parece haber mostrado cambios drásticos desde entonces.
Estas afirmación corresponde a una opinión de un actor político, por lo que deben entenderse como parte del debate público, que sirve para ilustrar las críticas que enfrenta la Iglesia desde distintos sectores.
Malestar social creciente
La postura de Ortega Martín es profundamente institucional: muchas de sus palabras coinciden exactamente con el discurso que el papa León XIV ya había señalado en otras conferencias.
“Hoy más que nunca, la humanidad clama e invoca la paz. Es un grito que exige responsabilidad y razón, y no debe ser sofocado por el estruendo de las armas ni por palabras retóricas que incitan al conflicto”,
expresó el papa en sus saludos después del rezo mariano del Ángelus el 22 de junio de 2025 en la plaza de San Pedro.
Ese discurso, sin embargo, aún genera críticas en Venezuela. La posición de la Iglesia, calificada por algunos como “pasiva” o “neutral” por no referirse con claridad condenatoria a la situación del país, ha sido cuestionada por exdiputados, líderes políticos y ciudadanos. Estas reacciones reflejan la tensión entre el rol mediador de la Iglesia y la expectativa de posturas más definidas frente a la crisis.
Esa tensión se da en un contexto de creciente malestar social. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reportó 599 protestas en febrero de este año, un aumento de 252 % respecto al mismo periodo anterior. De estas, 71 % exigían el respeto a los derechos civiles y Políticos. En Carabobo, estado donde Ortega Martín reapareció en actos públicos, se registraron 28 manifestaciones.
El significativo aumento entre 2025 y 2026 evidencia la gravedad del conflicto y confirma un repunte notorio del descontento ciudadano que organizaciones de la sociedad civil ya han empezado a documentar. La propia ONG aclaró, no obstante, que su metodología se basa en publicaciones de medios de comunicación y que las cifras son imposibles de contrastar con fuentes oficiales debido a la opacidad del Gobierno.


“La guerra no resuelve las cosas”
La guerra también formó parte de la reflexión del purpurado. Durante su conversación con los medios, mencionó conflictos internacionales como Israel, Palestina, Irán y Ucrania, que han provocado desplazamientos masivos y crisis humanitarias, aunque no se refirió a la situación de los presos políticos en Venezuela.
Todas estas ideas las fundamenta en su experiencia en Oriente Medio, donde aseguró haber palpado la ausencia de paz y la necesidad de alcanzarla.
“Siempre llegamos al mismo punto: la solución no es la guerra, no es la violencia, y eso el papa lo dice con mucha fuerza. La guerra no resuelve las cosas”, adujo el nuncio apostólico en 2025 durante un foro en la Universidad Católica Andrés Bello.
Jesús González de Zárate, arzobispo de Valencia y presidente de la CEV, dijo en febrero pasado que “los hechos del 3 de enero han cambiado profundamente el panorama político y social aunque se han interpretado como una violación del derecho internacional, muchos estiman que abren caminos para lograr la democratización del país”, una referencia al reconocimiento de normas internacionales de derechos humanos y al debate sobre el respeto al marco legal internacional en Venezuela.
De Zárate recalcó que, para que la dinámica política pueda recomponerse, debe reconocerse la pluralidad política, entendida como la coexistencia de distintas fuerzas, opiniones y partidos dentro del sistema político de un país, garantizando representación y participación democrática.



El papel de la Iglesia
Ahora, con la balanza de poder presionada por Estados Unidos, la líder opositora, María Corina Machado, afirmó que se sentaría a hablar con Delcy Rodríguez solo para abordar un cronograma de transición democrática, un proceso orientado a planificar la alternancia de poder y asegurar elecciones libres y transparentes.
Aunque Ortega Martín busca estabilidad y mediación, la estrategia del diálogo aún genera debate y crispación. La Iglesia continúa siendo observada por su capacidad de mediación y las expectativas de sectores que demandan soluciones concretas.
Este contexto refleja la necesidad de claridad institucional y acción efectiva frente a la crisis, en un país marcado por incertidumbre política y social.
En este escenario, la actuación de la Iglesia católica continúa siendo observada con atención, tanto por su capacidad de mediación como por las expectativas de sectores que demandan posturas más definidas frente a la crisis.
El debate sobre su papel, lejos de cerrarse, sigue abierto en una Venezuela marcada por la incertidumbre política y social, y por la necesidad de soluciones concretas que atiendan las demandas de la ciudadanía.
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